“Aún no conocía Samuel al Señor”

Escrito por  Mons. Carlos Aguiar Retes

“Aún no conocía Samuel al Señor”.


Así explica el texto de la sagrada escritura, el porqué Samuel escuchaba una voz que le decía: “Samuel, Samuel”  y él  acudía al sacerdote Elí pensando que era Elí quien lo llamaba; aún no conocía Samuel al Señor y sin embargo ya el Señor lo estaba llamando.

La vocación es una iniciativa divina, no parte de nosotros, por eso se llama vocación “Llamado”, alguien, Dios en este caso, llama a Samuel, y así llama a cada uno de nosotros, por eso nos ha regalado la vida, sin que la hayamos pedido, él es el que tiene un proyecto para cada uno de nosotros, esa es la vocación, el llamado, pero nosotros no somos consientes de esa vocación; para ser consientes de ella, necesitamos un proceso de discernimiento de clarificación porque nos podemos auto engañar pensando que Dios nos pide algo y no es así.

En el texto de la primera lectura y del Evangelio de hoy, descubrimos que para hacer este discernimiento, clarificación de nuestra vocación es indispensable la mediación, la ayuda de otros, así en el caso de Samuel, Elí; así en el caso de los primeros discípulos de Jesús, la indicación de  Juan Bautista. Esta necesidad que tenemos de los otros, no solamente es para la vocación, sino también para el siguiente paso del discípulo, la formación y también para la misión, son las tres  etapas que tiene el discípulo de Cristo. Si queremos ser buenos cristianos, no basta que nosotros hagamos algunas prácticas de devoción espiritual, necesitamos recorrer estas tres etapas del discípulo de Cristo: vocación, ¿para qué Dios me ha dado la vida?; formación, para poder responder a ese llamado de Dios; Misión, para cumplir lo que Dios me ha pedido. En estas tres etapas, como dije, necesitamos del auxilio de los otros, necesitamos que sean otros que ya han ido  descubriendo su propia vocación, formación y misión que nos ayuden.

Cuando nosotros decimos formarnos, muchas veces podemos equivocarnos al pensar que se  trata de recibir conceptos, de informarnos; todos y cada uno de nosotros podemos recibir muchos elementos, conceptos, maneras de entender cosas, eso lo podemos hacer de forma  individual, hoy más que antes con el internet – por ejemplo – puedo utilizarlo para conocer sobre algunas  realidades sean medicas, sociales, culturales, turísticas, elementos de información. Pero formarnos no lo podemos hacer individualmente, para formarnos necesitamos compartir mi experiencia con los demás, esta es la etapa clave de la formación donde nosotros ponemos en común nuestra inquietud para buscar nuestra propia vocación; ya iniciamos este proceso de entrar en relación con los demás, cuando nosotros vamos a la segunda etapa, la formación y nos dejamos conducir en un grupo con una dinámica, poniendo en común lo que sentimos, lo que queremos, la manera como interpretamos la cosas y los demás también nos comparten la suya, es entonces  cuando podemos clarificar nuestra propia manera de entender la vida y de entender lo que Dios quiere de ella. Y también así en la misión, los sacerdotes y los Obispos – como un servidor –  por ejemplo, tenemos que estar compartiendo nuestras propias experiencias, mucha gente piensa que uno ya está formado, que ya tiene todo para cumplir su misión cabalmente, y es verdad que tenemos muchos elementos, mucha experiencia pero necesitamos seguirla compartiendo; los Obispos nos reunimos dos veces al año para poner en común nuestras experiencias, a los sacerdotes dos veces al año les pido que se reúnan para compartir sus experiencias en una semana cada vez. Así también, muchos de ustedes podrían pensar yo ya tengo mi vocación clarificada, ya tengo elementos de formación, pero aunque la edad sea avanzada debemos siempre seguir compartiendo  experiencias y creciendo en nuestra manera de servir a los demás  y cumplir nuestra misión.

Por eso, los invito a todos para que busquemos espacios para formarnos y poder así servir como buenos discípulos de Cristo. Que el Señor nos ayude a todos a ser como estos primeros discípulos de Jesús que escucharon la indicación de Juan Bautista y se fueron entonces detrás de ese que señalo que era el cordero de Dios, el Mesías que tenía que venir, fueron Andrés y Felipe detrás de él, para pasar la tarde con él, y dice el texto del Evangelio, que se la pasaron con él toda la tarde, y que fue una experiencia  que definió su rumbo de vida, porque decidieron seguir definitivamente a Jesús, aprendieron su estilo de vida, lo aceptaron, lo asumieron porque fueron buenos discípulos que se convirtieron en apóstoles.

Que el Señor nos regale a todos la gracia de ser buenos discípulos de Jesucristo.

Que así sea.


+ Carlos Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla