“Este mundo que vemos es pasajero”

“Este mundo que vemos es pasajero”

Escrito por  Mons. Carlos Aguiar Retes

Homilía en el III Domingo Ordinario

Así nos dice el Apóstol San Pablo en la segunda lectura que nos ha sido proclamada y por ello nos pide una actitud de desprendimiento, de que no nos aferremos a lo que vivimos, por más atractivo que sea, por eso dice: los casados vivan como si no lo estuvieran, los que sufren como si no sufrieran, lo  que están alegres como si no se alegraran, los que compran, como si no compraran, los que disfrutan del mundo  como si no desfrutaran de él.  No es una fácil actitud de aprender, esta que nos pide hoy San Pablo, y por eso es importante descubrir dónde está la raíz que nos pueda establecer, instalar en el crecimiento de esta  actitud de desprendimiento ante la vida.

Cuando el Apóstol dice que este mundo que vemos es pasajero, si lo podemos fácilmente constatar, sobre todo cuando ya  caminamos mas años en la vida, vemos la brevedad  de la misma, constatamos la muerte de nuestros seres queridos, de la gente que nos vio nacer y crecer y que nos van dejando, que vamos experimentando la brevedad del tiempo, es entonces cuando verificamos que el mundo es transitorio, que nuestro paso por esta tierra es temporal, es como un camino, un peregrinar y tenemos entonces desde esta experiencia que descubrir nuestro destino, descubrir hacia dónde  vamos. Cada uno de nosotros cuando salimos de nuestra casa, no salimos a ver qué pasa después; cuando caminamos en las calles, casi siempre llevamos un destino, voy a ir al mercado, voy a ir a la plaza, voy a ir a tal oficina, voy a mi trabajo, voy con mis amigos, nos quedamos de ver en tal punto, etc. Tenemos destinos precisos que nos hacen caminar con certeza y saber elegir la manera más eficaz de llegar a ese destino, vemos que esos caminos son temporales, así debemos aprender a ver toda la vida es un camino temporal,  pero ¿a dónde  vamos? ¿cuál es nuestro destino?.

Las lecturas el día de hoy nos ayudan a descubrir cosas muy importantes en este caminar, la primera lectura nos habla de una historia, de una ciudad: Nínive, que se encontraba en plena  corrupción moral y social y Dios envió al profeta Jonás para advertirles que por ese camino terminarían muy mal, los habitantes de Nínive, hacen caso al mensaje  y se convierten, se llama esto la conversión de las personas, el cambio de actitud y de conducta; este trabajo es evidentemente individual, es una experiencia personal, que todos hemos hecho, cuando pecamos, cuando nos equivocamos, cuando descubrimos que hemos errado en nuestras decisiones y Dios nos da la oportunidad de convertirnos, de volver a recomenzar el camino con la misma confianza  y esperanza que antes, nos perdona, nos reconcilia, nos restaura, nos sana en el interior de nuestra persona, este es un aspecto muy importante de nuestra vida en esta tierra mientras tenemos esta vida terrena porque va perfeccionando nuestro espíritu, porque lo va adecuando a lo que Dios quiere de nosotros, esta es la conversión personal, pero el Evangelio nos habla de otra conversión  cuando Jesús empieza su ministerio  su actividad, dice:  se ha cumplido el tiempo  y el reino de Dios  ya está cerca, conviértanse y crean en el Evangelio; no se trata de  una conversión  de nuestros pecados, Jesús no hablaba de un cambio de conducta, Jesús habla de un cambio de nuestra esperanza, de un cambio de actitud para recibir la buena noticia de la presencia de Dios entre nosotros. La Iglesia recientemente, a esta proclamación de Jesús le llama conversión Pastoral, es decir, ya no es esa conversión individual de perfeccionamiento de la persona, sino es la conversión de creer en el anuncio de Cristo, de creer que Dios no solamente no nos olvida ni nos abandona, sino que Dios camina con nosotros, es más nos sostiene, nos lleva de la mano, está pendiente de nosotros, eso es el reino de Dios, que Dios esté en medio de nosotros. Pero esta conversión Pastoral se realiza cuando creemos en esta buena nueva, cuando damos crédito, como dice el texto nos convertimos a ella, creemos en ella, ha llegado el tiempo dice Jesús.

¿Cómo hacemos realidad esta conversión Pastoral?. Ustedes al venir aquí a misa están colaborando con esta conversión pastoral, que triste sería que estuviéramos una o dos personas aquí hoy domingo, no tendríamos esperanza en que Dios camina con nosotros. La conversión pastoral inicia cuando nosotros ponemos en común nuestra fe, se inicia cuando nosotros reconocemos que la fe que tenemos no es solo mía, sino también de los demás, cuando compartimos esta fe y congruentemente con ella  celebramos  la presencia de Dios entre nosotros, es lo que hacemos en una Eucaristía, yo presido aquí con ustedes este celebración por esta fe, porque sé que Dios se hace presente entre nosotros, con su palabra, como lo estamos ahora reflexionando y con el sacramento del pan  y del vino convertido en presencia de Cristo, y ustedes al volver a casa se llevan esta hermosa experiencia de haber estado ritualmente, sacramentalmente unidos a Jesucristo, esta es la buena nueva, no estamos solos en el mundo pero también se necesita  profundizar  en esta presencia de Dios en el mundo porque en el camino de la vida social hay tantas experiencias dolorosas de violencia,  agresión, muerte o injusticia, enfermedad, necesidad de los prójimos en donde uno se pregunta,  ¿Dónde ha quedado Dios?, Dios está ahí, pero necesita brazos, necesita piernas, necesita quienes lo hagan presente en medio  de esta sociedad, la conversión pastoral es poner en común nuestros esfuerzos, necesitamos  entonces profundizar en esa presencia de Dios formándonos  como  buenos discípulos de Cristo y después articulando nuestros esfuerzos en estructuras que nos ayuden a responder a las necesidades de nuestro prójimo, esta es la conversión pastoral.

Pidámosle al Señor que nos dé no sólo la conversión personal, es decir, el arrepentimiento de nuestros pecados y el cambio de nuestra conducta, sino que también esta visión mucho más amplia y necesaria, nuestra visión de que el reino de Dios está en medio de nosotros, que la buena nueva de que Dios nos lleva de la mano es una realidad. Con estos dos elementos vamos más fácilmente a llevar a cabo el consejo del apóstol Pablo, a no aferrarnos, a saber que nuestro destino  es la patria  celestial, de que nosotros caminamos a la plenitud del encuentro con Dios, que aquí solamente lo preguntamos, aquí nos iniciamos en esa experiencia de  comunión con Dios  pero que  será plena y que será hermosamente una experiencia de intimidad con él para toda la eternidad, esa es nuestra casa, esa es nuestra patria definitiva, ese es el cielo al que estamos  llamados, pero ya lo podemos probar desde ahora.

Pidámosle a Dios nuestro Padre que también no sólo la conversión personal, sino también la conversión pastoral, la podamos experimentar y dar testimonio a la sociedad en nuestros tiempos.

Que así sea.


+ Carlos Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla