Logo Arquidiocesis

 

 

 

Logo RESAR

     

Homilías

HOMILÍA VISITA PASTORAL PARROQUIA DE CRISTO REY Y SAN JUDAS TADEO ZIV D4

agosto 31, 2015

“Jesús desenvolvió el volumen del profeta Isaías y encontró el pasaje en que estaba escrito…”

Esta escena, con la que inicia el Evangelio de san Lucas, la narración sobre el ministerio publico de Jesús es de suma importancia para nosotros, porque vemos cómo Jesús es un hombre que desde su niñez, desde su juventud, estudió las Sagradas Escrituras, las conoce, ha estado cerca de las enseñanzas en la sinagoga, ahí se siente en su casa.

Lo primero que quiero poner a su consideración es que: Jesús escoge el pasaje que cree conveniente para anunciar la misión que ha descubierto como hombre que Dios su Padre le ha dado, identifica al siervo anunciado por el profeta Isaías con su persona. En esta identificación muestra su misión, consiste primero en haber descubierto que el Espíritu de Dios está en él y que ha sido ungido, consagrado, para llevar a los pobres la Buena Nueva. El destino que tiene Jesús son los pobres para ellos ha sido enviado, para llevarles una Buena Noticia, para anunciar la liberación a los cautivos; a los que están presos, la libertar; a los ciegos, curarlos y a los oprimidos darles libertad.  Habla de dos tipos de destinatarios para la libertad; cautivos y oprimidos ––son dos condiciones distintas––, lo que les invito a meditar es que Jesús como hombre descubre su vocación en la Palabra de Dios, nosotros, ¿dónde hemos descubierto nuestra vocación? Porque todos tenemos una vocación, Dios no nos hizo en una espontaneidad sin pensar a nadie, sino que nos dio un proyecto y por eso nos dio la vida. ¿Dónde he descubierto yo mi vocación? ¿Tengo en cuenta la Palabra de Dios? ¿He descubierto ese texto como Jesús que le da sentido a su propia misión?

Isaías nos propone estos textos en el cual escoge Jesús su misión, eran muy difíciles para su época, el ser interpretados, simplemente creían que tenía que llegar un mesías en estas condiciones pero pensaban que era un mesías político, descendiente de David, un mesías espiritual que reformara la práctica de los mandamientos, que reformara y renovara el espíritu para cumplir las leyes que había dado Moisés, pero Jesús va más allá, al elegir este texto nos está diciendo que su misión es conocer al que sufre, acercarse a él y llevarle la Buena nueva de libertad o de darle la vista, para que vea. Esa es la misión de Jesús. Nosotros ¿cómo hemos entendido la misión de Jesús? ¿Hemos pensado en esto? Según mi manera de entender, ¿cómo he visto, entendido, comprendido para qué vino Jesús al mundo?

Quizá, muchos de nosotros podemos pensar que Jesús vino para decirnos cómo cumplir los mandamientos de la ley de Dios, o para darnos un testimonio de que se pueden cumplir, otros podemos pensar que Jesús vino para fundar una Iglesia distinta a la comunidad Judía ––quizá me equivoque––. En este caso podemos clarificar que Jesús no vino para que aprendiéramos mejor los mandamientos de la ley de Dios, ––pues ya estaban dados por Moisés––, sino para mostrar el rostro misericordioso de Dios. Si nosotros no analizamos el Antiguo testamento de una manera rápida con algunos textos encontraremos que con mayor frecuencia, la imagen de un Dios justiciero que reprende y castiga e incluso es vengativo, que si hacen mal, Dios estará ahí para castigar, ––esta es la imagen de Dios que se ha descubierto en el Antiguo Testamento––, como mentalidad del pueblo duro de corazón que no acaba de descubrir al verdadero Dios.

Entonces, ¿a qué viene Jesús? Jesús viene a mostrarnos el verdadero rostro de Dios, a rectificar esa concepción que tenía muchas limitaciones en el pueblo judío, su pueblo elegido, pero por su duro corazón, su obstinación no acaba de abrirse al verdadero Dios por quien se vive. Jesús viene a mostrar la misericordia del Padre para que nosotros mostremos esa misericordia con el prójimo. Ahora preguntémonos, ¿cómo hemos recibido la fe? ¿Cómo la transmitimos? ––Yo por lo menos recibí la fe de mis Padres, de mi Familia––, con indicaciones bien claras de que para ser un buen cristiano tenía que ir a comulgar, confesarme, ir a misa los domingos, a participar en las celebraciones de la Iglesia, esa es la forma como lo hemos heredado la mayoría de nuestro pueblo.

Hoy el papa Francisco, nos está diciendo; que tenemos que dar un cambio en esa vivencia y transmisión de la fe para ponernos en sintonía con lo que hizo Jesús ¡mostrar el verdadero rostro de Dios! Si hay tantos católicos alejados y otros tantos que han dejado el catolicismo, preguntémonos ¿por qué se han ido? ¿No han encontrado el rostro materno de la Iglesia que a su vez refleje el rostro misericordioso de Dios? Ya venir a cumplir un mandato de Dios, un precepto, no les dice nada, entonces se dará la renovación que nos pide el papa Francisco, volver a nuestra fuente, al origen de la misión de Jesús, para poder dar buen testimonio de lo que es Dios ¡Dios es Amor!, nosotros somos sus hijos más queridos.

Muchas veces nos viene el desaliento, nos viene la incertidumbre, entonces hay que tener bien claro; ésta misión de Jesucristo y volver a descubrir en los evangelios ese gozo, esa Buena Nueva, esa alegría de que Dios camina con nosotros, ––como lo hemos dicho tantas veces en este proceso misionero––, “Cristo vive en medio de nosotros”, está entre nosotros, con nosotros, ¿cuándo, dónde y cómo lo vemos? Cuando mostramos al Señor, cuando comprendemos al que sufre, cuando acompañamos al que necesita, cuando consolamos y abrimos de nuevo la esperanza, esta es la misión del cristiano, no queremos simplemente atraer a los católicos alejados, para que seamos mayorías y para tener nuestros templos llenos, ¡No! por supuesto que no, porque nuestra sociedad esta herida, esta convulsionando, está creciendo la presencia del mal en medio de nosotros.

Lo que Dios quiere; es que crezca el “Reino de Dios”, ese es el proyecto de Dios, entonces nos invita a nosotros, a los que lo estamos buscando, a los que queremos estar cerca de él y nos dice: ¡muestren el rostro de Dios! ¡Manifiesten la misericordia a tanta gente que esta herida, sufriendo, amargada, desesperada, angustiada¡ ahí está la misión de la Iglesia, para eso tenemos que organizarnos, acompañarnos, formar pequeñas comunidades, crecer juntos en esta conciencia de alimentarnos en torno a Jesús Eucaristía.

Quiero terminar diciéndoles lo que le dijo Jesús “hoy mismo se ha cumplido éste pasaje de la escritura que acaban de oír”, hoy mismo Dios actúa en medio de nosotros, no es para mañana, ya está, el Señor está con nosotros.

 +Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla