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Homilías

HOMILÍA EN EL DOMINGO DEL BUEN PASTOR

mayo 03, 2020

«El Señor es mi pastor nada me faltará» (Sal 23)

 

Queridos hermanos, hermanas, amigos, amigas, acabamos de escuchar el santo Evangelio donde se nos muestra a Jesucristo el Buen Pastor. Recuerdo una anécdota cuando un servidor era Obispo de Tuxtepec, Oaxaca, iba de vez en cuando a un convento de religiosas donde había borreguitos y ovejas, y me llamaba mucho la atención porque había una de las hermanas, podemos decir la pastorcita, que cuidaba a las ovejas y curiosamente ella le puso nombre a cada una de las ovejas. Me llamaba la atención porque cuando le hablaba a alguna borreguita, a alguna ovejita, por su nombre, inmediatamente hacía caso, la conocían, conocían su voz. Veía como las llevaba a pastar, las llevaba adonde había agua y cuando alguna sufría y tenía alguna lesión, la cuidaba, la vendaba y se interesaba por ella.

Creo que es muy claro el Evangelio, cómo Jesús es el Buen Paastor y sus ovejas escuchan su voz; Él también está preocupado por ellas, por las ovejitas, por su rebaño, y hoy se nos dice cómo Él mismo dice: «Yo soy la puerta de entrada a la salvación»; cómo hay otros que no son buenos pastores y que no entran por la puerta, sino que entran por otro lado, brincan la cerca, brincan la barda y son ladrones. El Buen Pastor es el que da la vida por sus ovejas, y realmente Jesús nos lo demostró con hechos.

Podemos preguntarnos este Domingo del Buen Pastor cuáles son las actitudes que nos enseña Jesús a nosotros, a los pastores, a los padres de familia, a los educadores, a los Agentes de Pastoral, a los laicos, ¿cuáles son las actitudes del Buen Pastor? Como hemos escuchado son varias, pero yo quisiera expresar una que es la convivencia, el Buen Pastor convive con sus ovejas, está cerca. Podemos pensar nosotros en la relación que tenía Jesús con sus discípulos, que muchas veces estaba con ellos en la comida, en el descanso, explicando los secretos del reino y cómo Jesús también está con la muchedumbre y siempre se interesa, se compadece, cuando alguien sufre, cuando alguien tiene hambre, el Buen Pastor ahí está presente. Por eso nosotros estamos llamados a ser buenos pastores, decía los padres de familia, su familia, su rebaño, la convivencia, la cercanía, para conocer a sus hijos, para corregirlos, para animarlos también en sus cualidades, es decir, el Buen Pastor es el que da la vida por todos y uno de los secretos que Jesús nos da es la convivencia, la cercanía con nuestro rebaño

Hoy precisamente, este IV Domingo de Pascua, día del Buen Pastor, hace años el Papa San Pablo VI instituyó la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y por eso estos días han sido también de orar. «La cosecha es mucha y los obreros son pocos; rueguen al dueño de la mies que envié obreros», y por eso es importante que nosotros hagamos oración por las vocaciones. Sabemos que la oración no es un medio, sino es el medio por excelencia y por eso nosotros hoy estamos invitados a pensar en lo que significa la vocación. La vocación sobre todo es un llamado de Dios, y primeramente Dios nos llama a la vida, nos llama a ser personas; pero después nos llama a ser cristianos, y empezamos a ser cristianos desde el día que nos bautizaron y nuestros papás y padrinos se comprometieron a irnos ayudando para experimentar lo que es vivir en la familia cristiana; pero también vienen después las vocaciones específicas, el llamado a la vida sacerdotal, a la vida consagrada, a la vida matrimonial, a la vida laical.

Hoy es hermoso pensar en que siempre toma la iniciativa Dios, nosotros no lo llamamos, Él es el que nos llama y nosotros damos una respuesta. Que la respuesta sea a imagen del Buen Pastor, alguien que da la vida, alguien que gasta su vida por el reino de Dios. Por eso son importantes todas las vocaciones, la vocación al matrimonio, a la familia, la vocación a la vida sacerdotal, a la vida consagrada, la vocación a vivir como laicos. Es importante que nosotros hoy pensemos en la necesidad de sacerdotes en nuestro mundo.

Aquí en nuestra Arquidiócesis de Tlalnepantla, con casi tres millones de personas y cerca de 300 sacerdotes, podemos ver que hay un buen número de sacerdotes, pero para toda esa población inmensa se necesitan cada día más vocaciones. El papa San Juan Pablo II decía que hay vocaciones, que hay que promover las vocaciones. Por eso hoy desde su hogar, en su familia, vamos a pedir por todas las vocaciones, que cada día haya más familias cristianas donde se bendiga el nombre del Señor, que cada día tengamos más sacerdotes más vocaciones a la vida sacerdotal, que cada día hayan más religiosas, que enriquecen tanto a nuestra Iglesia y también cada día hayan más laicos comprometidos.

Finalmente quiero dar una palabra de ánimo en esta situación que continuamos, porque nos la da el Evangelio, nos la da el Buen Pastor, y si nosotros creemos en la Palabra del Señor debemos tener más fortaleza cuando decimos hoy en el salmo: «El Señor es mi pastor, nada me faltará», son palabras que deben llegar hoy a nuestro corazón en estos días de pandemia, en estos días de incertidumbre, pero también son palabras de esperanza donde todos podemos hacer algo.

Hemos visto también de una manera muy hermosa cómo se ha multiplicado a la oración, y nos hemos dado cuenta a través de los medios de comunicación, a través de las plataformas digitales, cómo se han intensificado las celebraciones de la Eucaristía, las Horas Santas, el Santo Rosario, distintas devociones. La oración es muy importante, lo más importante, pero también en nuestra Arquidiócesis, como en muchas partes del mundo y de México, nosotros estamos elaborando un plan para que responda a las necesidades materiales, pero también psicológicas, y esto ¿cómo lo estamos haciendo? Lo estamos haciendo a través de Redes de Solidaridad y Comunión, donde nadie debe sentirse aislado ni solo, y las redes es lo que van a hacer, que vayamos respondiendo a estas necesidades. A través de las redes sociales, del WhatsApp, del Messenger, el teléfono, podemos ayudar a otras personas que están viviendo momentos complicados y queremos que estas redes vayan llegando hasta las parroquias, donde el párroco con sus consejos, con sus coordinadores, van llegando a los vecinos y a aquellos que más lo necesitan. Por eso, desde nuestra casa también podemos hacer esas redes, esas redes de ayuda, de comunión y de solidaridad.

Que Dios nos bendiga, que el Buen Pastor nos bendiga, que bendiga nuestra Iglesia con muchas vocaciones y que cada uno de nosotros vayamos siendo solidarios, especialmente con aquellos que más lo necesitan. Que la Virgen, Nuestra Madre, Nuestra Señora de los Remedios, patrona de nuestra Arquidiócesis, nos proteja y nos acompañe en nuestro caminar. Así sea.

 

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla