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Homilías

HOMILÍA EN EL ENCUENTRO DIOCESANOS DE PASTORAL DE ADULTOS MAYORES

agosto 28, 2019

Homilía en el Encuentro Diocesanos de Pastoral de Adultos Mayores 

 

Hoy quiero preguntarles ¿cómo están?
¡Bien!
¿Están tristes o contentos? 
¡Contentos!
¿Por qué? ¿Porque les están haciendo una fiesta? Porque están en la casa de Nuestra Madre Santísima.

Yo quiero saludarlos con mucho cariño, apenas llevo cinco meses en estas hermosas tierras de la Arquidiócesis de Tlalnepantla y llegué precisamente a este lugar, aquí fue mi toma de posesión como nuevo Arzobispo, estos meses han sido de ir conociendo el caminar de esta Iglesia particular y quiero felicitar a todos los que han organizado esta fiesta porque es una fiesta encabezada por el Pbro. Miguel Gutiérrez, que es quien coordina la Pastoral de Adultos Mayores; está mi amigo el Obispo Auxiliar, Mons Efraín Mendoza, también veo a varios sacerdotes que se unen a esta celebración y que van a administrar el Sacramento de la Unción de los Enfermos.

Fíjense que hoy es un día par valorar la vida porque al celebrar al adulto mayor queremos dar gracias a Dios por ustedes, porque nos transmiten tantas cosas hermosas, nos transmiten cultura, nos transmiten tradiciones, nos transmiten experiencias y la fe; ciertamente vivimos en un mundo de consumismo, un mundo de capitalismo donde a la gente mayor se le hace a un lado, yo creo que es un día para valorar lo que son ustedes, para darle gracias a Dios, pero también, aparte de agradecer, pedirle para que ustedes sean felices, para que puedan disfrutar el tiempo que el Señor les da. Había una oración muy bonita en la que en el centro está Cristo, también ustedes con sus enfermedades, con sus dolores colaboran en la pasión del Señor.

A mí me llama mucho la atención una anécdota que el Papa Francisco comentaba que lo marcó mucho, una experiencia de un niño que una vez, en una reunión donde estaban los papás, los hijos y un abuelito, se encontraban en torno a una mesa comiendo y el abuelito se llenó la cara con la sopa que estaba llevando del palto a la boca, se llenó de sopa y el papá le explicó a los hijos que eso estaba sucediendo pero lo más triste es que al abuelito se le puso en una mesa aparte, porque al papá le daba pena; después pasaron algunos días que el niño estaba junto con la mamá haciendo alguna actividad y el papá les preguntó qué hacían, el niño dijo “estamos haciendo una mesita para que cuando seas grande te pongamos aparte”; él había aprendido eso del papá. El Papa cuenta que esa experiencia le sirvió para valorar siempre a las personas mayores y ser comprensivos; el Papa Francisco siempre habla mucho de los niños y de los ancianos, que se necesita tener delicadeza con ellos.

En Africa cuando se muere un anciano, una persona mayor, se dice “se quemó una biblioteca”, que bonita expresión porque una biblioteca tiene libros y cuando se muere un anciano tiene mucha sabiduría, tiene mucha experiencia, en esta sociedad capitalista de descarte necesitamos valorarlos.

Yo creo que hoy es un día para abrir la conciencia, esta fiesta, que ya tiene algunos años, que debe tener alguna resonancia en nuestra sociedad para que empecemos nosotros a valorar a los que tienen la fortuna de tener aun a sus papás, a sus abuelitos, que tengan delicadeza con ellos y agradecimiento, también nosotros, en nuestro presbiterio, tenemos sacerdotes grandes y a veces podemos preguntarnos cuál es nuestra actitud con ellos, con los sacerdotes que trabajaron y dieron su vida para que el Evangelio llegara a muchos lugares.

Qué hermoso es hoy que ustedes se sientan amados, queridos, pues la Palabra de Dios que escuchamos nos ayuda a ver que Dios nos ama y que eso debe llenar el corazón de alegría porque Dios nos amó tanto que nos dio a su hijo Jesucristo, que dio la vida por todos nosotros. La segunda lectura de la carta de san Pablo a los romanos decía “Quién nos puede apartar del amor de Dios? ¿las preocupaciones, las angustias, las aflicciones?”, que nada nos aparte del amor de Dios, que cada uno de ustedes experimente en su corazón el amor de Dios, eso no lo cambiamos por nada, saber que nuestra vida es una vida pasajera porque en la mañana estaba pensando cómo vamos pasando, cómo nuestra vida avanza muy rápido, pero nosotros somos peregrinos y nuestro destino es la casa del Señor. Que hoy Dios llene su corazón de alegría con su amor. 

En el Evangelio escuchamos cómo Dios nos cura, a veces traemos enfermedades físicas, pero también morales y vemos cómo aquellas personas tuvieron tanta fe que abrieron un boquete en el techo para meter a un enfermo para que el Señor lo sanara; hoy el Señor nos sana a nosotros también, nos quiere curar, por eso hoy, en esta fiesta, debemos abrir la conciencia, pero también el corazón y llenarnos de alegría, no solamente el día de hoy debemos valorar a las personas, a los adultos mayores, pues hay tanta gente que está en los asilos y aunque son los menos, no es el numero mayor, es gente que está abandonada, cerca de nosotros y tenemos que preguntarnos cuál es nuestra actitud para con los enfermos y abandonados, con los que sufren. 

Que hoy crezca nuestra conciencia, no solamente que quede en la “mesita”, sino que también  hagamos algo por aquellos que sufren, sin duda que la oración que hacemos aquí todos nosotros llega a sus vidas, también a muchas personas que no están aquí, sabemos que la oración es algo muy grande, por eso el Papa siempre dice “no se les olvide rezar por mi”. Que no se nos olvide rezar por los adultos mayores, que no se nos olvide rezar por aquellos que sufren por aquellos que viven en situaciones muy complicadas, que el Señor sane nuestro corazón y sintamos su abrazo, el abrazo de Nuestra Madre Santísima que nos ama y nos anima en nuestra vida y nuestras enfermedades y familia.

Vamos a decir todos gloria al Padre, y gloria al Hijo , y gloria al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

+José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla