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Homilías

HOMILÍA EN EL ENCUENTRO INTERSEMINARIOS 2020

enero 31, 2020

"Que sea un día que deje huella y que vayamos siendo los discípulos que el Señor quiere"


Muy apreciados seminaristas, apreciados padres formadores, quiero antes que nada felicitarlos por este encuentro de la provincia, quiero augurar un día muy positivo en el que podamos tener una experiencia de familia, la familia de Dios que ustedes como seminarista forman al tener el mismo ideal de ir descubriendo lo que el Señor quiere para sus viñas.

Sin duda que esta mañana se trata de fortalecer la formación humana, cuánto se habla en los seminarios de estas cuatro áreas, humana, espiritual, pastoral y académica y del equilibrio que debe haber entre ellas, pues todas son importantes para ir formando a personas que hagan el bien, y sin duda que al venir hoy de otros lugares a encontrarse, platicar, convivir, jugar nos ayuda para ese crecimiento como personas y cristianos.

El deporte es algo muy importante, se dice que mente sana en cuerpo sano, cuando uno hace deporte le ayuda para la salud, y seguramente que todos han entrenado para este día ¿no es cierto? Todos se han preparado para competir y dar su mejor esfuerzo.

Hoy vivimos en la era tecnológica y ciertamente a veces nos distraen mucho los celulares y toda estas cuestiones y hay detrimento del deporte y por eso creo que hoy es importante que valoremos la importancia que el deporte tiene para la salud física y mental. Hay veces que los sacerdotes jóvenes dejan el deporte pronto y recuerdan “cuando estábamos en el seminario jugábamos”. Yo creo que también es hoy un día de motivación para reflexionar en ese punto del deporte, que es algo muy importante. A parte de esto de la salud física y mental, a través del porte también se van creando muchas amistades, que son para toda la vida.

Hoy yo les recomiendo que disfruten este día. Le pedimos a Dios que no vaya a haber lesionados, sino que sea una convivencia muy padre, donde juguemos y regresemos a nuestros seminarios, a nuestras casas de formación, con una experiencia que nos ha dejado algo positivo en nuestra vida.

Hoy el Evangelio nos habla del Reino de Dios, ¿a qué se parece el Reino de Dios? Sabemos que era un tema recurrente en Jesús, su pasión por el Reino. Podemos preguntarnos nosotros a qué vino Jesús a la tierra, el misionero enviado del Padre. Como aprendimos nosotros en el Catecismo, decimos: “vino a salvarnos, vino a revelar el rostro del Padre, pero también vino a decirnos cómo podemos construir su Reino”. Y este Reino, que hoy lo ponen como esa semilla, o como ese grano, que va creciendo, y esa semilla se convierte después en fruto, en algo que da frutos; o el grano de mostaza, que es pequeñito, pero después crece y es un gran arbusto.

Lo más importante en la construcción del Reino de Dios es la presencia del Espíritu Santo, que nosotros estamos llamados a poner lo mejor de nosotros mismos, y lo que le va dando crecimiento es la acción de Dios. El Reino de dios no es algo aparatoso, espectacular; el Reino de Dios va creciendo día a día, es construir un mundo de justicia, de fraternidad, de solidaridad, de paz, y eso se va creando poco a poco, con el esfuerzo, con el ahínco, con las ilusiones, con la pasión, se nos invita a crear este Reino de Dios.

Hoy tenemos un testimonio vivo de alguien que colaboró en la construcción del Reino de Dios, que es San Juan Bosco. Precisamente hoy celebramos la memoria de este padre, sacerdote diocesano, escritor, educador y maestro de la juventud, que también es un testimonio, un ejemplo, para los formadores.

Sabemos de San Juan Bosco porque siguió los caminos del Señor y tuvo el carisma de ser el fundador, fundador de los salesianos, de las hermanas salesianas, o de los cooperadores salesianos, que están en todo el mundo. Y San Juan Bosco creó un modelo muy interesante, que son los oratorios. A finales del siglo XIX la situación en Italia era una situación de pobreza, y Don Bosco se dedicaba a atender a adolescentes, jóvenes, en situaciones difíciles, gente con problemas. Los oratorios eran un lugar donde estos adolescentes y jóvenes aprendían oficios, carpintería, electricidad, y entonces el secreto de Don Bosco era interesarse por la vida de los adolescentes y jóvenes, saber cuáles eran sus inquietudes, qué pensaban.

Sabemos que él hacía, como se dice: circo, maroma y teatro con los jóvenes y los adolescentes, y jugaba con ellos y les dedicaba tiempo; su presencia era muy importante. De tal manera que después ese método que iba siguiendo él ayudaba para que los jóvenes le tuvieran mucho cariño, y cuando él los invitaba para el catecismo nadie le decía que no, porque él primero había tomado la iniciativa de acercarse a los jóvenes, y entonces los evangelizaba.

Había una cosa muy bonita que decía San Juan Bosco, que es algo vigente: “Tenemos que hacer buenos cristianos y honestos ciudadanos”, las dos cosas: buenos cristianos y honestos ciudadanos. Y el sistema que utilizaba también Don Bosco, que es un legado para todos, es lo que se llama el sistema preventivo, hay que prevenir. Así como en la medicina se habla hoy de que hay que atendernos con un método preventivo para no tener enfermedades, pues también en la vida de los adolescentes y los jóvenes hay que ayudarlos a fomentar los valores humanos y cristianos, para que fueren buenos cristianos y honestos ciudadanos.

Don Bosco colaboró en la construcción del Reino de Dios, y yo creo que hoy coincide esta fiesta, esta memoria de este gran santo con esta reunión de seminarios de esta provincia. Don Bosco fue un gran educador, alguien que pensaba que esos muchachos que le llegaban con tantos problemas, con el método de la acogida, del amor, los iba transformando con la fuerza del Espíritu Santo.

Que San Juan Bosco sea un modelo para los educadores, para los rectores, los formadores, en esta tarea tan importante, tan crucial, de formar a los futuros pastores, a los futuros sacerdotes. Que el Señor nos bendiga este día, bendiga nuestra vida, bendiga nuestros seminarios, bendiga a los formadores, para que vayamos caminando como familia, siguiendo el proyecto de Dios. Así sea.

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla