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Homilías

HOMILÍA EN EL XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

junio 21, 2020

«Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos», dice el Señor.

Queridos hermanos, hermanas, amigos, amigas en Cristo Jesús, recordarán que el domingo pasado Jesucristo el Señor envío a sus discípulos a llevar su Palabra a los demás, con ello iniciamos este discurso misionero donde les va diciendo lo que va a suceder, que van a tener dificultades, pero ellos, con Su poder, van a realizar milagros y, sobre todo, anunciar el reino de Dios.

Hoy en este XII Domingo del Tiempo Ordinario, continúa este discurso misionero y Jesús les sigue dando recomendaciones a sus discípulos. Una de las palabras que se repiten en el Evangelio es que no tengan miedo, que van a encontrar muchos retos, pero que deben ser valientes, decididos, para llevar ese mensaje de salvación a los demás; y es que que llevar el Evangelio nunca ha sido fácil, siempre hay obstáculos, dificultades. Podemos nosotros pensar que desde los primeros siglos, o en la primera generación de cristianos, todas las dificultades que tenían, todo en contra los discípulos; claro que con la fuerza del Espíritu Santo salían, pero encontraban mucha oposición; en los primeros siglos de la Iglesia ¡cuántos mártires hubo!, así ha sido la historia de la Iglesia, estos XXI siglos.

Siempre, para llevar el Evangelio, hay obstáculos, y es que Jesús dice: «No es fácil: El que quiera seguirme que tome la cruz de cada día», pero sabedores de que también el llevar el Evangelio llena de alegría y llena de gozo. A través de la historia han habido momentos más difíciles, años más complicados, pero siempre han habido dificultades, siempre está el diablo presente poniendo obstáculos. Nosotros vemos cómo también en nuestro México, sobre todo cuando fue la persecución religiosa, pues hubo muchas personas que dieron la vida por el Evangelio. En nuestros días también ustedes que salen a evangelizar o que han salido, ha tenido la experiencia, o ahora desde su casa, desde su hogar, que han evangelizado también, han experimentado en su corazón gozo, alegría.

Por eso hoy vale la pena que nosotros reflexionemos lo que Jesús nos dice en el Evangelio: «Si ustedes me reconocen, yo también ante mi Padre los reconoceré»; a veces nos da pena o vergüenza decir que somos cristianos. Vivimos en un mundo también de mucha increencia, y decir que somos católicos, que somos cristianos, muchas veces nos da temor decirlo y más expresar, llevar la Palabra de Dios a los demás. «No tengan miedo, yo estaré con ustedes», y es muy hermoso que esa Palabra de Dios se va dando a través de todo este tiempo y ahora es para nosotros, es hermoso saber que vale la pena ser esos discípulos misioneros de Jesucristo y que llevar el Evangelio traerá sus dificultades, pero que también traerá muchas cosas muy hermosas a nuestra vida, las cuales experimentamos en nuestra familia, en nuestras comunidades a las que pertenecemos.

Los discípulos salían anunciar el Evangelio, anunciar que Dios nos ama, que el Padre, que había enviado a Jesucristo, nos ama. Este Padre, a quien nosotros cuando empezamos a rezar el Padre nuestro diciendo: «Padre nuestro que estás en el cielo», es un padre que a través de la historia nos ha demostrado su amor. A través de muchos acontecimientos, a través de muchas situaciones, podemos nosotros ir viendo toda la historia de la salvación, la Sagrada Escritura, y vamos a encontrar a ese Dios paciente, ese Padre paciente, ese Padre que acompaña, ese Padre que perdona, ese Padre misericordioso.

Hoy estamos celebrando el Día del padre, que esta no sea solamente una fecha donde cada año se celebra, ahora será de otra manera por la realidad que estamos viviendo, pero sobre todo debemos dar gracias a nuestros padres que nos dieron la vida, algunos que ya pedimos para que estén con el Señor en el lugar de la luz y de la paz, que nos enseñaron a vivir, que nos nos enseñaron a ser personas de bien, y una manera de agradecerles es elevar nuestro oración a Dios para que los tenga en su presencia. También pedimos por todos ustedes los papás, para que el Señor los ilumine y vayan formando esas personas cristianas, esas personas que van haciendo el bien por el mundo. Hoy también a los padres, a los sacerdotes, nos felicitan, porque somos padres espirituales, sobre todo cuando uno bautiza engendra la vida cristiana a los que bautiza; hoy también pedimos por todos los sacerdotes, por todos nosotros, para que seamos bondadosos, buenos pastores, discípulos misioneros de Jesucristo.

Queridos hermanos, hermanas, se nos invita a que confiamos en el Señor. Estos días que estamos viviendo son días complicados, llenos de incertidumbre, no sabemos qué va a pasar en el futuro, hay problemas en todas las áreas, problemas de salud, problemas económicos, problemas políticos, problemas sociales, de toda índole, pero en estas circunstancias los invito para que confiamos en el Señor y que en estas circunstancias difíciles también nosotros hemos aprendido muchas cosas, sobre todo en la línea de la comunión y de la solidaridad. Nosotros debemos saber que las soluciones no vienen de arriba, las soluciones vienen de nosotros mismos, cuando caminamos en la unidad, cuando somos solidarios con aquel que sufre, con aquel que no tiene que comer, con el enfermo, con el que está triste. Confiemos en el Señor, el Señor nos da su paz y también nos acompaña en estas circunstancias. Así sea.

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla