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Homilías

HOMILÍA EN EL XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

junio 28, 2020

«El que no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo»

 

Muy queridos hermanos, hermanas, amigos, amigas, en Cristo Jesús, durante tres domingos consecutivos hemos escuchado el discurso misionero, el discurso que ha dado Jesús. Todo partió cuando Jesús ve a la muchedumbre como ovejas sin pastor y se compadece, porque veía que la gente estaba extraviada, que muchos no sabían el sentido de la vida, y por eso viene la urgencia enviar a sus discípulos y los envía para que lleven la Buena Noticia de salvación, para que curen enfermos, para que den esos signos de liberación. Vemos cómo los discípulos obedecen al Maestro, hace 8 días en este mismo discurso Jesús subraya una cosa muy importante para sus discípulos, para nosotros: «No tengan miedo, yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos. No tengan miedo, sean valientes y den testimonio de lo que yo les he enseñado».

Este domingo nos habla cómo el discípulo debe tomar la cruz y seguirlo, debe ser mayor al amor al padre, a la madre, al hijo, a la hija, como nos dice: «Quien no me prefiere, no puede ser mi discípulo», esto creo que lo entendemos todos cómo debe haber ese amor por la familia, por los amigos, por los padres, por los hijos, pero la primacía la debe tener el Señor. Podemos pensar en sus discípulos, en Pedro, en Juan, en Santiago, cómo ellos tenían familia, algunos tenían esposa o tenían hijos, Pedro tenía suegra, sin embargo, siguieron al Señor y Él fue su prioridad; cada cosa en su lugar.

Hoy estamos invitados a pensar en la cruz, que es el símbolo de los cristianos y que el discípulo es el que toma la cruz, el que sigue este camino de la cruz, pero la cruz solita no tiene sentido, sino con el crucificado, porque «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos». Ahí tenemos la cruz, ese signo que era signo de vergüenza o de maldición para los romanos o para los griegos, donde crucificaban a los malhechores. Sin embargo, Jesús es obediente y toma la cruz y da la vida por todos nosotros. Hay al peligro en el cristianismo de que no haya cruz y que todo sea, como decimos, “light”, que no haya esfuerzo, que sea el bienestar, pero Jesús nos enseña que el discípulo tiene que optar por la cruz, y la cruz nos lleva la vida, nos lleva a la resurrección.

El signo de la cruz es entrega, es donación, y hoy nosotros estamos invitados a pensar cómo va nuestra donación, nuestra entrega a los demás. Es importante en este tiempo de pandemia que nosotros sepamos dar. Hay más alegría cuando uno da que cuando uno recibe. Yo pienso que en estos días, queridos hermanos, hermanas, tal vez hayamos o estemos entendiendo más el cristianismo, porque el cristianismo es entrega, es comunión, es solidaridad, es darse a los demás, y lo hemos entendido porque hemos escuchado tantas experiencias aquí en el ámbito de nuestra Arquidiócesis, en las distintas zonas pastorales, cómo se nos ha invitado para que nosotros vayamos siendo sensibles como Jesús a las necesidades de los demás. Entonces cómo ha habido gente que ha dado despensas, ha habido gente que ha dado medicamentos, hay gente que ha consolado al que sufre, al que está en estrés, al que vive solo. Les decía que a lo mejor entendemos el cristianismo porque el cristianismo no son grandes teorías, sino es vida, es darse a los demás, es servir; la comunión y la solidaridad no se construyen con palabras, sino con gestos.

Por eso yo quiero invitarlos a todos ustedes para que entendamos, desde la cruz, que es una entrega el dar, que sigamos con esa actitud de consolar al que está triste; cuántas personas no han perdido a seres queridos; cuántas personas no están solas, no viven solas. Una palabra de aliento, una sonrisa, una palabra de ánimo ayuda mucho en estos momentos; una despensa para que el que no tiene qué comer, o como nos dice el Evangelio: «Un vaso de agua fría para el que tiene sed, ese será reconocido por nuestro Dios».

Queridos hermanos, hermanas, que sigamos en esta temporada de pandemia continuando haciendo discípulos, que tomemos la cruz y que sigamos al Señor. Que Nuestra Madre la Virgen de los Remedios nos consuele, nos acompañe y nos animé a seguir la cruz de su Hijo Jesucristo. Así sea.

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla