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Homilías

HOMILÍA EN EL XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

julio 05, 2020

«Vengan a mí todos los que están cansados y fatigados, y yo los aliviaré», dice el Señor.

Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, el domingo pasado terminamos una sección donde se nos habló de la misión para todos nosotros del discurso misionero que dio Jesús, y a partir del domingo próximo vendrá otra sección de parábolas, esa manera como le gustaba hablar a Jesús, de una manera muy sencilla, a través de ejemplos, pero siempre para dejarnos enseñanzas.

Hoy encontramos en el Evangelio cómo Jesús está en oración, está en esa comunicación con su Padre y le da gracias porque ha encontrado eco, ha encontrado respuesta a su mensaje, en la gente sencilla, en la gente del pueblo. Vemos cómo es importante observar esa comunicación que tenía Jesús con su Padre. Cuántas veces nos habla el Evangelio de que Jesús pasaba noches enteras enteras haciendo oración, viendo cuál era la voluntad del Padre, y vemos cómo siempre esa voluntad del Padre la hizo vida Jesús. Él ya había tenido muchas experiencias al tratar a los sabios y entendidos, a los sacerdotes, a los escribas, a los fariseos, y cómo ellos no abrían su corazón; en cambio, la gente del pueblo le entendía, y de ahí viene esa frase de darle gracias o esa acción de gracias que le hace al Padre.

Muy queridos hermanos, hoy Jesús nos hace tres llamadas en el Evangelio. La primera llamada que nos hace es: «Vengan a mí todos los que están cansados y fatigados, y yo los aliviaré». A través de la historia de la humanidad el ser humano se ha sentido abrumado, se ha sentido cansado, y ¿qué reaccion va tomando el ser humano? ¿qué reacciones vamos tomando nosotros cuando nos sentimos cansados, nos sentimos en crisis, nos sentimos que no podemos con la carga? A veces podemos tomar actitudes de desesperación, de adicciones, de que, como se dice, tronamos. Sin embargo, hoy Jesús nos está diciendo a todos nosotros, como se los dijo en su tiempo a aquellas personas: «Vengan a mí los que están cansados y fatigados, y yo los aliviaré». El mismo Jesús ha experimentado eso, porque Él se sentía tambien cansado, se sentía fatigado, y en la relación con el Padre encontraba el el alivio. Esto no debemos echarlo nosotros en saco roto, sino que realmente vamos a encontrar descanso en el Señor; cuántas veces en ese silencio, en la oración, en el encuentro con Jesús, encontramos esta paz para afrontar las situaciones que tenemos en nuestra vida. Ahora con todos estos problemas económicos, políticos, sociales, de desesperación, que vamos encontrando en nuestra sociedad, hagámosle caso al Señor de acudir a Él. Esta es la primera llamada que se nos hace en el Evangelio.

La segunda llamada Es que tomemos su yugo, ese yugo que es ligero, que es exigente pero que nos da vida. La gente en ese tiempo tenía el yugo de los fariseos, de los escribas, que tenían como primacía la ley; y cuántos preceptos que tenían que hacer la gente no había en ese tiempo, y tal vez esperaban que Jesus se pusiera a discutir con ellos sobre la ley, sobre las cosas concretas, y Jesús venía a proclamar el reino de Dios, a decirnos que lo más importante es la fraternidad, el amor. Por eso Jesús hoy nos dice que tomemos su yugo, que es ligero, no es el yugo opresor, ese yugo que asfixiaba, sino que Jesús nos habla de amor, de un yugo que le va a dar sentido a nuestra vida.

La tercera llamada que nos hace Jesús a nosotros es que seamos mansos y humildes de corazón. La lectura del Evangelio que hoy escuchamos se pone ordinariamente en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, la cual celebramos hace unos días y cada año se celebra, y hoy también estamos invitados a pedirle que nos parezcamos al corazón de Jesús, porque a veces tenemos un corazón de piedra, un corazón insensible, y el corazón de Jesús siempre es un corazón que ama, un corazón que se conmueve ante las situaciones de dolor y de tristeza que hay en nuestro mundo.

En esta pandemia que estamos viviendo, donde hemos compartido con mucha gente tristezas, historias de dolor, historias de drama, nuestro corazón también se está haciendo más sensible. Por eso, que hoy nuestra petición sea que Jesús nos dé un corazón a imagen de Él. «Vengan a mí los que están cansados y fatigados, y yo los aliviaré». Que el Espíritu Santo nos ayude a seguir caminando con sentido en nuestra vida y que estemos muy cerca de este Jesús amigo, de este Jesús hermano, que nos consuela y nos anima a seguir adelante en nuestra vida. Así sea.

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla