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Homilías

HOMILÍA EN LA EUCARISTÍA DE INICIO DE CURSO EN EL SEMINARIO DE TLALNEPANTLA "NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS"

agosto 07, 2018

Homilía de la Eucaristía de Inicio de Curso en el Seminario de Tlalnepantla

“Nuestra Señora de los Remedios”

 

 

“Tu quebranto es irremediable, e incurables tus heridas; estás desahuciado, hay heridas que tienen curación pero las tuyas no tienen remedio”  

Duras esas palabras del profeta Jeremías contra el pueblo elegido, contra el pueblo de Israel, tu destino ya está marcado por el fracaso, no hay remedio, estás desahuciado, sin embargo, esta primera lectura que hemos escuchado, nos dice más adelante también de boca del profeta Jeremías, y por mandato del Señor: Yo cambiaré la suerte del pueblo de Israel, lo haré volver a su patria, me apiadaré de sus casas, la ciudad será edificada sobre sus propias ruinas y el templo será reconstruido tal y como era, se escucharán himnos de alabanza y los cantos de un pueblo que se alegra. Lo que parecía fracaso, lo que tenía enfrente un anuncio de desahucio, una situación irremediable, queda reconstruida, se reedifica ¿qué está pasando? ¿Por qué sucede semejante milagro?

Cuando un médico le dice a un enfermo “tu caso es incurable” el ánimo queda por los suelos, y solo mirando la trascendencia y la confianza en quien le dio la vida el enfermo recupera el ánimo para seguir viviendo, y si en ese proceso de repente se siente bien, va con el médico y le dice, “doctor me he sentido bien”; le hace los estudios y el médico le da a conocer, estás curado, ¡Es un milagro!. Es la intervención de Dios en las situaciones de pecado, fracaso, en las cuestiones donde uno responsable o irresponsablemente ha hecho que venga esta situación terrible.

¿Qué tenemos que hacer cuando nosotros nos encontramos en una situación, no digamos como esta como describe el profeta Jeremías, sino simplemente una situación de la que no sabemos cómo vamos a salir de ella, que no va a comprometer, y no sabemos que hacer? nos dice, de alguna manera lo vamos a tratar de describir, en la escena del Evangelio lo que pasa con los discípulos y su Maestro, con nosotros sus discípulos y Jesús. 

Dice que, evadiendo Jesús a la multitud que lo proclamaba rey por la multiplicación de los panes se va, los discípulos probablemente no se dieron cuenta que sus maestro se fue, estaban atendiendo a la gente, entusiasmados por el fervor que escuchaban de la multitud, estaban en un momento de éxito, su maestro había hecho el milagro de la multiplicación de los panes, ‘nosotros somos sus discípulos, él es nuestro maestro’, pero en todos esos encantos de la alabanza el Maestro se fue, no estaba de acuerdo en que lo proclamaran rey, porque esa no era su misión. Cuando se dan cuenta los discípulos que Jesús ya no está, dice el texto, que ellos tomaron entonces camino a buscarlo, los discípulos subieron a la barca y se dirigieron a la otra orilla y estando cruzando a la madrugada Jesús fue hacia ellos caminando sobre el agua, sus discípulos al verlo se asustaban y decían es un fantasma. 

¿No que habían reconocido que su maestro tenia esta potestad de Dios para hacer milagros?. Decían, No puede ser Jesús es un fantasma, quién está caminando sobre el agua, seguramente como nos hubiera pasado  nosotros sus discípulos, daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida tranquilícense, no teman, soy yo, soy yo. Entonces Pedro le dijo si eres tú Señor mándame ir a ti caminando sobre el agua. ¿Cuántas veces no hemos hecho esto nosotros también? Señor si en verdad me llamaste al sacerdocio… Házmelo saber de una manera más tangible, de manera que pueda estar más seguro, de manera que pueda seguirte, mándame caminar sobre el agua. Jesús le dice sí, ven Pedro, pero Pedro al bajar de la barca hacia el agua, dice el texto,  que sintió miedo, y comenzó a hundirse, y gritó ¡sálvame señor!

Esta escena nos muestra lo que tantas veces nos pasa a nosotros. Primero no sabemos reconocer la mano de Dios en nuestras vidas, no sabemos reconocer cuándo esa inquietud, ese sentimiento, eso que por ejemplo a ustedes que van a ingresar al curso de discernimiento vocacional los movió para tomar la decisión, eso que aquello que van a seguir adelante en su siguiente etapa los hizo seguir adelante, o nosotros sus sacerdotes y los fieles en sus ámbitos de vida ¿sabemos descubrir la mano de Dios en nosotros, en nuestro contexto, en nuestra persona? ¿o también pensamos que son fantasmas de nuestra imaginación cuando el Señor nos ha tocado? ¿Ven por qué es indispensable la oración, la meditación, el adentrarnos en nosotros mismos, el conocernos a nosotros mismos?. Pero aprender a tener esta sensibilidad de la fe y a descubrir esa presencia, fíjense bien lo que digo, constante que hace Dios en la vida de nosotros es todo un aprendizaje, y yo se los digo porque ya tengo 68 años, es un aprendizaje que se va desarrollando, ¿pero de qué y cómo? 

No hay otro camino que confiando en aquellos que nos aman, el niño con su madre, los hijos con sus padres, los hermanos entre sí, después la relaciones con quienes ya han crecido, para conducirlos en los aprendizajes, el conocimiento, las herramientas que nos van a ayudar a entender este mundo y lo que podemos hacer, nuestros maestros, nuestros formadores, si no nos abrimos a ellos será muy difícil crecer en este aprendizaje de la sensibilidad del amor, si escondemos nuestros temores, si no queremos descubrir nuestro interior, si lo dejamos resguardado ahí en nuestros secretos, no nos daremos cuenta de lo que el Señor quiere edificar en nosotros, o en algún caso, reedificar en nosotros algún caso que parecía que ya estaba perdido, de compartir la vida entre nosotros, con compañeros, con maestros, con formadores, con gente que tiene fe y camina en la fe, tantos laicos discípulos de Jesús en las parroquias, en nuestros grupos, nos harán aprender que esa presencia de Dios es real y que esa experiencia está no solamente en otros sino también en mi, entonces podremos decir con toda confianza “Te seguiré Señor porque tu eres la vida, el camino, tú eres la verdad”.

Hemos iniciado este ciclo escolar con una ilusión, los obispos siempre queremos más sacerdotes, necesitamos más sacerdotes, los miembros del presbiterio quieren más auxilio de buenos sacerdotes, el equipo formador está en la mejor disposición de acompañaos, sus maestros, incluso los nuevos que acaban de integrarse, porque esta institución no puede pagarles lo que otras instituciones les paga, y sin embargo están aquí, no se diga la familia propia, algunos de ustedes están acompañados, pongamos en el altar nuestras vidas, particularmente los invito a ustedes seminaristas, con mucha ilusión, dense cuenta que tienen que crecer, tomen conciencia de lo que tienen que crecer y desarrollar que el Señor les contestará abundantemente. 

Que así sea. 

 

 

+  Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo Primado de México

Administrador Apostólico de Tlalnepantla