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Homilías

VI DOMINGO DE PASCUA

mayo 10, 2015

“El Espíritu Santo descendió sobre todos los que estaban escuchando el mensaje”


Así nos cuenta la primera lectura, al hablarnos de este encuentro de Pedro en la casa de un oficial romano, Cornelio; cuyo encuentro es motivado por el mismo Dios, tanto de parte de Pedro, como de Cornelio. Allí Pedro constata que Dios quiere ir a todos, no sólo a los judíos, como lo pensaba él —en un principio— y todos los demás apóstoles. Dios nos ha creado a todos los seres humanos como hijos, a todos nos quiere, a todos nos invita a que durante esta vida nos preparemos en el amor; en ese aprendizaje indispensable para poder compartir por toda la eternidad la vida de Dios. Ese es nuestro destino y nuestra vocación.
Hoy en estas lecturas, podemos descubrir tres elementos muy importantes para poder realizar este aprendizaje.
El primero es el que les acabo de leer: “El Espíritu Santo descendió sobre todos los que estaban escuchando el mensaje”. Es decir, el primer paso es ponernos a la escucha de la palabra de Dios. De ahí la importancia de leer y meditar los evangelios, y el resto de la Biblia, poco a poco, y siempre iniciando con los evangelios porque es el centro y el corazón de la Biblia. Si nosotros leemos, meditamos y atendemos lo que ahí encontramos, el Espíritu Santo descenderá sobre nosotros; Él es el que nos acompañará, nos ayudará, para que tengamos la luz y orientación suficiente para interpretar la palabra de Dios en mi vida y en mi contexto en el que yo me muevo habitualmente. Este es el primer elemento.
El segundo elemento, lo encontramos en el Evangelio cuando Jesús les dice a sus discípulos: “A ustedes ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo, a ustedes los llamo amigos porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre”. Es verdad, un empleado, un servidor que es contratado, un siervo como dice Jesús, no conoce lo que hace su jefe, no conoce lo que hace el dueño de ese empleo. Él simplemente debe acatar las órdenes de quien se las ha dado y cumplirlas. Es la obligación laboral; pero Jesús dice, yo no los quiero a ustedes como siervos, yo nos los quiero como empelados de la Iglesia, que administrativamente la manejen, yo no quiero que realicen cosas en mi nombre, sino que los quiero amigos, es decir, quiero que ustedes conozcan todo lo que yo le he oído a mi Padre. La comunicación de la vida de Dios, eso es lo que nos transmite Jesús en los evangelios, en los sacramentos, particularmente en la Eucaristía y, sobre todo, en este aprendizaje del amor en las relaciones humanas, entender que el otro es mi hermano, descubrir la importancia capital que tiene cada persona, independientemente de su edad y de sus condiciones es digno por si mismo y por ello debo relacionarme con él desde una actitud del amor. Este es el segundo elemento. Quien ha escuchado el mensaje, en automático va descubriendo lo que el Padre le dijo a Jesús y se va haciendo amigo de Jesucristo, se va haciendo amigo de los otros discípulos de Cristo, nos vamos formando en la comunidad eclesial, en la comunidad de los creyentes, de los discípulos del Señor.
Y el tercer elemento lo descubrimos en la segunda lectura cuando nos dice: “El amor consiste en esto, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero y nos envió a su Hijo”. Descubrir que alguien me ama es el primer paso para entrar en una dinámica del amor. El amor que nace del propio ser por sí mismo, siempre es egoísta, siempre piensa en sí mismo y ve a los demás en la medida que los demás me ayuden en algo de lo que yo quiero. Por eso es tan importante este tercer elemento.
El verdadero amor es descubrir que Dios me ama, experimentar ese amor que Dios me tiene, verlo en mi vida. A partir de ese descubrimiento, yo voy a comprender el tipo de características que me indican que estoy en el camino auténtico de un aprendizaje del amor divino; es decir, aquel que es generoso y que no vive el amor por la correspondencia del otro, sino porque quiere amor y porque descubre en el otro alguien con quien compartir. “El amor consiste en esto, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo”. Y esto es, nos lo dice al final de este texto, para que Jesús, el Hijo, sea víctima de expiación de nuestros pecados. Es decir, el amor es el que nos purifica. Hay tanta gente que comete pecados graves y se siete condenado, y se siente ya irredento, que no puede transformarse en algo bueno. Es porque no ha captado el verdadero amor y no ha captado que el amor de Dios es para purificar, para perdonar, para transformar, para cambiar.
Esta experiencia, ustedes pueden decir: pero eso ¿Cómo se vive, cómo empiezo? Es ver el testimonio habitual, muy generalizado, —debiera de ser totalmente generalizado pero a veces no lo es— muy generalizado, y creo que los que están aquí presente si lo han vivido: el amor de su propia madre. ¿Cómo ama la mamá? ¿Quién ama primero la mamá o el bebé a la mamá? Es clarísimo, es la mamá la que ama primero, y el bebé va correspondiendo, poco a poco; pero la mamá no ama al bebé por lo que piense que después le va a pagar por todos sus servicios, es un amor gratuito, generoso, espontáneo. Así es el amor de Dios, como el amor de los padres hacia los hijos. Por eso es tan importante la familia, por eso es tan importante que la familia tenga hijos y que en la fraternidad entre los hijos, —cuando empiezan a compartir juguetes, salidas, siempre hay pleito— también se aprende a amar, partiendo del amor de los padres.
Hoy estamos celebrando este día de la madre y por eso las felicitamos, porque nos han amado primero, porque estamos muy agradecidos con nuestra propia madre. Porque nos transmitió el amor, y al transmitirnos el amor, nos dio a conocer el amor de Dios. Por eso pidámosle al Señor para que todas las madres tengan esta conciencia de que al generar la vida, generan un ser para amar, y para que aprenda a amar. Es tan hermoso el proyecto de Dios de la vida.
Estos elementos, son entre otros, de los que tenemos que ir redescubriendo y recuperando como cristianos, como católicos, como discípulos de Cristo. ¿Dónde inicia, dijimos, ese aprendizaje del amor? En la escucha del mensaje, con la llegada del Espíritu, para ir conociendo todo lo del Padre, para ser amigos de Cristo y finalmente para descubrir que Él nos amó primero. Por eso es que no nos podemos quedar en nuestras casas, contentos con lo que ya vivimos en nuestra familia, tenemos que salir y salir a tocar puertas a las casas donde todavía no ha descubierto la grandeza de nuestra fe y el sentido de la misión de la Iglesia.
El próximo domingo, como ya lo saben, vamos a tener esta salida misionera en las doscientas tres parroquias, para ir a tocar puertas e invitarlos al retiro kerigmático del 24 de mayo, para que conozcan Cristo, escuchen el mensaje, reciban el Espíritu de Dios, sean amigos de Jesús y descubran que Dios los amó primero.
¡Cristo vive — en medio de nosotros! ¡Cristo vive — en medio de nosotros! ¡Cristo vive — en medio de nosotros!
Que así sea.

+Carlos Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla