HOMILÍA EN LA PEREGRINACIÓN A LA BASÍLICA DE GUADALUPE 2024

February 03, 2024


HOMILÍA EN LA PEREGRINACIÓN A LA BASÍLICA DE GUADALUPE 2024

 

«Siempre encontramos una Madre que nos levanta y nos anima a seguir los caminos de su hijo Jesucristo, para ir colaborando en la construcción de su Reino»

 

Queridos sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas, agentes de pastoral; queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:

Qué alegría llegar a este hermoso santuario para saludar, agradecer su ternura y pedir su bendición a nuestra Madre, la Santísima Virgen de Guadalupe; queremos dar gracias a nuestro Dios, porque la eligió para ser la Madre del Salvador, Jesucristo Nuestro Señor.

Hoy al escuchar la segunda lectura, de la carta del apóstol San Pablo a los gálatas, nos decía: «Hermanos, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos bajo la ley, a fin de hacernos hijos suyos».

En este día, significativo para nuestra Arquidiócesis de Tlalnepantla, en que celebramos nuestra peregrinación anual a este hermoso templo, quiero, con afecto, darle a todos los peregrinos y peregrinas una cordial bienvenida, deseando de todo corazón que esta visita nos ayude a vivir con mayor sentido y plenitud cada una de nuestras vidas, que todos y todas nos sintamos escuchados, aceptados y amados por nuestra Madre Santísima, la morenita del Tepeyac, y también nos ayude a nosotros para aceptarnos y querernos como hermanos e hijos de Dios.

Hemos llegado a esta casita, nuestra casita, en peregrinación, ya sea caminando o en vehículo, pero todos sintiéndonos caminantes, peregrinos, cantando, rezando, en silencio, para reflexionar y meditar en el camino de la vida. Seguramente ha sido una experiencia bella de lo que significa la vida cristiana, pensando en la vida sin perder de vista nuestro destino final, que es la casa del Padre.

Sin duda en este caminar experimentamos dificultades, alegrías, éxitos, fracasos, desafíos, esperanzas, pero siempre encontramos una Madre que nos levanta y nos anima a seguir los caminos de su hijo, Jesucristo Nuestro Señor, para ir colaborando en la construcción de su Reino.

Agradezco a los medios de comunicación de esta Insigne Basílica y a los jóvenes de la Oficina de Comunicación de nuestra Iglesia Particular, que a través de estos medios electrónicos hacen posible que esta solemne celebración eucarística llegue a muchos lugares y hogares, en donde se unen en oración para pedir por nuestra Iglesia universal y local.

Acabamos de escuchar en el Evangelio de San Lucas el anuncio que hace el arcángel Gabriel de parte de Dios a María para ser la Madre del Salvador. Es saludada con estas palabras: «Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo». Es saludada con un nuevo nombre, favorecida, es decir, la que ha recibido un gran favor de parte de Dios, por eso se le llama «Llena de gracia«, «Gratia plena». El Niño que va a nacer es dado desde el Cielo, porque la misión que va a cumplir en este mundo proviene de Dios, se llamará Jesús, que significa «El Señor salva». María no duda, como Zacarías, pero pregunta cómo sucederá, dado que ella es virgen y, aunque está comprometida en matrimonio con José, aún no viven juntos. Y ante la revelación: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti», María muestra total dependencia y entrega, llamándose a sí misma «esclava, servidora del Señor».

El «sí» de María es una opción radical por Dios, la respuesta de María a la vocación de Dios; su «hágase» es un compromiso total y personal al que se mantendrá fiel de por vida. Así aceptó el plan de Dios sin reserva alguna y en medio del claro oscuro de la fe le era imposible en un principio conocer toda su complejidad, las consecuencias de su opción. El paso de los años y los acontecimientos de la vida de Jesús le fueron mostrando a detalle la voluntad de Dios sobre ella, pero su decisión primera fue fundamental e irrevocable.
La respuesta de María se ha convertido en misión y programa de la comunidad cristiana, que en el acto salvador realizado por Dios en la Virgen reconoce su propia vocación y en ella su modelo de servicialidad, disponibilidad y santidad cristiana.

Sin duda el «hágase» de María es un estímulo para que nosotros realicemos también la opción fundamental por Cristo, en orden a construir un mundo más humano, más cristiano, e instaurar un mundo mejor.

Esta misma María que le dio tan hermosas palabras a Dios, «hágase en mí tu palabra», es la misma que se le apareció aquí en donde estamos, en el Tepeyac, a Juan Diego Cuauhtlatoatzin en 1531, y en donde se le construyó un templo para que nosotros sus hijos la visitemos y le platiquemos acerca de nuestra vida, de nuestras familias, de nuestros pueblos y nación.

«¿Qué no estoy yo aquí, que soy tu Madre?» Sin duda en ella encontraremos alegría, paz, ánimo, fortaleza y deseos de seguir los caminos de su hijo Jesucristo.

Hoy quiero pedirles nos unamos en oración y pongamos en la manos de nuestra Santísima Virgen de Guadalupe y le pidamos en especial por algunas intenciones: Por la paz que tanto anhelamos en nuestra patria; por el Papa Francisco, su salud y sus intenciones; por nuestros familiares y amigos; por los enfermos, los migrantes, los presos, los pobres, los ancianos, las viudas, los niños, los que no tienen trabajo. También les pido nos unamos en oración por tres acontecimientos que me parecen muy importantes:

Primero, nuestro Plan de Pastoral. Gracias a Dios hemos ido avanzando en su elaboración en sinodalidad. Ahora el 24 de febrero, en este mes, les doy la grata noticia, tendremos una asamblea de toda la Arquidiócesis donde vamos a proclamar el Plan Diocesano de Pastoral y su ruta de operatividad.

Segundo, el 60 aniversario de nuestra Iglesia particular de Tlalnepantla y los 60 años de nuestro Seminario. Es una oportunidad para reflexionar en el camino de evangelización que ha tenido esta amada Arquidiócesis, pedir por sus obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos comprometidos que ya nos han precedido en el camino a la casa del Padre; para ellos y ella nuestro reconocimiento y nuestra oración.

Y también es un motivo de alegría por el 60 aniversario de nuestro Seminario. Pidamos por nuestro querido Seminario, por sus formadores y seminaristas y por el aumento y perseverancia de las vocaciones.

En estos cinco años de mi presencia en esta Iglesia local han muerto 44 sacerdotes y solamente se han ordenado 18. Vemos la necesidad de seguir pidiendo mucho por las vocaciones, y les he lanzado el reto a los padres de que en las 200 parroquias que tengamos, cada parroquia detecte un joven con gérmenes de vocación y lo acompañe para que siga un discernimiento vocacional.

Y tercero, las elecciones de este año 2024. Como sabemos, en este año habrá elecciones en nuestro país, elegiremos presidente o presidenta de la República Mexicana, y en el Estado de México también habrá elecciones para presidentes municipales y diputados. Hagamos campañas para que se desarrollen en un clima de paz, de respeto, de concordia, de participación, buscando siempre, siempre, el bien común. Quiero subrayar, es muy importante nuestra participación en la votación, superar la apatía.

El año pasado, que se eligió gobernadora en el Estado de México, no llegó al 50% el número de votantes; ahora queremos que haya esa participación ciudadana. Realmente hay que conocer a los candidatos, candidatas, sus proyectos y cómo los piensan concretizar; es muy importante votar y que sea realmente un voto informado y razonado.

Finalmente, deseo que todos y todas regresemos felices a nuestra parroquias, a nuestras casas, porque nos hemos sentido escuchados y amados por nuestra Madre Santísima, la Virgen de Guadalupe, y bendecidos por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.


José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla