HOMILÍA EN EL V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

February 04, 2024


HOMILÍA EN EL V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

«Jesús no pasaba de largo ante la necesidad de un hermano o una hermana que estaba sufriendo, se detenía y los curaba»

 

Queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

Como todos los domingos, los saludo a ustedes que están aquí en nuestra Catedral de Corpus Christi y también saludo a los que siguen esa transmisión a través de estos medios digitales, en nuestra Arquidiócesis, en México y también en otros países; que la paz del Señor esté en su corazón.

Estamos hoy en el V Domingo del Tiempo Ordinario y estamos siguiendo el Evangelio de San Marcos. A penas estamos en el primer capítulo y vemos cómo Jesús sale a su vida pública, a predicar incansablemente la buena noticia de salvación, a predicar el Evangelio. Y lo encontramos muy activo, aprovecha el tiempo al 100%, y vemos que enseña los secretos del Reino, el proyecto de Dios, pero que también cura enfermos y saca muchos demonios a los que están poseídos.

Le avisan hoy que la suegra de Simón está enferma. Jesús es muy sensible ante las necesidades de los demás, y entonces va con Santiago y Juan a la casa donde está la suegra de Simón, de Pedro. Vemos que tiene una fiebre muy alta y cómo Jesús, con mucha delicadeza, la toma de la mano y la cura. 

Después van llegando muchos, muchos enfermos y endemoniados, a los cuales cura también y saca los demonios. Pero viene una parte muy interesante en el Evangelio, donde se nos plática cómo Jesús se levanta en la madrugada, todavía estando oscuro, y se va a orar a un lugar solitario, a tener esa comunicación con su Padre.

De tal manera que después llega Simón Pedro y lo encuentra orando y le dice: «La gente te anda buscando», y Jesús le dice: «Sí, tenemos que salir a los pueblos cercanos, porque la gente debe de escuchar la Palabra de Dios.» Tenemos una jornada muy interesante de Jesús, «Ora et labora», Jesús ora y hace el bien a los demás.

En la segunda lectura que escuchamos, de San Pablo a los Corintios, podemos ver cómo Pablo, que ha tenido una experiencia muy interesante, muy profunda de Dios, tuvo un encuentro con Él. Recordaran ustedes que hace algunos días fue la fiesta de la Conversión de San Pablo, cuando se cayó del caballo y escucho aquella voz que decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?», quedó ciego y tuvo una conversión. De tal manera que el encuentro con Jesús y el conocimiento con Jesús lo llevó a ser un extraordinario evangelizador. Por eso hoy Pablo dice: «Ay de mí si no evangelizo, y tengo que evangelizar gratis, porque es una gracia el poder anunciar a Jesucristo el Señor.»

Tenemos ahí un testimonio muy importante de alguien que sigue las huellas de Jesús, de alguien que recorre muchos kilómetros, incluso caminando, que va de un pueblo a otro pueblo, pero con esa pasión de anunciar a Jesucristo Nuestro Señor. Y Pablo también tiene momentos de oración, de intimidad con el Señor.

El día de ayer tuvimos una experiencia muy hermosa al celebrar la Peregrinación de nuestra iglesia particular en la Basílica de Guadalupe, cómo nos fuimos caminando para llegar. Me dio mucha alegría ver la Basílica completamente llena de tantos peregrinos y peregrinas que fuimos a ver a nuestra Madre Santísima, la Virgen de Guadalupe, y cómo ella nos animó, nos levantó. A veces traemos tristezas, algún familiar enfermo, alguna pena, alguna dificultad, algún proyecto que no se ha realizado, y la Virgen siempre nos anima, «¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?», y nos animó.

El mensaje central de María, que es colaboradora en la historia de la salvación, es que siempre nos remite a su hijo Jesucristo: «Hagan lo que Él les diga», y hoy precisamente nos está diciendo Jesús: «Vayan y evangelicen». Por eso queremos una Iglesia evangelizada, para que después salga a evangelizar; queremos una Iglesia misionera; queremos una Iglesia sinodal, que sepamos escucharnos, que todos somos importantes, todos merecemos hablar y escucharnos para buscar los caminos del Señor; queremos una Iglesia samaritana, que ve al que lo necesita, al enfermo.

Y ahí tenemos a Jesús, Él no pasaba de largo ante una necesidad de un hermano o una hermana que estaba sufriendo, se detenía, los curaba. Hay veces que había muchos que estaban enfermos del alma, del espíritu, y otros también del cuerpo, y Jesús se detenía; y por eso hoy pedimos por los enfermos.

Dentro de unos días será la Jornada Mundial del Enfermo, el día de Nuestra Señora de Lourdes, el 11 de febrero, pero también pidamos por los que cuidan a los enfermos, porque es una gran labor, debe ser realizada con amor, con delicadeza, con paciencia, con fortaleza. Hoy Jesús nos enseña cómo se debe tratar a los necesitados.

Pues que cada uno de nosotros nos vayamos hoy con ese deseo de no pasar desapercibidos ante los que sufren y conscientes de la oportunidad que tenemos todos los días, en cualquier lugar, de evangelizar, ya sea con nuestra palabra o, sobre todo, con nuestro testimonio. Así sea.


+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla