«Hay que hacer el bien todos los días»
Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:
Como todos los domingos, quiero saludarlos con afecto, que sientan la bendición de Dios en sus corazones. Los saludo a ustedes que están presencialmente en nuestra Catedral de Corpus Christi y también a las personas que siguen esta Eucaristía a través de los medios digitales, en nuestra Arquidiócesis y en algunos lugares de la República Mexicana y del extranjero; que todos sintamos la Paz del Señor.
Hoy la segunda lectura, de San Pablo a los corintios, nos invita a ser luz, a alumbrar a los demás en medio de las tinieblas.
Cristo es la luz. Dijo un día: «Yo soy la luz de este mundo; yo soy el camino, yo soy la verdad y yo soy la vida». Y la luz nos ayuda a ver en medio de la oscuridad.
Dice San Pablo: «A pesar de que a veces tenemos dificultades, adversidades, problemas, que no se nos olvide caminar con Cristo, que es la luz; tomar de esa luz para iluminar a los demás. No importa nuestra debilidad, porque somos humanos, pero, si somos instrumentos del Señor, podemos alumbrar a los demás para que no tropiecen.
La primera lectura, del Deuteronomio, y el Evangelio, de San Marcos, nos hablan del día de descanso. Recordemos que el pueblo de Israel duró muchos años esclavizado en Egipto y el Señor los liberó. De tal manera que después le dedicaban un día, el sábado, para alabarlo y bendecirlo. Y hasta la fecha los judíos celebran el sábado como día de descanso.
Por eso en el Evangelio de San Marcos escuchamos que Jesús iba caminando con sus amigos, sus apóstoles, y cómo tenían hambre y empezaron a arrancar espigas para comer.
Y precisamente estaban los fariseos, que trataban de ver cualquier cosita, cualquier ocasión para poder criticar, y entonces le dicen a Jesús: ¿Cómo es posible que tus discípulos hagan eso en sábado?», porque no se permite.
Y entonces Jesús les dice: «Miren. el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado». Es más importante el hombre, la persona, que el día; se hizo el sábado para el hombre y no el hombre para el sábado.
Y para complementar estas palabras curó a un tullido en sábado, y lo hizo con plena conciencia, para que vieran que Él es el dueño, para decirles que lo más importante es hacer el bien. Ellos decían: «Si es descanso, no se debe hacer absolutamente nada». Y Jesús dice: «Hay que hacer el bien todos los días».
¿Qué lección les dio Jesús?, ¿qué lección nos da también a nosotros? Para los cristianos el día en que alabamos al Señor es el domingo, todos los días lo alabamos, pero de una manera especial es el domingo.
El domingo es el primer día de la semana. Nosotros, por cuestión laboral, estamos acostumbrados a que la semana inicia el lunes, pero el domingo es el primer día de la semana, porque ese día le da sentido a toda la semana, porque hubo un encuentro con el Señor, y el domingo nosotros participamos en la Eucaristía.
Ayer que fui a varias parroquias a confirmar, estuve en tres parroquias, les decía la importancia de participar en la Misa dominical. Y les decía a los adolescentes y jóvenes cómo un día tiene 24 horas y una semana tiene 168 horas, y el Señor nos está pidiendo por lo menos una hora a la semana de estas 168 horas, y nosotros todavía le ponemos pretextos.
Si nosotros participamos en la Misa, escuchamos su Palabra, recibimos la Eucaristía, salimos fortalecidos para el camino de la vida.
Por eso el domingo, día del Señor, nos ayuda a ver que tenemos que hacer ese bien todos los días de la semana y todos los días del año.
La Eucaristía es el sacrificio del Señor, pero también sabemos que la Eucaristía es el banquete, porque tenemos dos alimentos: la Palabra y la Eucaristía, dos alimentos que nos fortalecen el espíritu y el alma.
Es muy importante la convivencia familiar en torno a la mesa. Hay familias que dejan ese espacio el domingo para reunirse, para convivir, para platicar, dialogar, y para comer. Puede ser algo sencillo, pero lo importante es la convivencia, y eso también fortalece a la familia.
Así como la Eucaristía nos fortalece, también la convivencia familiar entre hermanos, con los papás, con los abuelitos. Puede ser que el domingo por cuestiones de trabajo no sea posible, pero se puede buscar siempre un espacio para no perder esos lazos familiares.
También la Eucaristía es un banquete, podemos tener una comida en casa, y se nos habla del banquete celestial, al final de los tiempos.
Pues que el Señor los bendiga a todos nosotros, que tengamos esperanza de un mundo mejor, que lo vamos construyendo desde el Evangelio de Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.
+ José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla