DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

July 14, 2024


DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

 

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

Señor, muéstranos tu misericordia.

Queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

Este domingo le saludo a todos ustedes que participan en esta Eucaristía en nuestra catedral Corpus Christi, y también a las personas qué están siguiendo esta Santa Misa desde sus hogares, dentro de nuestra Arquidiócesis, y también en algún lugar de la república mexicana, y también en el extranjero; a todos les deseo la paz del Señor, y también saludo a los padres que hoy están aquí presentes, sin duda que la Eucaristía nos alimenta con su palabra, y también recibiendo al Señor en la Eucaristía.

Este domingo se nos habla sobre la misión, que es algo muy importante. Sabemos que la misión de la iglesia es evangelizar, es transmitir el amor de Dios, ser testigos del amor de Dios, primeramente conocer nosotros el proyecto del reino y después comunicarlo a nuestros hermanos y hermanas. Hoy en la primer lectura del profeta Amós, escuchamos como tiene dificultades él con un sacerdote del antiguo testamento Amasías, que servía al rey, y siempre quería quedar bien, sin embargo, Amós transmite lo que Dios quiere, anuncia el reino de Dios, anuncia el plan de Dios y Amasías, no le parece, y por eso con palabras duras le dice que se vaya a otro lugar, porque no quieren escuchar esa palabra, y recuerda Amós que él era un pastor y que cultivaba higos, pero que Dios lo llamó y le dijo “ve y profetiza”, y él tiene que hacer caso a la palabra de Dios. Lo mismo hoy en el Evangelio, vemos cómo Jesús envía a sus apóstoles de 2 en 2, para significar qué importante es la comunidad, qué importante es que nosotros sintamos que el mensaje que llevamos es para construir fraternidad. Pero antes de la misión, estuvieron los apóstoles, como nos dice en otra parte del capítulo 3 de San Marcos, nos dice: “llamó a los 12 para que estuvieran con él”; es decir, primero están con el Señor. ¿Cuántas veces lo hemos dicho? Que primero somos discípulos, discípulas, porque tenemos que escuchar al maestro, y después salieron, con la fuerza que les dio Dios, que les da Jesús para ir, y les dice: “no lleve nada, no lleven ni dinero ni pan, ni otra túnica, lleven un bastón y sandalias, y la túnica que traen”. Eso quiere decir que no pongan la seguridad en las cosas, sino pongan su seguridad en el mandato del Señor.

Y les dice: “si no los reciben en una casa, sacudan sus sandalias y vayan a otro lugar”. Y, ¿A qué los envió Jesús? Los envió a predicar, y sobre todo el mensaje era de conversión, y también nos dice el Evangelio, los envío a expulsar demonios y a ungir a los enfermos y quedaban curados.

Estas palabras que escuchamos fueron hace 21 siglos, pero siguen resonando estas palabras en nuestra sociedad, y sobre todo deben resonar en nuestra mente y en nuestro corazón, porque todos los bautizados estamos llamados también a la misión, estamos llamados también a predicar, estamos llamados nosotros a ser instrumentos del Señor. Ojalá que lo podamos comprender, y yo creo que muchos de ustedes ya han tenido esa experiencia de cómo Dios obra maravillas, y nosotros debemos ser esos instrumentos buenos para llevar su mensaje de salvación a todos, que nos sintamos también nosotros enviados. Podemos decir, bueno, los enviados son los sacerdotes, los obispos, el papa, la religiosa, los catequistas; todos los bautizados somos enviados y estamos llamados a ser misioneros y misioneras, pero antes estar con el Señor.

Que nosotros también anunciemos en donde nos encontremos: en nuestro trabajo, con nuestros vecinos, con los que nos vamos encontrando a nuestro camino; anunciemos las buenas noticias de salvación, esas noticias que nos invitan a vivir como hermanos, a vivir en comunidad, a saber ayudarnos unos con otros, a tener sensibilidad con los que más sufren, con los inválidos, con los pobres, con los sencillos, con los pecadores, con los presos, con los migrantes, con los que viajan, que también nosotros, ahí, mostremos que somos discípulos del Señor.

Así sea.

Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla