«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva»
Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:
Como cada domingo, los saludo con afecto a quienes están aquí en nuestra Catedral y también a los que a través de estos medios digitales llega esta transmisión a sus hogares dentro de nuestra Arquidiócesis de Tlanepantla como a otros lugares de la República Mexicana y también del extranjero; a todos les deseo la paz del Señor.
Estamos en este III Domingo Ordinario e iremos viendo las actitudes de Jesús, cómo después de estar en el desierto sale para iniciar su ministerio pastoral. Hoy la primera lectura, del libro de Nehemías, nos prepara el corazón para todavía comprender más el Evangelio. En ese tiempo Nehemías era el gobernador y un sacerdote llamado Esdras es el protagonista. El contexto es cuatro siglos antes de la venida de Cristo, de tal manera que el pueblo judío conocía los primero cinco libros de la Sagrada Escritura, que se llama el Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Y nos platica hoy esta lectura, y nos debe asombrar también, la veneración que se le tenía a la Palabra de Dios, porque el sacerdote Esdras desde la mañana sacó el libro y lo estuvieron leyendo hasta el mediodía y la gente se postraba y reconocía la Palabra de Dios, el mensaje de Dios.
Hoy también celebramos el día de la Biblia, el día de la Sagrada Escritura, y por eso se ha puesto este ambón con la Sagrada Escritura. Abro un paréntesis para hacer conciencia de cómo los católicos debemos darle todavía más importancia a la Biblia, a la Sagrada Escritura. Es hermoso cuando llega uno a una casa con una familia y encuentra en un lugar especial la Biblia, la Sagrada Escritura abierta, ojalá que no sea de adorno sino que sea también una provocación para poder tomarla, leerla y comentarla en familia, creo que eso mejoraría mucho la vida familiar, escuchando la Palabra de Dios. Así es que quiero invitarlos a todos para que tengamos en un lugar especial de nuestra casa la Biblia, la podamos abrir, leer, meditar, asimilar y buscar ponerla en práctica. Cierro el paréntesis.
Les decía que esta primera lectura, del libro de Nehemías, nos prepara para el Evangelio y hoy Jesús llega hasta donde se había criado, un pueblo pequeño llamado Nazareth. Entonces a Él también le toca leer la lectura, toma la iniciativa porque la tenía que hacer alguien mayor de 30 años y Él tenía 30 años, y desenrrolla el volumen, no había libros, eran volúmenes, y entonces leé el pasaje de Isaías capítulo 61. ¿Qué decía ese capítulo? Palabras muy importantes, que a Lucas le interesa que desde el principio del Evangelio se conozca el programa de Jesús, no tanto su vida sino el programa, a qué vino Jesús. Entonces empieza a leer Jesús: «El Espíritu del Señor está sobre mí y me ha ungido para llevar la buena nueva a los pobres, la liberación a los cautivos, dar la vista los ciegos y consolar a los oprimidos». Siguió leyendo y parecía que todo era normal, pero al final dice: «Hoy se ha cumplido esta palabra», es decir, Él es el Mesías y ha venido a eso.
La realidad es que nosotros como seguidores de Jesús también estamos llamados a seguir el programa, ese programa de ver por los pobres. Podemos hablar en el sentido material, ¡cuántos pobres no hay en el mundo y en nuestro México!, y con la pandemia ha aumentado todavía más el número de pobres, también se refiere a pobres de espíritu, gente que necesita de Dios, de conocer el mensaje de salvación. Por eso la tarea de la Iglesia es evangelizar, llevar la Buena Nueva por todas partes, y Jesús está preocupado de los pobres, de los cautivos, de los ciegos, de los necesitados, porque el proyecto de Dios es que seamos hermanos, que formemos una familia, que la distribución de los bienes en el mundo sea más equitativa, que no haya tantas diferencias, sino que estemos atentos al que más lo necesita, y Jesús lo puso en práctica. «Yo no he venido a ver a los sanos, sino a los enfermos; los sanos no necesitan de médico, sino los enfermos», y a Jesús siempre lo vemos consolando, viendo al pecador, dando palabras de aliento a los demás, ese es el camino de nosotros los cristianos. Por eso también toda esta semana ha sido de oración por la unidad de los cristianos, hay avances muy importantes en el mundo, pero también hay divisiones, y Jesús quiere que vivamos como familia.
Por otro lado, también la segunda lectura, de la primera carta los corintios en el capítulo 12, la conocemos y hace ocho días platicamos un poquito sobre el tema, Dios nos ha dado carismas, nos ha dado dones, pero son para ponerlos al servicio de los demás. Hoy también esta lectura de San Pablo nos pone el ejemplo de un cuerpo para decir: En un cuerpo es distinto el pie de la mano, la mano del ojo, el ojo del oído, pero todos se necesitan, de tal manera que si uno sufre, sufre todo el cuerpo; si uno está alegre, todo el cuerpo está alegre. Esto quiere decir que Dios ha dado muchos dones a todos, distintos, pero es para formar una unidad. A veces somos envidiosos, nos da envidia cualidades que tienen otros, pero no nos debe dar envidia sino que debemos pensar en los dones que Dios nos ha dado, los talentos, y los talentos no son para esconderlos, como también nos dice la parábola, sino son para ponerlos a producir, para multiplicarlos en bien de los demás. Cristo es la cabeza y nosotros somos su cuerpo.
Ayudémonos unos a otros con lo que Dios nos ha dado; hagamos crecer también los dones para bien de los demás y para la construcción de su Reino. Que el Espíritu Santo nos siga animando a cada uno de nosotros a seguir adelante, que la Biblia sea una luz para nuestra vida, un faro que nos va guiando, y que también pongamos lo que Dios nos ha dado, los talentos, al servicio de los demás, buscando siempre la unidad, no la división; buscando siempre la comunidad, no vivir en una isla; formar la fraternidad que el Señor quiere. Así sea.
+ José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla