Homilía del 11 de Agosto del 2024

August 11, 2024


Homilía del 11 de Agosto del 2024

 

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

"Yo soy el pan de vida bajado del cielo dice el Señor. "

Queridos hermanos, hermanas, les saludo a todos con afecto en este domingo, y también a los que están siguiendo esta transmisión, desearles la paz del Señor y que siempre valoremos el alimento que da vida eterna: la palabra de Dios y la eucaristía.

Ya van varios domingos que hemos seguido el capítulo seis de San Juan. Un capítulo muy interesante porque nos habla como Jesús es el pan de vida, y se tiene la experiencia del pan que comemos nosotros, el alimento que nos da fuerza, el maná que los israelitas recibieron cuando iban caminando por el desierto y que, a través de Moisés, Dios les da de comer para que sigan caminando. Jesús realiza también en este capítulo y, parte de esta experiencia de explicarles, cómo Él es el pan de vida realizando ese impactante milagro de la multiplicación de los panes y de los pescados; y cómo a partir de ahí, la gente lo seguía, lo seguía a veces por interés, pero también porque andaban en búsqueda. Y siempre se compadecía, porque estaban como ovejas sin pastor, y les enseñaba muchas cosas, les enseñaba los secretos del Reino de Dios y también curaba enfermos, expulsaba demonios. Y siempre se daba en un contexto de fe, porque los milagros no es algo mágico, si no es cuando se tiene fe. 

Y también nosotros encontramos hoy en la primer lectura del libro de los Reyes, a aquel gran profeta Eliseo, nueve siglos antes de la venida de Cristo. Y Eliseo defendía la fe en Dios, lo que se llama el monoteísmo. En ese tiempo había muchos dioses en distintos pueblos y entonces Eliseo proclamaba la existencia y la creencia en un solo Dios verdadero, de tal manera que les molestaba a muchas personas esto, porque había distintos dioses, y lo perseguían a Eliseo. Llegó un momento que estaba en crisis, y que se sentó abajo de un árbol, y le dijo a Dios –Ya quiero morirme, ya quiero que me quites la vida. Y se quedó dormido. Cuando despertó, vio que había un trozo de pan asado y un vaso de agua, que lo llevó un ángel, y entonces comió y siguió su camino, le dio fuerzas. Caminó muchos días para llegar al oreb, el cerro sagrado, el monte sagrado, donde Eliseo tuvo un encuentro con Dios, como también lo hizo Moisés. Ese es un pan que quita el hambre, pero vuelve uno a tenerla después, en cambio el pan que da Jesús, que es Él mismo, es un pan para la vida eterna. 

Y en el desarrollo de este capítulo seis de San Juan, vemos como murmuraban sus paisanos y decían –¿Por qué dice que Él es el pan de vida? Si nosotros conocemos a su papá, conocemos a José, conocemos a María, ¿cómo dice Él que es el pan de vida eterna? En el fondo les faltaba fe, no creían en el misterio de la encarnación, es decir, que Dios se hizo hombre como nosotros; y se pareció en todo, menos en el pecado. 

La finalidad de este capítulo es que también nosotros valoremos la Eucaristía, porque cuando dio de comer a cinco mil hombres, y todos se admiraron. Cuando nosotros venimos a la eucaristía, algunos no pueden recibir la Eucaristía, pero la pueden hacer espiritualmente, pero también reciben la palabra, y es un alimento para la vida. 

¿Nosotros creemos? Es la pregunta. Los judíos dudaron, no creían, ¿nosotros creemos realmente cuando vamos al Sagrario, que ahí está Jesús sacramentado? ¿nosotros creemos cuando en la mesa, en el altar, se nos entrega como alimento para la vida eterna? Ojalá que nosotros reafirmemos nuestra fe. Jesús en la última cena dijo –Tomen este es mi cuerpo. Beban esta es mi sangre que será derramada. Y entonces nosotros tenemos la oportunidad de alimentarnos con el mismo Jesús para caminar con esperanza.

Ciertamente el Mundo en el que vivimos es un mundo muy complicado, es un mundo con inseguridad, con violencia, donde hay justicias, donde falta la fraternidad; y el venir a la eucaristía, eso nos ayuda para que en familia podamos vivir unidos a Jesús, y también con la presencia de la Virgen. Por eso debemos salir de la eucaristía con esperanza, los problemas no se resuelven de la noche a la mañana, pero cuando nosotros tenemos esperanza, cuando tenemos fe, y cuando vivimos en el amor, vamos en la dirección adecuada.

Que el Señor sea para nosotros el pan de la palabra, el pan de vida para cada uno de nosotros.

Así sea.

 

Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla