Homilía del 22 de diciembre de 2024

December 22, 2024


Homilía del 22 de diciembre de 2024

 

IV DOMINGO DE ADVIENTO

Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús. A todos le saludo con aprecio, que han venido aquí a participar presencialmente a nuestra catedral Corpus Christi este cuarto domingo del tiempo de adviento. Y también saludo a las personas que están siguiendo esta transmisión, en el territorio de la arquidiócesis, pero también en algunos lugares de la república mexicana, y también en el extranjero.

Sin duda que la corona de adviento nos ayuda a visualizar que ya está, que vamos a celebrar pronto, el nacimiento del niño Dios. Y por eso debemos estar preparados, preparar nuestro corazón para que tengamos esa actitud de espera, pero una espera activa, una espera generosa. 

Ha habido brújulas en estas cuatro semanas, o guías, que nos han ayudado a preparar nuestro corazón para que recibamos dignamente al niño Dios en esta Navidad que se acerca; sin duda, que tenemos a los profetas, en especial a Isaías, y toda la perspectiva del antiguo testamento, es la espera del Salvador; pero también la figura impactante de Juan el Bautista, en estos domingos nos ha ayudado para preparar, cómo él le tocó esa misión, de preparar los caminos del Señor; y quien más nos ayuda a esta preparación, sin duda es la virgen María, tenemos nosotros ese momento tan hermoso cuándo el ángel Gabriel le comunicó los designios de Dios "Has hallado gracias a los ojos de Dios y vas a ser la madre de del Salvador, concebirás a tu hijo por obra y gracia del Espíritu Santo", y María dijo esas bellísimas palabras "Yo soy de esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra". Realmente una persona llena de fe, de poner toda su confianza en las manos de Dios. 

Pero el Evangelio de hoy nos habla de la visitación, después de que María recibió esa gran noticia va a visitar a su prima Isabel; y realmente es una distancia de muchos kilómetros, de Galilea a Judea, por eso también, entre paréntesis, las posadas, que dura nueve días, recuerdan ese camino que realizó. Y por eso vemos nosotros cómo llega María la casa de Zacarías, a la casa de Isabel, y en ese momento la criatura salta en el seno de Isabel "Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre". ¿Quién soy yo, le dice Isabel, para que vengas a verme? Apenas llegaste, y la criatura saltó en mi seno. 

El encuentro de dos mujeres. Se va terminando el antiguo testamento, y viene el nuevo testamento con la venida de Jesús. Y como esta visitación le hace muy bien a Isabel. Por eso los he invitado durante estas cuatro semanas de adviento, a prepararnos, que no sea una Navidad más, sino es la renovación del amor que Dios nos tiene, enviándonos a su hijo Jesucristo, la palabra hecha carne. Y los he invitado para que en este tiempo de adviento, pues hagamos algo por los demás. Todo el año estamos invitados, pero el adviento también es compartir, compartir nuestro tiempo, compartir nuestros bienes materiales con aquellos que menos tienen, poder hacer algunas obras de misericordia: el visitar al enfermo, al que sufre, al que vive solo. 

Por eso quiero invitarlos para que sigamos nosotros caminando. Ya pasado mañana es Nochebuena y el 25 Navidad, que como les he comentado varias veces, nuestro corazón sea el pesebre donde nazca Cristo, ese Cristo que nos trae buenas noticias, que nos habla de un Dios que nos ama, que nos habla de que somos hermanos nosotros, Hijos de un mismo padre; y por eso deben nacer en nuestro corazón sentimientos agradables, sentimientos de gratitud, de fraternidad, de sinodalidad, de respeto, de apoyo de amor.

Pues que el Señor a todos nos siga bendiciendo, Dios nos siga bendiciendo a todos, y que sigamos preparando nuestro corazón, para que sea una Navidad en familia, en comunidad, donde Jesús nos muestra, donde Dios nos muestra, que nos ama profundamente. Así sea.

+Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla