CELEBRACIÓN DE LA NOCHE BUENA 2024
Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.
Dios siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza.
Queridos hermanos, hermanas en Cristo Jesús. Les saludo a todos ustedes que están en esta celebración de Navidad en nuestra catedral Corpus Christi, y también quiero saludar a todos los que esta Eucaristía a través de los medios digitales. Que sintamos en nuestro corazón una gran alegría por esa noticia del nacimiento del niño Jesús.
Por eso es muy importante que nosotros contemplemos el nacimiento, este misterio de la Encarnación. Que ciertamente no hay palabras adecuadas para expresar el amor que Dios ha tenido con nosotros al enviarnos a su hijo Jesucristo. En la iglesia hemos tenido cuatro semanas de preparación, el tiempo litúrgico de adviento, y nos habla de las tres venidas de Cristo: la venida histórica, hace 2024 años, que nació en Belén; la segunda venida, que vendrá y no sabemos nosotros el día ni la hora; y también la que Jesús viene todos los días, en el presente, hay un pasado, hay un futuro, y hay un presente. Y nosotros como cristianos tenemos que ver el rostro de Cristo en los demás de una manera privilegiada en los más necesitados, en nuestros hermanos que más sufren, ahí está Cristo.
Hoy la palabra de Dios, pues nos habla de este gran acontecimiento que cambió el rumbo de la historia al venir Dios a la tierra. Y la lectura del Evangelio pues tiene tres partes, fundamentalmente. La primera, ese hecho de un censo que se realizó, y que tenían que ir a empadronarse José y María, y tenía que ser en la tierra de José, es decir, él venía de la descendencia de David, y tenía que ir a ese pueblo. Y fueron muchos kilómetros, realmente, desde Nazaret hasta Belén. Todo ese recorrido que hicieron, seguramente que hubo muchos momentos de silencio para reflexionar, para meditar en lo que Dios estaba realizando en María, estaba esperando a su hijo nacido por obra y gracia del Espíritu Santo. Y llegaron a Belén. Y viene el hecho central del Evangelio: el nacimiento del niño Dios. Pero como había mucha gente porque había este empadronamiento, este censo, y ellos eran pobres, pues no tuvieron lugar, no pudieron con conseguir una posada, un lugar, porque le llegó la hora a María, y resalta mucho el Evangelio, cómo Jesús nació en un pesebre, en un establo, un pesebre; y vemos esa escena de José y María viendo al Niño Jesús. Y finalmente el Evangelio nos habla de cómo un ángel se les aparece, y no se les aparece a gente socialmente importante, o gente con títulos, si no se les aparece a unos pastores, a una gente pobre, son los primeros en conocer la gran noticia del nacimiento del niño Dios; y por eso se escuchó la voz de los ángeles que decían "Gloria Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad". Y fueron los pastores para ser testigos de esa grandiosidad de la palabra hecha carne.
Por eso yo los he invitado a que, en este tiempo, a que nuestro corazón sea un pesebre, es decir, que Cristo nazca en nuestro corazón, y si Jesús nace en nuestro corazón o renovamos ese amor, pues vamos a hacer el bien, vamos a vivir con amor en este mundo tan complejo, en esta sociedad con tantos retos, pero que estamos llamados nosotros hacer personas que pongan las tres virtudes en práctica, que las pongamos: la fe, la esperanza, y el amor. Por eso imaginémonos nosotros, como nuestro corazón puede ser un pesebre, y el corazón pues el signo siempre del amor, ese amor que Dios ha sembrado en nosotros para poderlo transmitir a los demás.
Hoy por la mañana el papa Francisco, en Roma, inauguró un año santo, y se abrió la puerta santa para que sea un año 2025, un año especial de renovación para todos los cristianos, de acercamiento a la iglesia, y también de poder transmitir el mensaje a los demás. Aquí también, el 5 de enero, haremos también, ese domingo, la apertura de este año, que el papa ha puesto especial énfasis en que sea un año en que crezcamos en la virtud de la esperanza. ¿Qué tanta esperanza necesitamos? Y Jesús es La Esperanza, el niño Dios es la esperanza. Esperamos un mundo mejor, esperamos una familia mejor, esperamos una una parroquia mejor, un grupo mejor, una iglesia mejor. Es la esperanza, pero si ponemos la esperanza en Jesús, lo vamos a ir logrando, especialmente en este año jubilar del 2025.
Pues que esta Navidad sea una Navidad muy alegre, pero no porque se tenga fiesta, sino porque estamos celebrando algo muy grande que se llama el nacimiento de Dios, del Niño Jesús. Que Dios nos bendiga a todos, que Niño Jesús nos ayude a vivir mejor, y que cada familia también pues viva los dones de la alegría, de La Paz y de la unidad.
Así sea.
+Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla