Homilía del 16 de febrero de 2025

February 16, 2025


Homilía del 16 de febrero de 2025

 

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Dichoso el hombre y la mujer que ponen su confianza en Dios.

Queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús. Les saludo con afecto este domingo, y también a las personas que nos siguen a través en la de los medios digitales.

En este sexto domingo del tiempo ordinario, el evangelio nos da una enseñanza muy grande. Siempre la palabra de Dios nos da pistas para vivir, y para vivir como hijos de Dios. Y precisamente hoy, en el Evangelio de San Lucas, se nos habla de las Bienaventuras. En San Mateo son ocho bienaventuranzas, y en San Luca son cuatro y también cuatro cosas negativas; de tal manera que es un evangelio muy central, muy importante para nosotros los cristianos, por qué se nos invita a que seamos pobres de espíritu. Y el pobre de espíritu es aquel que pone toda su confianza en Dios.

Ya la primer lectura del profeta Jeremías nos dice eso, ¿verdad? "Dichoso el que pone su confianza en Dios". En las buenas y en las malas. Como cuando hay un matrimonio, en el consentimiento se dice "queremos estar juntos en la salud, en la enfermedad, en las penas, en las alegrías". Pues también el que es pobre de espíritu es aquel que siempre confía en Dios, en todas las circunstancias. Y por eso Jesús hoy le dice a la muchedumbre, le dice a los discípulos, a sus apóstoles: "dichosos los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de Dios, dichosos los que tienen hambre porque serán hartados, dichosos los que lloran porque reirán al final, y dichosos también aquellos que sean criticados, aquellos que sean difamados por Jesús; salten de alegría porque al final tendrán su premio". 

Y es que fíjense que, hoy, Jesús manifiesta una inversión total de los criterios humanos sobre la felicidad. Si yo les pregunto ¿dónde se encuentra la felicidad? Pues muchos la buscan en el poder, en el tener, y en el placer. Son los tres hilos que mueven al mundo, y Jesús dice "ahí no está la felicidad, la felicidad está en confiar en Dios", y manifestarlo en el servicio y la generosidad, en la lucha por la paz, por la justicia, por la comunidad, por la familia, por la fraternidad. ¡Ahí se encuentra la felicidad!. Y podemos decir nosotros que Jesús vivió las bienaventuranzas de manera total, porque él fue pobre, y cuando se dice pobre de espíritu es el que confía en Dios, puede ser que hay un pobre materialmente, pero que no ponga su confianza en otras cosas; puede ser un rico que tenga mucho pero que tenga ese temor de Dios y también esa relación con él. Pobre de espíritu significa el que pone toda su confianza en Dios, y lo vemos en Jesús, que siempre confío en el Padre, y siguió sus huellas; fue fiel hasta la muerte en la Cruz. 

Así es que nosotros nos sentimos felices cuando somos generosos, cuando perdonamos, cuando compartimos, cuando hacemos algo por aquel que no lo tiene. Y muchas veces podemos trabajar por los demás y estar cansados, pero siente una felicidad y una paz en el corazón. Los criterios de Dios son muy distintos a los criterios de los demás, de los hombres. A veces aquí en la tierra vale más el que tiene, y para Dios vale más aquel que tiene un buen corazón, aquel que es capaz de dar la vida por los demás. Recuerden aquel pasaje donde Jesús estaba observando cuánto daba la gente en el templo y llegaban los poderosos y daban mucho, pero hasta hacían ruido para que se notara; en cambio aquella viuda que entró y dio una moneda, dijo Jesús "esa dio más que todos, porque dio todo lo que tenía", es decir, los criterios de Dios son muy diferentes a los criterios humanos. Dios siempre tiene esa preferencia por los más necesitados. Pero estamos invitados todos, los que tienen y los que no tienen, a confiar en el Señor. Dichosos los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de Dios, y el reino de Dios consiste en poner la confianza en Dios nuestro Señor.

Así sea.

+Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla