HOMILÍA EN EL XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

July 20, 2025


HOMILÍA EN EL XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

"Orar y Trabajar: Contemplar y Actuar"

 

Queridos hermanos, hermanas, en el Señor Jesús:

Siempre la Palabra de Dios ilumina nuestra vida y es para que nosotros la confrontemos con nuestro diario vivir. Quiero saludarlos a todos ustedes este domingo: a los que están aquí presencialmente en nuestra Catedral y también a las personas que se unen desde distintos lugares, aquí en nuestra Arquidiócesis, en algunos lugares de la República Mexicana y también en el extranjero. Que siempre experimenten la presencia de Dios Nuestro Señor.

Hoy, la Palabra de Dios, sobre todo la primera lectura y el Evangelio de San Lucas, nos habla de un valor que tenemos que considerar cómo lo estamos viviendo: es el valor de la hospitalidad. Escuchamos a veces que México es muy hospitalario, que una familia es muy hospitalaria, y realmente, ¿cuándo somos hospitalarios? Cuando alguien recibe en su casa, pues es una muestra de cariño, de fraternidad. Aunque esto se vive más en los pequeños poblados, en lugares donde hay menos gente y se conocen. En las grandes ciudades, se ha ido perdiendo porque se da la inseguridad, hay distintos problemas en nuestra sociedad actual, pero siempre no debemos perder la capacidad de tener un corazón hospitalario, como lo tuvieron Abraham en la primera lectura y también María y Marta.

Escuchamos el relato de cómo tres hombres fueron a visitar a Abraham, y él se portó de una manera muy amable, de una manera muy fraterna, y sin conocerlos, los recibió. Les ofreció que descansaran y también comida para que repararan sus fuerzas. Y bueno, algunos biblistas y exegetas dicen que la presencia de estas tres personas simbolizan al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo que llegaron a visitar. Y ¿cuál fue la promesa en el último versículo? Que alguno de ellos le expresó a Abraham y le dijo: «Dentro de un año voy a regresar y tu esposa Sara tendrá un hijo», es decir, le da esa gran noticia.

También en el Evangelio, la narración es muy interesante porque Jesús tenía una familia que era una familia amiga, que vivía en un poblado pequeño que se llama Betania, y esta familia estaba integrada por tres hermanos: Marta, María y Lázaro (al que Jesús resucitó). Era una familia de mucha confianza. Sabemos que Jesús, pues, tenía que andar por muchos lugares predicando los secretos del Reino, revelando el rostro de su Padre.

Ahora bien, ¿cómo se desarrolló la escena después de que llegó Jesús? Cada una de las hermanas tuvo una actitud distinta. Marta era la mayor y entonces ella estaba preocupada en que todo estuviera bien en la casa, que estuviera limpia, que estuviera bien arregladita, que era un amigo muy cercano, Jesús, y había que atenderlo como se merecía. Y ella andaba atareada con los quehaceres de la casa. Sin embargo, María se puso ahí en la salita de la casa a platicar con Jesús, a platicar. ¿Qué temas estarían viendo? Pues sería algo muy profundo, interesante, algo que da vida, que anima, que orienta. Y entonces hubo un momento en que Marta se desesperó y, como había tanta confianza, fue con Jesús y le dijo: «Oye, Jesús, dile a mi hermana que me ayude con los quehaceres de la casa para tener lista la comida, para preparar bien lo que iban a beber». Y entonces Jesús le dice: «Marta, Marta, tantas cosas te preocupan y hay una, la más importante, y María la ha elegido», y ¿qué es la parte, la cuestión más importante? Escuchar la palabra de Jesús, la Palabra de Dios.

Yo creo que las conclusiones que podemos ver en este pasaje son muy hermosas, porque las dos hermanas estaban actuando muy bien, o actuaron muy bien, pero Jesús siempre da una enseñanza, una catequesis para la vida, para nosotros, como son dos cosas importantes: el quehacer, pero también el tener momentos de silencio para escuchar. En nuestra vida práctica vemos que a veces andamos con muchas preocupaciones, con muchas actividades y hay veces que no tenemos momentos de silencio, pero aquí el silencio es diferente porque el silencio es escuchar la Palabra de Dios. Ahí está lo importante: escuchar a Dios para transmitirlo en la vida.

Entonces, por un lado, nos podemos preguntar nosotros: ¿cuál es nuestra actitud cuando alguien nos visita? ¿Una actitud fraterna?, ¿una actitud sencilla? Yo recuerdo que mi mamá decía que cuando alguien llegaba a la casa, por lo menos tenía uno que ofrecerle un vaso de agua. Pero ofrecer un vasito de agua es una actitud muy bonita, ¿verdad? Porque es que la persona se sienta acogida, se sienta contenta, se sienta bien recibida. Y por otro lado, pues yo creo que detenernos muchas veces en nuestra vida para estar con el Señor, para estar en oración, para escuchar, como María escuchó a Jesús, que también nosotros escuchemos a Jesús, y eso le va a dar un sentido a la vida.

Quisiera mencionar a dos Santos que tienen frases que nos ayuda a pensar en esta situación. San Ignacio de Loyola es uno, él decía la palabra de: la contemplación en la acción, o sea, estar contemplando en la acción, es decir, hay veces que nosotros estamos actuando, pero tenemos que contemplar también qué es lo que Dios quiere.

Las dos cosas son importantes: la contemplación y la acción. Y otra de San Benito, que decía: Ora et labora, haz oración y trabaja. Las dos cosas: hacer oración y trabajar, trabajar y hacer oración.

Entonces, ¿cómo estamos nosotros, queridos hermanos? ¿Cómo estamos en nuestra vida? ¿Trabajamos mucho y no oramos? ¿Oramos y no trabajamos? Las dos cosas son importantes: lo que hizo María, muy importante; lo que hizo Marta, muy importante.

Y siempre el ejemplo, el modelo para nuestra vida, sin duda, es Jesucristo Nuestro Señor. Él hacía las dos cosas: contemplaba y actuaba. ¿Cuándo contemplaba? Cuando pasaba noches en oración, en intimidad con su Padre, cuando se retiraba en el monte para estar solo y para comunicarse con Dios. Y después actuaba. Las dos cosas son importantes en nuestra vida: orar y trabajar, contemplar y actuar.

Pues que el Señor nos bendiga a todos y que este Evangelio, de este contacto que tuvo Jesús con la familia de Betania, nos ayude a nosotros para ser hospitalarios, también para ser personas que hagamos oración y que trabajemos haciendo el bien como Jesús nos lo recomienda, nos lo dice y nos invita a realizarlo. Así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado Arzobispo de Tlalnepantla