HOMILÍA EN LAS ORDENACIONES DIACONALES 2025

August 15, 2025


HOMILÍA EN LAS ORDENACIONES DIACONALES 2025

 

«Que se les note la alegría de ser servidores del Señor»

 

Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

En primer lugar quiero saludar a los que serán ordenados diáconos, a Óscar, a Trinidad y a Víctor; a sus familiares, que están aquí presentes; a todos los hermanos y hermanas que han venido de distintas parroquias y que tienen una cercanía con ellos. También quiero saludar a todos los sacerdotes aquí presentes, de manera particular a los del equipo formador y a aquellos que han acompañado a estos jóvenes en este camino vocacional para que hoy reciban su diaconado. También a todas las personas que están siguiendo a través de las redes sociales, de los medios digitales, esta Eucaristía. A todos les invito para que hagamos oración para que estos hermanos nuestros vivan con alegría y fidelidad este Ministerio del Diaconado.

En el capítulo 6 de los Hechos de los Apóstoles encontramos la narración de cómo los discípulos de Jesús iban creciendo, y cómo los apóstoles ya no alcanzaban hacer algunas tareas y había quejas de que se había abandonado a las viudas, el cuidado de las viudas y su alimentación. De tal manera que ellos se pusieron a hacer un discernimiento, y entonces dijeron: «Vamos a nombrar algunos varones que tengan buena fama, que sean justos, varones que tengan el Espíritu Santo», y eligieron algunos varones para ese servicio en especial. Claro que también para anunciar la Palabra, pero sobre todo para ver la caridad, para atender a los más pobres, a los más necesitados.

Y hoy ustedes van a recibir su diaconado. La palabra diácono significa: servidor. Y tiene tres encomiendas fundamentales: el anuncio de la Palabra, anunciar la Palabra con su voz y con su testimonio, «anunciar a Dios a tiempo y a destiempo»; la segunda encomienda es servir en el altar, tener muy especialmente la Eucaristía, que es el centro y culmen de la vida cristiana, y acercarse para ir valorarlo más lo que significa la Eucaristía; y la tercera encomienda es el ministerio de la caridad.

Por eso es importante que hoy ustedes tengan bien claro, después de un proceso vocacional, de un camino, de haber pasado por el discernimiento, por el discipulado, por la confrontación y por la configuración y haber terminado esta etapa, pues ahora disponerse para vivir con intensidad la ordenación diaconal.

Evidentemente que tienen algunas funciones como diáconos, como es celebrar el Bautismo, o bendecir los Matrimonios, o llevar el viático a los moribundos. Porque muchas veces cuando termina la celebración de la ordenación, algunas gentes se acercan y le dicen: “¿Me puede confesar?, o ¿cuándo va a celebrar la Misa? Ustedes son diáconos transitorios y vivirán unos meses este diaconado, pero vivirlo con mucho con mucha fe, con mucha esperanza.

Así como los apóstoles necesitaban ayuda, yo como obispo necesito ayuda de ustedes, y también el presbiterio necesita su ayuda. Por eso el diaconado es una etapa muy hermosa de servicio, pero ese servicio es para seguir potenciando ese valor para que después, si Dios quiere que reciban el presbiterado como sacerdotes, puedan gastar su vida para gloria de Dios y para bien de los demás.

Estas ordenaciones hoy se realizan en la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. María, después de terminar su vida terrena, sube en cuerpo y alma a los cielos; que es una consecuencia de la maternidad divina. Y también para nosotros es un motivo de alegría, porque es lo que nos espera, es la esperanza, es el Cielo, es la Resurrección, y la Virgen María está allá y desde allá también está acá bendiciéndonos. Por eso este dogma que proclamó el Papa Pío XII en 1950 nos habla de ese acontecimiento de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma a los cielos.

Es la misma María que encontramos en el Evangelio. Este pasaje de la Visitación ordinariamente se proclama cuando visitamos la Basílica de Guadalupe, pero siempre encontramos elementos nuevos para nuestra vida. María es un modelo para todos nosotros como discípulos misioneros de Jesucristo, sobre todo por poner siempre su confianza en Dios, su disponibilidad para hacer la voluntad de Dios, desde la invitación para ser la Madre del Salvador.

Es también un ejemplo para todos, pero especialmente para ustedes, que serán ordenados diáconos: el valor del servicio. Cómo María tiene que caminar varios días para llegar a ver a su prima Isabel, que ya era avanzada en edad, pero que tenía necesidad. Y el Evangelio nos dice que pasó tres meses con Isabel, ayudándola, sirviéndola. La vida de María fue también servir a la Sagrada Familia, junto con José acompañar a su hijo Jesús y enseñarle el valor del servicio, de la entrega. Por eso ustedes tienen en la Virgen María ese modelo de disponibilidad y de servicio.

Los invito para que ustedes inicien con mucho entusiasmo su diaconado, que se les note la alegría de ser estos servidores del Señor.

Yo quiero encargarles dos cosas especialmente hoy, dos apostolados. Cada uno de ustedes va a estar en un lugar diferente, pero van a tener esa comunión, esa fraternidad. Y los dos apostolados son: visitar a los enfermos y a los presos.

Visitar a los enfermos en las casas y en los hospitales, llevarles la Palabra de Dios, llevarles la Comunión, llevarles el consuelo. Tantos enfermos que tenemos necesitan de la Palabra de Dios, de la cercanía, del consuelo, de la misericordia, y ustedes también, dentro de sus actividades que tengan, póngalo como una prioridad para su diaconado: visitar a los enfermos en las casas y en los hospitales.

Y la segunda encomienda es visitar a los presos. La Dimensión de la Pastoral Penitenciaría, el poder ir también al CERESO junto con el equipo de hermanos que ya realizan un apostolado para también llevarles la Palabra de Dios a los presos, llevarles el consuelo. Dentro de lo que van a tener, son dos apostolados: los enfermos y los presos.

Queremos nosotros en Tlalnepantla, en nuestra Iglesia, tener una Iglesia en salida, una Iglesia misionera, y que no sea nada más un eslogan, sino que realmente salgamos, y salgamos a los más pobres, a los más necesitados, a aquellos que necesitan del consuelo de la Palabra de Dios. Y esto no solamente será para los diáconos, es para todos nosotros, que no nos encerremos en los muros de un templo, de una casa parroquial, sino que también salgamos para encontrarnos con aquel que sufre, con aquel que tiene necesidad, para llevarle a Dios a cada uno de ellos.

Pues que el Señor los bendiga, Trini, Oscar, Víctor, bendiga a sus familias, bendiga a nuestro Seminario y bendiga a nuestra Arquidiócesis, y que la Virgen de los Remedios y San Rafael Guízar y Valencia también intercedan por su ministerio. Así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla