HOMILÍA EN EL XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

August 24, 2025


HOMILÍA EN EL XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

«El criterio para entrar por la puerta es el amor, el dar la vida por los demás»

 

Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

Les saludo a todos ustedes con afecto de pastor, a quiénes participan presencialmente aquí en nuestra Catedral en esta Santa Eucaristía y también saludo a los que a través de las redes sociales, de los medios digitales, se unen a nuestra celebración. A todos les deseo paz y bien.

Este XXI Domingo del Tiempo Ordinario el mensaje central del Evangelio es que Dios ofrece la salvación a todos los pueblos, a todas las razas, la salvación es universal.

En el tiempo de Jesús había las escuelas rabínicas, y la gran mayoría pensaba de que la salvación solamente era para los judíos, y que las otras razas no estaban invitados. Y por eso a la pregunta que le hacen a Jesús, una pregunta muy interesante: «¿Es cierto que poco se salvan?», Jesús no dio una respuesta tácita, concreta, sino que hizo una parábola, una catequesis, la parábola de la puerta, donde dice: «Esfuércense por entrar por esa puerta, porque no todos entrarán».

Y la salvación es para todos, para todos los pueblos, para todos los que sigan el camino del amor, el camino de la fraternidad, el camino de la compasión, del servicio, para todos esos. 

Después de decir esta parábola le preguntaban a Jesús: «Si nosotros estuvimos ahí en la plaza, estuvimos en el templo y te escuchamos». Y Jesús, cuando tocaron a la puerta, les dijo: «No los conozco».

Se nos habla mucho de el Reino de los Cielos como un banquete, un banquete al que estamos invitados. Eso nos ayuda a pensar también en nuestra vida, cómo vamos caminando. A veces se nos olvida que hay una vida eterna, y pensamos que todo está aquí en la tierra. No. Jesús, después de que Padre lo resucitó, subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre, donde nos espera.

Acabamos de celebrar el 15 de agosto la fiesta de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma a los cielos. Es decir, hay una vida eterna, y nosotros decimos: “Existe el cielo”, pero también existe el infierno y el purgatorio. Y eso lo podemos adecuar a nuestra realidad. Podemos decir que pertenecemos a un grupo, a una cofradía, a una asociación, a un movimiento, tal vez venimos a Misa todos los domingos, pero puede ser que el Señor nos diga: «No te conozco», porque realmente el criterio para entrar por la puerta es, repito, el amor, el dar la vida por los demás, el servicio.

Recuerden ustedes aquella parábola del juicio final: «Tuve hambre y me diste de comer. Tuve sed y me diste de beber. Estaba enfermo y me visitaste. Estaba en la cárcel y fuiste a verme. Estaba desnudo y me vestiste… Señor, ¿cuando te vimos así?… Lo que hicieron con los más necesitados conmigo lo hicieron, y entren al banquete celestial».

El Señor nos pide hoy la conversión. ¿Qué pasó con esos judíos que escuchaban a Jesús? Sí lo escucharon en el templo, lo escucharon en la plaza, pero no se convirtieron. siguieron iguales.

Pues fíjense qué bonito es que Dios ofrece la salvación a todos, pero sabemos el criterio: amar y servir en todo.

Que el Señor nos ayude a ir poniendo en práctica su mensaje de salvación. Así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla