"¡Viva Cristo Rey!"
Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:
Hoy celebramos una solemnidad en toda la Iglesia universal, que es la fiesta de Jesucristo como Rey del Universo. Quiero saludarlos a todos, también a los que nos siguen en las redes sociales, en los medios digitales.
Y sobre todo que hoy digamos: ¡Viva Cristo Rey!, ese grito, esa aclamación que quiere no ser solamente una expresión, sino que realmente viva en nuestros corazones, que viva en nuestras familias, que viva en nuestra sociedad, en nuestro México.
Y hoy terminamos el año litúrgico, que tiene a Cristo como centro y todo el año vamos haciendo un recorrido para cerrar hoy con la fiesta de Jesucristo Rey del Universo. El próximo domingo ya iniciaremos otro tiempo litúrgico que se llama Adviento, y que será un tiempo para prepararnos y recibir a Jesús en la Navidad.
Cuando hablamos nosotros de Cristo Rey, nos referimos a quién da la vida por nosotros. Por eso en el Evangelio que acabamos de escuchar se nos habla de cómo Cristo está en la cruz, ya está en sus últimos momentos. Y cómo aquellos dos malhechores que están a su lado, con dos actitudes muy diferentes, porque uno lo increpa y le dice: «Si tú eres el Mesías, bájate de la cruz» –se llamaba Gestas–. Y el otro, Dimas, le decía a su compañero: «Nosotros estamos pagando porque hemos hecho el mal, pero, ¿Él qué mal ha hecho?», y se dirige a Jesús y le dice que lo invite a su Reino. Y Jesús le dice: «Hoy estarás conmigo en el Reino».
Fíjense qué importante es que nosotros desde el Bautismo también empezamos a ser hijos e hijas de Dios y también nos configuramos a Cristo Profeta, Sacerdote y Rey. Pero el rey es aquel que sirve, el que entrega su vida por los demás.
Jesús, como ser humano, verdadero hombre y verdadero Dios, también tuvo tentaciones, y recordamos cuando en el desierto el diablo lo tienta y lo quiere desviar de su camino. Sin embargo, Jesús vence las tentaciones.
También en otra ocasión, cuando Jesús hizo aquel impactante milagro de la multiplicación de los panes y los peces y le dio de comer a más de 5000 gentes, sin contar a los niños; cuando terminó ese milagro, la gente quería proclamarlo rey, y Él no se dejó.
Por otro lado, también solamente una vez dice que es el rey, en aquel diálogo que tiene con Pilato en el juicio que se le hace, cuando Pilato le dice: «Oye, ¿y tú eres el rey de los judíos?», y dijo: «Sí soy rey, pero mi reino no es de este mundo», es decir, no soy rey al estilo humano, como ustedes lo entienden, pero soy el rey, porque he venido a salvar a toda la humanidad.
Fíjese qué hermoso que nosotros hoy cerremos este ciclo litúrgico proclamando que Jesucristo es el Rey del Universo.
Vamos a cumplir en el 2026 cien años de lo que fue en México la resistencia cristera. Sucedió hace cien años y vamos a vivir todo un año jubilar en ese sentido de celebrar. En ese tiempo el presidente de México era Calles, y entonces se sacó la ‘ley Calles’, que consistió en cerrar todos los templos, en que no hubiera culto, y no solamente eso, sino que se perseguía a los católicos, a los sacerdotes. Y entonces vino esta resistencia cristera, quiere decir: Por Cristo, por la fe.
Se vivió en el 1927, donde murieron 200,000 personas, y murieron niños, murieron adolescentes, jóvenes, adultos, sacerdotes, religiosas, por proclamar que Cristo era Rey, el Rey del Universo. Era la persecución religiosa.
Y la pregunta es para nosotros. Después de estos cien años también a veces hay persecuciones. Pero, ¿cómo está nuestra fe?, ¿defendemos nuestra fe?, ¿defendemos que Cristo está en el centro de nuestras vidas o no nos interesa? Aquellos mártires dieron su vida por Cristo, y había niños que morían gritando: ¡Viva Cristo Rey!, como Sánchez del Río, ¿verdad?, Joselito, y tantas personas que dieron su vida por el Evangelio, por Jesucristo.
Ojalá que este año 2026, que ya estamos cerca, pues podamos nosotros profundizar en nuestra fe, conocer más nuestra fe, como dice San Pablo: «dar razón de nuestra fe», y nos preocupemos por formarnos, pero sobre todo por el compromiso: ser comprometidos con el Evangelio de Jesucristo Nuestro Señor.
Pues que esta fiesta de Cristo Rey también alegre nuestro corazón, alegre nuestra vida y nos preocupemos de que en nuestra familia esté Cristo presente, primeramente en nuestro corazón, pero en la familia, en el ambiente de nuestro trabajo, y en nuestra sociedad, porque nosotros formamos parte de su Reino. Si hablamos de un rey, es porque tiene un reino, y es el Reino de la verdad, el Reino de la justicia, el Reino de la fraternidad.
Que el Espíritu Santo nos fortalezca para ir creando esa Iglesia peregrina que anunciar a Jesucristo como Rey del Universo. Así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla