HOMILÍA EN EL II DOMINGO DE ADVIENTO

December 07, 2025


HOMILÍA EN EL II DOMINGO DE ADVIENTO

 

"El tiempo de Adviento es tiempo de cambio"

 

Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

Antes que nada quiero saludarles a todos ustedes que están en nuestra Catedral Corpus Christi para participar en esta Eucaristía dominical. De manera especial, quiero saludar a los representantes que viene. hoy vienen de los colegios, de las comunidades educativas, laicos, laicas, religiosos y religiosas, hoy queremos darle gracias a Dios en esta misa por la educación, este campo tan importante en la vida del ser humano que transforma vidas. Y sobre todo, pedimos que sigan adelante con esa educación en valores: valores humanos y valores cristianos. Es una esperanza para nuestro México.

Quiero saludar también a las personas que hoy están siguiendo esta Misa por las redes sociales, por los medios digitales, en nuestra Arquidiócesis, también en algunos lugares de nuestro México y de otros países. Que sigamos con esta actitud de espera vigilante para renovar el amor al Niño Dios en esta Navidad que ya se aproxima.

Efectivamente, ya hoy encendimos la segunda vela, este signo tan hermoso que tenemos en la Iglesia de la Corona de Adviento, que nos indica el camino al cual estamos invitados para que esta Navidad sea una Navidad cristiana, una Navidad que renueve nuestra vida, renueve nuestra familia, renueve nuestros colegios, nuestras escuelas; que renueve nuestras vidas, caminando con Jesucristo Nuestro Señor.

Y en este camino nos van ayudando varios guías, en especial los profetas, Isaías, y también nos ayuda el día de hoy a prepararnos Juan El Bautista.

El día de mañana celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción. El 12 de diciembre, la Virgen de Guadalupe. Y la Virgen María es una guía segura para que preparemos nuestro corazón a la llegada de Jesús.

Las Posadas también, ahí encontramos al señor San José, cuando van caminando hacia Belén, donde nacerá el Rey de Reyes, nuestro Salvador.

Así es que estemos muy atentos, muy vigilantes, para que esta Navidad sea una Navidad única, una Navidad que también sepamos compartirla con los demás. Nadie da lo que no tiene, y si nosotros tenemos la experiencia de Jesús, estamos llamados como cristianos, como discípulos misioneros, a compartir esta experiencia con nuestra voz, con nuestra palabra, pero también con nuestras actitudes, con nuestro testimonio, con nuestras obras.

Hoy, la figura impactante de este II Domingo de Adviento es Juan El Bautista, el precursor de Jesús, el que preparó los caminos del Señor. Y sabemos nosotros que su mensaje se condensa en una frase: "Conviértanse y crean en el Evangelio". Este

Juan El Bautista, el que estuvo en el desierto, el que era austero, pero que le decía al pan, pan, y al vino, vino. Era una personalidad impactante que algunos pensaban que era el Mesías, pero él nunca perdió piso. Él dijo: "Detrás de mí viene otro, al que no soy digno de desatar las correas de sus sandalias. Yo bautizo con agua, pero él bautizará con el Espíritu Santo".

El mensaje de este segundo domingo es pensar en nuestra propia vida, en nuestra conversión. La conversión es pensar en nuestra vida para reorientarla al bien común, amando a Dios y amando a nuestro prójimo.

Así como Juan El Bautista cuestiona fuertemente a los poderosos, a las autoridades, a los doctores de la ley, a los fariseos, a los saduceos, los cuestiona porque ellos van a verlo y se sienten ya salvados por ser hijos de Abraham. Él les dice: "No es suficiente, tienen que cambiar su corazón".

El tiempo de Adviento es tiempo de cambio, tiempo de pensar en nuestra vida. Porque queremos recibir a Jesús, tenemos también que tener esos espacios de meditación, de escucha de la Palabra, de encuentro con los más necesitados, para descubrir que ahí está Jesús.

La conversión es metanoia, un cambio radical, un cambio de vida, como les decía: reorientar nuestra vida primeramente en el amor a Dios y en el amor al prójimo.

Que no perdamos de vista este día lo que nos está pidiendo Jesús en el Evangelio: que no seamos como las autoridades religiosas que encontramos ahí en el Evangelio, que quieren solamente sorprender a Juan El Bautista, pero él descubre su corazón y les dice: "¡Hipócritas!", porque no quieren cambiar su corazón. Que nosotros no tengamos ese corazón duro, sino que lo abramos para caminar con Jesús, para caminar por los más débiles: con los pobres, con los migrantes, con los sencillos, con los enfermos, con aquellos más vulnerables, con los ancianos, con los niños. Que abramos nuestro corazón, que es la mejor manera para prepararnos a vivir esta Navidad que ya se aproxima.

Que el Espíritu Santo nos bendiga a todos y que sigamos en la escucha de la Palabra y también en la oración, y en ese deseo de convertir nuestro corazón a Dios y a nuestros hermanos. Así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla