HOMILÍA EN EL III DOMINGO DE ADVIENTO

December 14, 2025


HOMILÍA EN EL III DOMINGO DE ADVIENTO

 

Juan el Bautista nos prepara y nos pregunta: ¿Cómo está nuestra conversión?

 

Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:

En este "Domingo de la Alegría", tercer domingo de Adviento, los quiero saludar a todos y desearles que vayamos caminando rumbo a esta Navidad que ya se aproxima, para renovar el amor a Dios, quien se hace como nosotros y nace en Belén para nuestra salvación.

A este tercer domingo de Adviento se le llama el "Domingo de la Alegría"; por eso se utiliza el ornamento rosa, que solamente se usa una vez en Cuaresma y otra en Adviento. La Palabra de Dios nos lo ha indicado a través del profeta Isaías: «Estén alegres, porque ya viene el Señor». Saludo a todos, y también a las personas que siguen esta Eucaristía desde distintos lugares; que experimenten ese amor de Dios en sus corazones.

Tenemos muy presente en este tiempo la Corona de Adviento, que nos va indicando el camino. Son signos que nos ayudan a entender una realidad, pues si no se nos explica, la corona puede quedarse simplemente como un adorno. Sin embargo, esta corona tiene cuatro cirios, y cada uno representa una semana. Hoy se encendió la tercera vela porque estamos en la tercera semana rumbo a la Navidad. El próximo domingo, 21 de diciembre, se encenderá la cuarta, pues ya estará muy cercano el misterio de la Encarnación: la Palabra hecha carne.

Y la pregunta es: ¿Cómo nos estamos preparando? En nuestra familia, ¿cómo nos estamos preparando? En cada una de las parroquias de nuestra Arquidiócesis, ¿cómo nos estamos preparando?

Sin duda, la Palabra de Dios nos ilumina para disponer el corazón. Pero también son importantes esos momentos de silencio y de oración; esos signos que los he invitado a realizar en sus casas, pero con un sentido cristiano y no solo decorativo, como son el árbol de Navidad, la Corona y el Nacimiento.

Hace ocho días se nos presentó la figura de Juan el Bautista, al igual que en este domingo. Les recuerdo que este gran profeta sintetizaba su predicación en una frase: «Conviértanse y crean en el Evangelio». Por eso decía: «Yo bautizo con agua, pero viene otro que va a bautizar con el Espíritu Santo, y yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias». Fíjense qué importante es su figura en este tiempo, porque nos prepara y nos cuestiona sobre cómo va nuestra conversión.

Este domingo encontramos nuevamente a Juan el Bautista, pero ahora está en la cárcel. Conocemos su personalidad y sabemos que siempre decía la verdad. Precisamente por decirle la verdad a Herodes fue apresado, pues denunció que el rey no podía tener como esposa a Herodías, quien estaba casada con su hermano.

Estando Juan en la cárcel, envía a dos de sus discípulos con Jesús para preguntarle si Él es el Mesías o deben esperar a otro. Yo me pongo a pensar: ¿Por qué actuó así, si ya lo había presentado como el Cordero de Dios? Porque era una persona muy sincera y tenía sus dudas. Quizás pensaba que Jesús vendría a restablecer la paz política de la región, levantándose contra los demás o formando un ejército.

Pero la vida de Jesús era muy diferente. Por eso les dice a los discípulos: «Vayan y díganle a Juan lo que han visto: yo he dado la vista a los ciegos, he levantado a los paralíticos, he curado a los leprosos y he llevado la Buena Nueva a los demás». La respuesta fue contundente porque se basaba en los hechos. Ante los hechos no hay argumentos; era la vida misma. Jesús pasó haciendo el bien por la tierra, no siendo autoritario ni poniéndose por encima de los demás, sino siendo siempre sensible, especialmente con los más necesitados.

Después de dar esta respuesta, Jesús dice algo hermoso sobre Juan el Bautista: que no ha nacido de mujer nadie más grande que él. Juan fue el precursor de Cristo, el que preparó el camino para la llegada del Salvador. Esta figura nos ayuda a que nos preparemos debidamente para la Navidad.

Además, en medio de esta semana tuvimos grandes celebraciones: la fiesta de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre, y el 12 de diciembre a nuestra Madre, la Virgen de Guadalupe. ¿Quién mejor que la Madre de Dios para prepararnos para recibir la Navidad?

Por ello, sigo invitándolos a todos para que esta Navidad, que celebraremos en unos días, sea una Navidad cristiana. A lo mejor están más preocupados por la cena —por qué habrá de comer— que por dedicar un momento a la oración y la reflexión. Que la cena sea solo una consecuencia de la alegría de que Cristo nazca en nuestros corazones. Que así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla