HOMILÍA EN LA MISA DE NOCHE BUENA 2025

December 24, 2025


HOMILÍA EN LA MISA DE NOCHE BUENA 2025

 

«Hoy nos ha nacido el Salvador del mundo»

Nos dice San León Magno: “No hay lugar para la tristeza, porque no nos ha nacido la vida, nos ha nacido Jesús”

 

Queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

A todos los saludo con cariño, con afecto, en esta Noche buena, hoy que celebramos el Nacimiento del Salvador del Universo. Los saludo a ustedes que están aquí en nuestra Catedral Corpus Christi, pero también a todas las personas que se unen a nuestra celebración desde distintos lugares de nuestra arquidiócesis, de la República Mexicana y también de algunos lugares del extranjero. Que hoy sintamos en nuestro corazón la alegría de que la Palabra se hace carne, de que «Dios, siendo rico, se hace pobre para enriquecernos con su pobreza».

Y por eso hemos tenido un camino de Adviento, cuatro semanas, pero hemos llegado hoy a la celebración del misterio de la Encarnación. Y en el Gloria, cuando cantamos el Gloria, pusimos al Niño Jesús en el nacimiento. Y por eso les decía que hoy no hay lugar para la tristeza, sino que nuestro corazón debe saltar de gozo, de alegría, porque Dios ha venido a nosotros y se queda para salvarnos.

Hoy en el Evangelio escuchamos la genealogía, cómo Jesús nace de linaje de David, y José pertenecía a esta descendencia. Aunque José no era el padre, fue el custodio de Jesús, de la Sagrada Familia. Ya se anunciaba cómo iba a nacer Jesús de la descendencia de David, y cómo había un empadronamiento, un censo, que tenían que ir precisamente a la ciudad de donde venían ellos, a Belén. De tal manera que tuvieron que viajar María y José hasta un pequeño pueblo llamado Belén para empadronarse, para participar de este censo. Fue cuando le llegó la hora a María, y fue cuando dio a luz al Hijo de Dios la Virgen, que concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.

Y nació en un portal, nació en un establo, en un lugar muy humilde, porque no había lugar para ellos. Era el censo y había muchas personas ahí en Belén, y ya no había posada. De tal manera que el Hijo de Dios, el Todopoderoso, nació en un lugar pobre, donde los destinatarios fueron aquellos más humildes. Sabemos que el ángel les anuncio a los pastores que había nacido el Niño Dios. Y aquellos pastores fueron para ver la gloria de Dios, «Gloria a Dios en el Cielo y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad».

Toda esta preparación que hemos tenido, queridos hermanos y hermanas, ha sido para preparar nuestro corazón y para que Jesús llegue a nuestras vidas, a nuestros corazones; para que hoy renovemos todos nosotros el amor que Dios nos tiene. «Nadie tiene más amor por alguien que el que da la vida», y Dios envío a su hijo para que naciera en Belén y después diera en la cruz su vida por todos nosotros. Somos afortunados, porque Dios sale al encuentro de nosotros, Él es el que toma la iniciativa y quiere llegar a nuestra vida.

Este año tuvimos la llegada del nuevo Papa, el Papa León XIV, que cuando tomó posesión, cuando salió para aceptar esa responsabilidad de guiar a la Iglesia universal, él decía tres palabras muy importantes, que “tenemos que ser personas de paz, de justicia y de amor”. Y por eso yo creo que hoy que llega Jesús nos invita para que seamos artesanos de paz, empezando por nuestra propia familia, ser constructores de paz, ser constructores de unidad en la familia, ser personas que pongamos el amor también en nuestras vidas.

Por eso me gusta a mí repetir esta frase que escuché hace mucho tiempo, de un autor anónimo, que dice que “aunque Cristo naciera mil veces en Belén, si no nace nuestro corazón de nada sirve”. Por eso quiero desearles y desearme a mí que Cristo nazca en nuestros corazones y que nosotros lo mostremos con obras, porque Él se ha manifestado en nuestras vidas. Que en este mundo conflictivo, de mucha polarización, de división, seamos capaces de llevar el mensaje de Jesús a los demás. Que no sea nada más una fiesta hoy de ruido, de música, de cena, sino sobre todo un momento para reflexionar que Cristo ha venido para que vivamos en paz, para que seamos hermanos y también para que podamos ayudar a aquel que más lo necesita.

Por eso cuando nosotros decimos: “Feliz Navidad”, significa que le deseamos a la otra persona que nazca Cristo en nuestro corazón, que nazca Cristo en nuestra familia, que nazca Cristo en nuestra sociedad, que nazca Cristo en nuestro querido México, que nazca Cristo en todo el Universo.

Que hoy nos demos ese abrazo de alegría, porque Cristo vino a salvarnos y a darle sentido a nuestra vida. Así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla