HOMILÍA EN EL II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

January 18, 2026


HOMILÍA EN EL II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

"Nadie da lo que no tiene: debemos tener la experiencia de Cristo para compartirla"

 

Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:

Qué alegría encontrarnos este domingo para celebrar nuestra Eucaristía. Saludo con afecto a todos los presentes y a quienes siguen esta transmisión; que sintamos siempre la presencia de Dios y su bendición.

Litúrgicamente, nos encontramos ya en el Tiempo Ordinario, motivo por el cual vestimos el ornamento verde. Tras concluir las fiestas de Navidad con el Bautismo del Señor, iniciamos este periodo que nos conducirá hasta mediados de febrero, cuando comenzaremos la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza. Es fundamental vivir con profundidad estos tiempos litúrgicos en los que contemplamos a Jesús iniciando su vida pública.

En el Evangelio de hoy, Juan el Bautista utiliza una expresión que resuena en cada una de nuestras misas: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Esta frase posee una profunda raíz bíblica. Recordemos el libro del Éxodo, donde la sangre del cordero en los dinteles salvó al pueblo de Israel antes de partir a la Tierra Prometida. Asimismo, en tiempos de Jesús, se sacrificaban corderos en el templo para expiar los pecados. Sin embargo, es Cristo mismo quien se sacrifica definitivamente en la cruz por nosotros, entregando su vida para abrirnos las puertas del cielo.

Juan el Bautista se presenta hoy como un testigo fiel. Él presenció cómo se abrieron los cielos y cómo el Espíritu Santo descendió en forma de paloma mientras se escuchaba la voz del Padre. Su testimonio es claro: él bautizó con agua, pero Jesús viene a bautizarnos con el Espíritu Santo. Esta misión ya era anunciada por el profeta Isaías siglos antes, hablándonos de la luz que iluminaría a todas las naciones. De igual forma, San Pablo nos da testimonio de su propia conversión, recordándonos que Cristo es el Salvador que transforma el corazón.

Hoy, hermanos, se nos presenta a Jesús como ese Cordero y Salvador. Nosotros, que por el Bautismo fuimos hechos hijos e hijas de Dios, y que hemos completado nuestra iniciación cristiana con la Confirmación y la Eucaristía, estamos llamados a ser también testigos. Debemos ser capaces de dar razones de nuestra fe.

Para ello, es indispensable el contacto diario con la Palabra de Dios y la formación constante. Como siempre he dicho: nadie da lo que no tiene. Debemos tener primero la experiencia personal de Cristo en nuestra vida para poder compartirla con los demás. No olvidemos que todos, por nuestro bautismo, somos evangelizadores.

En medio de las dificultades de nuestra sociedad actual, les invito a que coloquemos en el centro de nuestra existencia a Jesús. Que Él sea el guía de nuestros pasos y la fuerza de nuestro corazón.

Así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla