HOMILÍA EN EL DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS

January 25, 2026


HOMILÍA EN EL DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS

 

"Que la Palabra de Dios llegue a su corazón y se traduzca en obras"

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús: a todos les deseo que la Palabra de Dios llegue a su corazón y se traduzca en obras, en acciones. Saludo también a todos los que siguen esta transmisión; que siempre la Palabra de Dios nos dé esa iluminación para vivir de acuerdo al proyecto de Dios.

Hoy, este domingo, se colocó aquí en el ambón el Evangeliario, se puso la Palabra de Dios. Como les decía al inicio, esta fue una iniciativa del Papa Francisco para invitarnos a todos a que, como discípulos del Señor, tengamos la Palabra de Dios siempre presente en nuestra vida: la Biblia, la Sagrada Escritura.

Estoy seguro de que la mayoría de ustedes tiene la Biblia en su casa; pero hoy es una oportunidad para pensar qué tanto la abrimos, la leemos, la meditamos y buscamos vivir según el designio de nuestro Dios, ya sea a nivel personal o también a nivel de familia. ¡Qué hermoso es ver a una familia que se reúne para leer la Palabra de Dios! Por eso, hoy la Iglesia nos invita a tomar conciencia para ser asiduos y tener familiaridad con ella.

Precisamente hoy, el Evangelio nos habla de cómo Jesús tiene esa pasión por predicar el Reino de Dios, el Reino de su Padre que viene a salvarnos, pero viene también a darnos su Palabra. Vemos cómo se dirige al norte, a Cafarnaúm, tierra de paganos, para anunciar que el Reino de los cielos ya está aquí, que el Reino de Dios ya está presente.

Lo más importante que quería Jesús era la metanoia: el cambio del corazón y de la mente hacia Dios. Un cambio que debía tener repercusiones, porque la vida ya es distinta para aquel que escucha la Palabra de Dios y no permite que le entre por un oído y le salga por el otro, sino que la deja permanecer en el corazón.

Por eso Jesús ponía tantos esfuerzos y andaba de un lugar a otro, para que esa Palabra llegara a las personas. Y, claro, había personas que la acogían; fíjense cómo invita a algunos de sus apóstoles —a Simón, a Andrés, a Juan, a Santiago— para que se unan a Él. Los empieza a formar como discípulos y después los envía a llevar su Palabra como misioneros.

Hoy la palabra clave es precisamente la "Palabra de Dios", que tenemos que llevar a los demás. Seamos valientes, primero para llenarnos de esta Palabra, pero después para transmitirla. No importa a veces la crítica, no importa que en ocasiones no nos reciban; nosotros, con la fuerza del Espíritu Santo, debemos llevar ese mensaje, esa Buena Noticia de salvación.

Por otro lado, la segunda lectura nos invita hoy a vivir en la unidad. Esta semana que pasó, del 18 al 25 de enero, fue la semana para pedir por la unidad de los cristianos. Ha habido divisiones muy fuertes a través de la historia: en el siglo XI, la división entre Oriente y Occidente, un cisma muy fuerte de donde nacieron los ortodoxos; y en el siglo XVI, recordamos a Martín Lutero y a Enrique VIII, cómo se separaron de la Iglesia y nacieron los protestantes y los anglicanos.

En el camino de esta Iglesia, que es una, ha habido divisiones; por eso estamos invitados a lo que se llama el ecumenismo. Es decir, que no nos veamos como rivales, sino que siempre busquemos lo que nos une. Hay más cosas buenas que nos unen que cosas negativas. Recordamos con mucho cariño al Papa San Juan XXIII, quien decía: "Hay que buscar más lo que nos une que lo que nos divide". Puede haber nueve cosas que nos unan y una que nos divida, y a veces nos enfocamos solo en la división.

Esto también lo podemos trasladar a la familia: buscar siempre lo bueno, lo positivo, aquello que nos une. San Juan, en el capítulo 17, nos narra que Jesús, haciendo oración, le dijo a su Padre: "Padre, que todos sean uno, como tú y yo somos uno". ¡Qué hermoso! La división siempre causa dolor y problemas; por lo tanto, nosotros tenemos que ser gente que busque la unidad.

Ya lo decía San Pablo a los Corintios en la segunda lectura: no digan unos que son de Apolo, otros de Pedro, otros de Pablo y otros de Cristo. Todos somos de Cristo. No busquen la división, sino la unidad.

Hoy nos quedamos con estas ideas centrales: estar cerca de la Palabra de Dios y ser siempre factores de unidad. Unidad en la familia, unidad en el trabajo, unidad en nuestro barrio, en nuestra colonia y en nuestra sociedad. Que el Espíritu Santo nos acompañe a todos y vayamos creciendo como personas y como cristianos. Que así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla