"Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos"
Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús: los saludo a todos con afecto, deseándoles que siempre tengamos un corazón de pobres; que siempre confiemos en Dios nuestro Señor en todas las circunstancias. Envío también un saludo y mi bendición a todos los que siguen esta transmisión a través de las plataformas digitales, dentro y fuera de nuestra arquidiócesis.
Los proyectos de Dios son distintos a nuestros proyectos; sus planes son diferentes a los nuestros. Parecería que hoy el Evangelio está "pasado de moda" cuando Jesús sube al monte y nos da las Bienaventuranzas. Nos dice: "Sean bienaventurados, sean felices los pobres de espíritu, los que lloran, los sufridos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que luchan por la paz y los que son perseguidos por causa de mi nombre. Alégrense y salten de contento, porque su recompensa será grande en el reino de los cielos". [27:12]
Les decía que esto podría parecer obsoleto porque, en nuestros tiempos, lo que parece importar más es la imagen, el poder, el prestigio, el dinero y los bienes materiales. Sin embargo, Jesús nos propone una óptica muy diferente. ¿Qué significa ser "pobre de espíritu"? Significa seguir siempre la voluntad de Dios y poner nuestra vida en sus manos. [29:40]
Este programa de vida que son las Bienaventuranzas debe llevarnos a cuestionarnos: ¿Qué tanto lo seguimos? Así como en el Antiguo Testamento Moisés subió al monte Sinaí para recibir los diez mandamientos como un camino a seguir, hoy las Bienaventuranzas son la invitación que Dios hace para que llegue a nuestro corazón. Este programa que Jesús da a sus discípulos no son solo palabras; Él mismo lo llevó a cabo. Jesús no solo dice, sino que hace: Él fue pobre de espíritu, confió totalmente en su Padre, lloró, tuvo hambre, fue perseguido y, finalmente, con su muerte en la cruz, nos dio vida en abundancia. [31:01]
¿Qué tanto seguimos nosotros las Bienaventuranzas? ¿Ocupa Dios el primer lugar en nuestra vida? ¿Confiamos en Él tanto cuando nos va bien como cuando enfrentamos dificultades, enfermedad o carencias?
Cada Bienaventuranza merecería una explicación profunda, pero hoy quisiera enfatizar dos puntos clave:
La Misericordia: Es la otra cara del amor. Una persona que ama es misericordiosa. Al inicio de la misa pedimos por los enfermos y necesitados; Jesús nos pide no acostumbrarnos a la realidad de dolor que vemos, sino actuar en favor de los vulnerables: los presos, las madres solteras, los abandonados, los desempleados y los migrantes. Debemos ser misericordiosos empezando por nuestra propia familia. [33:10]
La Paz: Estamos llamados a ser artesanos de paz. El Papa Francisco nos ha invitado a serlo, y este año, dedicado a San Francisco de Asís por los 800 años de su muerte, recordamos su oración: "donde haya división, ponga yo paz". La paz es un don de Dios, pero se construye aquí en la tierra, en nuestra casa y trabajo. Sufrimos mucho por la violencia e inseguridad en México, y no debemos acostumbrarnos a las noticias diarias de muertes. [35:10]
Debemos crear redes y ser constructores de paz. No basta con pedirla, hay que hacer algo: cuidarnos en familia, en el barrio y no sentirnos solos. Hagamos caso a Jesús: "Dichosos los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios". [39:09]
Que el Espíritu Santo nos ayude a vivir este programa de las Bienaventuranzas y a ser verdaderos artesanos de paz. Que así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla