HOMILÍA EN EL VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

February 15, 2026


HOMILÍA EN EL VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

"¡Dichoso el que cumple la ley del Señor!"

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús: en este domingo les saludo a todos ustedes deseándoles paz y bien; a quienes están aquí en nuestra Catedral presencialmente, pero también a los que siguen esta transmisión. Que experimenten en su corazón esa paz que da el Señor para seguir haciendo el bien en nuestra vida.

El tema de este domingo es la ley. Vemos en la primera lectura cómo el libro del Eclesiástico, escrito por un sabio, nos dice que Dios ha dado leyes; podemos decir nosotros: mandamientos. ¿Quién no recuerda ese hecho prodigioso cuando Moisés sube al monte Sinaí y se le dan los Diez Mandamientos, la Ley del Señor?

El libro del Eclesiástico nos dice cómo Dios nos invita a cumplirlos, pero Él nos ha dado un gran don que se llama la libertad. No nos obliga; es decir, no es algo autoritario, sino algo que puede darnos alegría y paz cuando cumplimos los mandamientos, porque son los caminos del Señor. Muchas veces nosotros seguimos otros caminos, los caminos humanos, pero no los caminos de Dios.

Era también lo que Pablo decía en la segunda lectura a los Corintios —una sociedad muy cosmopolita con gente de distintos lugares—: les dice cómo la sabiduría consiste en cumplir la ley, en cumplir los mandamientos.

Y ya en el Evangelio de San Mateo, Jesús nos dice algo muy claro: "Yo no he venido a abolir la ley y los profetas, sino que he venido a darles plenitud". Es decir: "Yo no vengo a quitarlos, sino a darles plenitud". ¿Qué quiere decir esto? Que no se trata solamente de cumplir las leyes por obligación.

Podemos pensar en el tiempo de Jesús, cuando estaban los fariseos, los escribas y los doctores de la ley; ellos conocían muy bien la ley y decían: "Yo cumplo toda la ley", pero a veces su corazón estaba lejano. Era como cumplir simples prescripciones.

Jesús nos viene a decir que lo más importante es el espíritu; es decir, cumplir los mandamientos porque eso nos lleva a amar a Dios y amar al prójimo. Ese es el sentido por el que hoy estamos invitados a seguir estos caminos, y no solamente cumplirlos como prescripciones externas. A veces alguien dice: "Es que yo no mato, yo no robo, yo no hago el mal". A veces estamos viendo nada más lo externo, pero debemos preguntarnos: ¿Cómo está nuestro corazón?

Lo más importante es pasar haciendo el bien por el mundo. Todos los días tenemos oportunidad de hacer el bien, y eso es cumplir la ley; eso es cumplir lo que el Señor quiere de nosotros. Por eso San Agustín decía: "Ama y haz lo que quieras". Pero primero ama; si nosotros amamos, vamos a hacer el bien, evidentemente.

Por eso, creo que la Palabra de Dios es siempre una invitación para ver cómo va nuestro caminar: si va por el camino de cumplir los mandamientos, de cumplir lo que el Señor nos invita y que, como consecuencia, nos da la salvación.

Así es que los mandamientos no son algo negativo, algo que nos oprime; sino que es algo que nos da vida y nos da libertad. Pidámosle al Señor que sigamos sus caminos, que seamos obedientes a lo que Él nos va pidiendo en nuestra vida para ir construyendo su Reino. Así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla