HOMILÍA EN EL III DOMINGO DE CUARESMA

March 08, 2026


HOMILÍA EN EL III DOMINGO DE CUARESMA

 

«Jesús es el agua viva que sana el corazón»

 

Queridos hermanos, hermanas en Cristo Jesús:

Atodos les saludo en este III Domingo de Cuaresma, este camino, itinerario que estamos haciendo para llegar a acompañar a Jesús en su pasión, muerte y Resurrección. No se nos olvide que la meta es llegar hasta la Semana Santa, al Triduo Pascual, para vivir con Jesús su pasión, su muerte y su resurrección. Por eso se llama Pascua: porque es el paso de la muerte a la vida, el paso del pecado a la gracia, el paso de estar esclavizados y obtener la libertad.

Pues en este tercer domingo de Cuaresma, también aprovecho para saludar con cariño a todas las personas que siguen esta transmisión en nuestra Arquidiócesis, en algún lugar de la República Mexicana y también en el extranjero, donde en algunos lugares siguen esta Eucaristía. Ojalá que todos hoy le podamos decir a Jesús que nos dé esa agua; esa agua que nos da paz y que nos da felicidad.

Tanto en la primera lectura del libro del Éxodo, como en el Evangelio de San Juan que acabamos de escuchar, se habla del agua, este elemento tan importante y vital para vivir. Como el pueblo que salió de la esclavitud de Egipto rumbo a la tierra prometida, pues en ocasiones reclamaban; le reclamaban en especial a Moisés porque se estaban muriendo de sed, y la sed es todavía más fuerte que el hambre. Entonces le reclamaron a Moisés por qué los había sacado de Egipto e iban por el desierto y no tenían agua y estaban muriendo, ellos y los animales. Y entonces Moisés, que dialogaba con Dios, pues le dijo a Dios: "Me quieren apedrear, me están agrediendo". Y entonces Dios le dice que con el cayado toque la peña, de donde brotará el agua. Y así fue; y el pueblo bebió, tomó el agua, los animales, y siguieron su camino.

Pues también fíjense que en el Evangelio nos habla de ese Jesús que es el centro de nuestra fe. Nos habla también de su humanidad, porque llega a este pueblo y tiene sed, y se sienta ahí en el brocal del pozo de Jacob. Y entonces viene lo interesante, ¿verdad?, porque llega una samaritana. Los samaritanos se habían alejado de los judíos y había problemas; de hecho, no se hablaban. Y aquí hay dos elementos bien importantes que Jesús supera: sabe que es una samaritana y empieza a dialogar con ella. Por otro lado, también había un problema: que era mujer; y en ese tiempo de Jesús, pues las mujeres eran infravaloradas.

Hago un paréntesis para decir: como hoy celebramos el Día Internacional de la Mujer, ya pasaron 21 siglos de este pasaje del Evangelio y podemos preguntarnos nosotros: ¿cuál es nuestra valoración de la mujer? Cómo Dios nos ha creado, al hombre y a la mujer, iguales en dignidad. Y hoy también tenemos que pensar cómo es nuestro trato con la mujer. Todavía se violan sus derechos, hay tantos acosos, hay lo que llamamos también la trata de personas, hay tanta violencia, hay feminicidios... y estamos hablando del año 2026. Ojalá que nosotros en nuestro corazón pues siempre sepamos respetar a todas las personas; respetar a la mujer siempre. Y eso se empieza desde la familia: tener un trato especial por la mujer como hija de Dios.

Cierro el paréntesis y vemos nosotros cómo empieza un diálogo de Jesús y la samaritana. Y están hablando de dos tipos de agua, porque Jesús le pide agua y ella le dice, primeramente: "¿Cómo me hablas siendo tú judío?". Y empieza ahí la conversación hasta decirle que Él es el agua viva, que Él le puede dar esa agua que sana el corazón. Y fíjense qué bonito es, porque a partir de una experiencia concreta —el agua del pozo— Jesús le comenta que Él es el Mesías y que quien tiene una experiencia con Él, un encuentro con Él, va a encontrar la paz y la felicidad.

De hecho, nosotros vemos un detalle muy bonito ahí en el Evangelio de San Juan: nos dice San Juan que era la hora sexta, era mediodía. Y también lo que sucedió en la muerte de Jesús fue a mediodía; y recordamos nosotros cómo alguien le lanzó una lanza donde brotó agua y sangre. ¿Y qué significa el agua y la sangre? Significa estos sacramentos tan hermosos que tenemos: el agua, que es el Bautismo, y la sangre, que es la Eucaristía. Así es que Jesús nos quiere dar agua viva; quiere que tengamos ese encuentro con Él para darle sentido a nuestra vida.

Ese día cambió la vida de la samaritana, que había tenido varios esposos, y su vida cambió en el encuentro con Jesús. Qué hermoso es que nosotros nos encontremos con ese Jesús vivo, agua viva, y que también nosotros podamos ayudar. Los que participan en los movimientos puedan también ayudar a que otros descubran a Jesús como el camino, la verdad y la vida; que lo descubran como ese manantial de vida eterna. Hoy también digámosle nosotros a Jesús que nos dé de esa agua; esa agua que nos llena de paz, de alegría y de felicidad.

Así sea.