HOMILÍA EN EL V DOMINGO DE CUARESMA

March 22, 2026


HOMILÍA EN EL V DOMINGO DE CUARESMA

 

«Yo soy la resurrección y la vida», dice el Señor.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:

Los saludo a todos con afecto. Hoy saludo de manera especial a estos misioneros y misioneras que llevarán el Evangelio a la parroquia de Santa María Mixtla, en el municipio de Jilotzingo. Asimismo, saludo a quienes están conectados a esta celebración eucarística en este Quinto Domingo de Cuaresma.

El tiempo transcurre rápido y ya estamos a una semana de la Semana Mayor, de la Semana Santa. Durante estos cuarenta días, la Iglesia nos ha ofrecido un itinerario que inició con la invitación a la conversión y al encuentro con el Señor. En los últimos domingos, se han tomado elementos de la liturgia bautismal, concretamente de los domingos tercero, cuarto y este quinto, con lecturas de San Juan que, aunque extensas y detalladas, son fundamentales por sus elementos bautismales.

Recordemos que en el tercer domingo meditamos el encuentro de la samaritana con Jesús, donde Él le ofrece el agua. El agua es vital en el bautismo porque nos comunica la vida de Dios; es el momento en que el sacerdote la vierte sobre el niño o la niña y pronuncia la fórmula trinitaria: «Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo». La samaritana, inicialmente, no comprendía por qué un judío le pedía de beber, pero Jesús le hablaba de que Él es el agua que da vida eterna: «Quien beba de esta agua no tendrá sed jamás».

El pasado domingo encontramos otro elemento bautismal: la luz. A partir del encuentro de Jesús con el ciego de nacimiento, quien anhelaba ver, Jesús le devuelve la vista y proclama: «Yo soy la luz del mundo».

Hoy, nos encontramos con la revelación de Jesús a través de un hecho concreto: la muerte de Lázaro. Es aquí donde afirma: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá». Jesús se acercaba ya a Jerusalén, cerca de un pueblo llamado Betania, donde tenía una familia amiga con la que solía descansar. Esta familia estaba formada por Marta, María y Lázaro.

Parece que Jesús —quien siempre actúa para dar gloria a Dios— espera deliberadamente. Sabe que su amigo Lázaro está enfermo, pero permanece unos días más evangelizando en otros poblados hasta que le avisan que ha muerto. En este pasaje vemos su faceta como verdadero hombre, pues Jesús llora al ver a su amigo Lázaro porque realmente lo quería; pero también revela que es el Hijo de Dios, la resurrección y la vida.

Precisamente, la meta de esta Cuaresma es la Pascua del Señor: la Resurrección. Si Cristo no resucitó, «apaga la luz y vámonos»; ¿qué sentido tendría nuestra presencia aquí? Jesús realizó este milagro, cuestionado incluso por los fariseos, quienes decían: «Si le dio la vista a un ciego, ¿no podría haber evitado su muerte?». Pero Jesús no actúa por provocación, sino para que sus discípulos crezcan en la fe. De hecho, cuando le pregunta a Marta: «Yo soy la resurrección y la vida, ¿tú crees esto?», ella responde, inspirada por el Espíritu Santo: «Sí, creo».

Esta lectura se utiliza frecuentemente en las misas de cuerpo presente y exequias. A veces, cuando visito escuelas y dialogo con niños, adolescentes o jóvenes, me preguntan: «¿Qué hay después de esta vida?». Aunque no tenemos la experiencia física de la resurrección, creemos en ella; creemos que el alma es inmortal. Hoy Jesús nos lo confirma: «Yo soy la resurrección y la vida. El que crea en mí, aunque haya muerto, vivirá».

Qué hermoso es que nuestra fe proclame esta verdad fundamental. Los invito a todos, y me invito a mí mismo, a vivir esta próxima Semana Santa con profundidad. Es cierto que para algunos es un tiempo de convivencia familiar o de descanso, pero es fundamental dejar espacios para reflexionar en los misterios de nuestra salvación. Sigamos caminando con la certeza de que Jesús es el Agua Viva, la Luz, el Camino, la Verdad, la Vida y la Resurrección.

Que así sea.

+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla