"Jesús nos dio el camino, y el camino es el amor"
Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús: acabamos de escuchar la pasión de nuestro Señor Jesucristo según el evangelista san Mateo [00:00]. Es importante recordar que la Pasión del Señor solamente se lee dos veces al año: el Domingo de Ramos y el Viernes Santo [00:18].
Al iniciar esta Eucaristía, realizamos en el claustro la bendición de las palmas y los ramos [00:30]. Allí se leyó un Evangelio para recordar lo que sucedió hace veintiún siglos: la entrada de Jesús a Jerusalén [00:44]. En aquel momento, la gente lo aclamaba, cortaba ramas de los árboles y decía: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna al hijo de David!” [00:59].
Recordamos ese acontecimiento en el que Jesús entró montado en un burrito [01:27]. No entró en un corcel ni en un caballo muy fino, sino en un burrito, para significar que el camino del Mesías es el camino hacia la cruz; es el camino de la humildad y de la sencillez [01:42]. Claro que lo aclamaban como Rey, pero no al estilo que nosotros entendemos en nuestro mundo —alguien con mucho poder y un gran séquito a su disposición—, sino como aquel que se dedicó a hacer el bien a los demás [02:07].
Por eso, hoy hemos participado en la procesión agitando las ramas y las palmas [02:44]. Yo creo que lo más importante es tener el significado profundo de este gesto: queremos que Cristo esté en nuestro hogar, que Cristo esté en nuestra sociedad, en nuestra comunidad y en este mundo tan violento y complicado [03:07]. Nosotros estamos invitados a seguir las huellas de Jesús [03:24].
Quiero recordar que la Cuaresma la iniciamos el Miércoles de Ceniza y fuimos caminando durante varias semanas con esa palabra mágica: conversión; renovación como personas y como cristianos [03:31]. Hoy iniciamos la Semana Mayor, la Semana Santa. El Evangelio de la Pasión nos va indicando todo lo que viviremos estos días: cómo Jesús fue aprehendido y llevado a un juicio ante los poderosos [03:55].
Lo central de esta semana es vivir los misterios de nuestra fe. Jesús, sabiendo que llegaba su hora, se reunió con sus apóstoles para celebrar la Última Cena [04:25]. Allí dejó marcado su testamento: “Ámense los unos a los otros; eso es lo que yo quiero que hagan ustedes” [04:50]. También nos dejó la Eucaristía; tomó pan y vino y dijo a sus apóstoles: “Hagan esto en memoria mía” [05:02]. Él se queda con nosotros. Sabía que venían momentos muy difíciles porque iba a ser juzgado y condenado a la cruz, el máximo castigo de la época [05:13].
Aunque Jesús fue humillado y su rostro ya ni se distinguía por el maltrato, con la cruz nos da la redención y nos abre las puertas del Reino de los Cielos [05:38]. Yo quiero que vivamos esta semana de manera profunda, dejando espacios para la reflexión, la oración y para pensar en lo que Dios hizo por nosotros [05:50]. Siendo Dios, se anonadó, tomó la condición de esclavo y llevó el peso del pecado de toda la humanidad [06:17]. Pero no fue sufrir por sufrir; su sacrificio tiene un signo de redención: lo hizo para salvarnos [06:34].
Como cristianos, estamos invitados a seguir sus huellas. Su camino consiste en hacer el bien a los demás y contrarrestar lo que estamos viviendo: los problemas de violencia, inseguridad, injusticia y la falta de respeto a los derechos fundamentales del ser humano [06:46]. Jesús nos dio el camino, y ese camino es el amor. La cruz es el signo máximo de que nos amó hasta el extremo [07:16]. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos, y Jesús dio la vida por todos nosotros al morir crucificado [07:30].
Sin embargo, quiero decirles que la Semana Santa no termina el Viernes Santo con el viacrucis [07:54]. Alguna vez, platicando con un Cardenal que fue Nuncio Apostólico en México, le pregunté qué era lo que más le había impactado del país. Él me respondió: “Lo que más me llamó la atención fue el viacrucis de Iztapalapa por la participación de millones de personas” [08:12]. Aquí en nuestra Catedral también viviremos el viacrucis, siguiendo el camino de Jesús a la cruz [08:44].
Pero nuestra fe no termina en la muerte. No termina el viernes, termina el domingo [09:06]. Iniciaremos el sábado por la noche con la Vigilia Pascual, esperando la noticia más grande que cambia el sentido de la humanidad: la Resurrección del Señor [09:06]. Porque, si Cristo no hubiera resucitado, “apaga y vámonos”, ¿qué estaríamos haciendo aquí? [09:31].
Nosotros creemos en un Cristo resucitado. Así que los invito a vivir toda la semana hasta llegar al domingo y “brincar de gusto” porque Jesús ha resucitado [09:42]. Hoy lo aclamamos como nuestro Rey con las palmas; en la semana viviremos su Pasión y Muerte, pero la noticia más feliz de todas es que ¡Cristo resucitó! [09:51].
Vivamos esta semana con momentos de silencio, reflexión, oración y también de gratitud. Démosle gracias a Jesús por lo que hizo por nosotros.
Así sea [10:19].
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla