«Verdaderamente ha resucitado el Señor, ¡Aleluya! [00:00]
Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:
Hoy es un día único porque celebramos la Pascua del Señor. Y "Pascua" significa el paso: el paso de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, de la esclavitud a la libertad [00:17].
Los saludo a todos ustedes, queridos hermanos y hermanas en Cristo resucitado; a todos ustedes que han venido hoy aquí, a la Iglesia Madre, la Catedral de Corpus Christi, para celebrar la fe y la vida [00:47]. Y saludo también a todas las personas que, con mucha devoción, están siguiendo esta transmisión en diferentes lugares. Tal vez algunas personas enfermas que hoy también, en su corazón, experimentan la alegría de la resurrección del Señor [01:12]. A las personas que nos siguen a través de los medios digitales y de las redes sociales, tanto en el territorio de nuestra arquidiócesis como fuera de ella, en otros estados de la República; y también hay personas en el extranjero que siguen esta transmisión. Que hoy sientan en su corazón una alegría muy grande, porque Cristo ha resucitado [01:50].
Iniciamos un tiempo que estuvimos siguiendo, lo que se llamó la Cuaresma. Fueron cuarenta días desde el Miércoles de Ceniza que desembocó en la Semana Santa [02:15]. En estos días santos donde acompañamos a Jesús en su pasión, en su muerte —recordándolo a través del Viacrucis— y en su resurrección [02:35]. Tal vez algunos de ustedes vivieron anoche la celebración de la Vigilia Pascual, donde esperamos con velas encendidas el momento de la resurrección [02:49]. Y hoy, este día es el más grande para todos los cristianos en todo el mundo, porque la resurrección del Señor le da sentido a nuestra vida [03:05].
Él muere en la cruz por todos nosotros. Es fiel al Padre hasta las últimas consecuencias [03:21]. Él pudo bajarse de la cruz, pero quiso ser obediente y derramó su sangre sobre todos nosotros, y nos abrió las puertas del Reino de los Cielos [03:43].
En este tiempo de Pascua, seguimos un libro muy importante en la Biblia que se llama el libro de los Hechos de los Apóstoles, que nos narra las experiencias de la Iglesia naciente y cómo aquellos apóstoles que tenían miedo —obviamente tenían, porque habían matado y crucificado al Maestro, y podían correr ellos la misma suerte— tenían miedo [03:55]. Pero cuando llega el Espíritu Santo, cuando Jesús también se les aparece varias veces y les dice: "Soy yo. Vean aquí la señal de los clavos. He resucitado" [04:27], ellos poco a poco fueron tomando conciencia de esta gran verdad que le dio un nuevo sentido a su vida.
¿Y qué fue lo que hicieron ellos? Empezaron a compartir su experiencia, lo que se le llama también el kerigma [04:52]. Pedro empezó a platicar sobre la vida de Jesús: cómo todo empezó en Galilea, cómo fue bautizado por Juan el Bautista, cómo estuvo en el desierto y después salió a su vida pública para decirnos los secretos del Reino de Dios [05:16]. El Reino de Dios había llegado con Jesús. Y empieza a platicar sobre los milagros que hizo Jesús, sobre su doctrina, sobre su mensaje de salvación, su vida y cómo terminó crucificado [05:40]. Pero viene el énfasis fuerte en cómo, después de tres días, el Padre lo resucitó [05:53].
También nosotros, queridos hermanos, todos a través del agua bendita hemos experimentado nuestra pertenencia a la Iglesia de Dios, a la familia de Dios [06:09]. También nosotros tenemos que hacer lo mismo que hicieron los apóstoles: Pedro, Juan, Santiago... ¿Qué hicieron? Compartir su experiencia [06:24]. También nosotros la tenemos que compartir sobre nuestra fe. No nos debe dar pena. Hay veces que en nuestro ambiente de la sociedad como que no se debe hablar de Dios, y es lo que necesitamos: hablar de Dios para conocer su mensaje y para ir resarciendo esas heridas que hay en las familias, en nuestra sociedad, de odio, de polarización, de falta de comprensión, de tolerancia, y construir el mundo que Dios quiere [06:53].
Pues que salgamos también nosotros felices hoy de esta Eucaristía, porque celebramos hoy la victoria del Señor; porque creemos en un Cristo que murió por nosotros porque nos ama, pero creemos en un Cristo que vive y está en medio de nosotros.
Así sea». [07:35]
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla