HOMILÍA EN EL XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

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«Pedirle al Señor que nos dé sabiduría para elegir lo mejor, que es a Jesucristo»

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús: les saludo a todos con afecto en este domingo donde el Señor nos invita para que hagamos nuestra opción por el reino de los cielos, el reino de Dios [00:00]. Esta es la enseñanza principal, es la enseñanza esencial de este domingo: pedirle al Señor que nos dé sabiduría para elegir lo mejor, que es a Jesucristo y su proyecto, que es construir el reino de Dios [00:21].

A todos los saludo; también a las personas que siguen esta transmisión en distintos lugares en México y en el extranjero, que realmente la Eucaristía nos fortalezca para el camino de la vida [00:54].

En la primera lectura ya nos va preparando —en el segundo libro de los Reyes— cómo nos va preparando para comprender mejor todavía el evangelio, porque nosotros sabemos que a Salomón, hijo de David, se le apareció el Señor en sueños y le dijo: «Pídeme lo que quieras» [01:18]. Su papá había sido el rey y ahora él será el rey Salomón, y Salomón le pide sabiduría para elegir entre el bien y el mal [01:43]. Si a nosotros nos preguntara Dios qué le pediríamos a Él para nuestra vida, pues no sé qué le pediríamos, ¿verdad? A lo mejor alguien le pediría salud, le pediría dinero, le pediría poder... Y Salomón le pide sabiduría, fíjense, para elegir entre el bien y el mal y gobernar a su pueblo [01:56]. Al Señor le agradó mucho, a Dios le agradó mucho esta petición; y claro que le concede la sabiduría, pero además le concede la riqueza, le concede el poder [02:36].

Y les decía que nos prepara esta lectura para también entender las parábolas que hoy el Señor nos expresa en el evangelio, porque, fíjense, empieza diciendo Jesús: «¿A qué se parece el reino de los cielos?». Cuando el Señor habla de reino de los cielos es lo mismo que decir reino de Dios [02:52]. «¿A qué se parece el reino de Dios?». Y entonces nos dice: «Se parece a un tesoro, o se parece a una perla, se parece a una red» [03:13]. De tal manera que alguien que descubre un tesoro en el campo, pues lo entierra bien, vende todo lo que tiene y después compra el campo porque sabe que está ahí el tesoro; o alguien que era especialista en perlas descubre una perla que nunca había visto y también vende todo para adquirir esta perla preciosa; o el que tiene una red... ¿La red para qué sirve? Para atrapar a los peces y después separar los peces buenos de los peces malos [03:31].

Esto significa que cuando nosotros descubrimos a Cristo, que es el mejor regalo que podemos encontrar y a lo que vino Jesús a la tierra —como aprendimos desde pequeños en el catecismo, vino a salvarnos, pero también él vino a descubrirnos qué es el reino de Dios—... El reino de Dios es paz, es justicia, es fraternidad, es comunión, es perdón, es solidaridad; ese es el reino de Dios, y Jesucristo nos invita a construir su reino [04:15].

Cuando descubrimos qué es lo más importante, dejamos lo demás porque es lo más valioso [05:05]. Podemos nosotros pensar en la vida de los santos: de San Agustín, Santo Tomás, o santos actuales como San José Sánchez del Río (Joselito), o del siglo pasado San Juan Bosco [05:16]. Podemos pensar que ellos descubrieron el tesoro, descubrieron la perla más importante, que es Cristo, y lo siguieron [05:48]. Nosotros los cristianos estamos llamados a descubrir a Cristo como el camino, la verdad y la vida, y seguirlo; y eso es lo que va a dar la alegría, va a dar la felicidad [06:03].

Por eso estas parábolas nos invitan a nosotros a que nos animemos a dejar lo menos importante —las cosas a veces materiales o lo que nos distrae— y que realmente nos concentremos en Jesucristo [06:10]. Y Jesucristo nos invita a seguir su reino, a seguir sus caminos, y es lo que nos va a dar a nosotros alegría y felicidad sin fin [06:32]. Pues animémonos a seguir a Cristo, a seguir sus huellas para construir su reino, y eso nos dará paz, nos dará alegría y nos dará felicidad [06:46].

Así sea [06:59].

 

+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla