«Estar con Jesús nos debe dar fortaleza para ser valientes testigos de su amor»
Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:
Les saludo a todos con afecto de padre y pastor, ustedes que están aquí en nuestra catedral, la Iglesia Madre de nuestra Arquidiócesis de Tlalnepantla [00:00]. Y también quiero saludar a los que siguen esta Eucaristía en distintos lugares: a todos les deseo que la paz del Señor esté en su corazón [00:11].
Hoy en el evangelio escuchamos cómo Jesús, después de aquel espectacular milagro que realizó y que escuchamos hace ocho días —la multiplicación de los panes y los peces—, tuvo una jornada muy intensa [00:34]. Se va con sus discípulos, pero primero les dice: «Ustedes váyanse, yo después los alcanzo», y los envía en la barca [00:48]. Jesús quería estar también solo; siempre ese detalle lo encontramos muy a menudo en la Sagrada Escritura, en los evangelios: que Jesús se va a hacer oración, se va a tener esa intimidad con el Padre [01:02]. ¡Y cuántas veces escuchamos que pasó la noche haciendo oración! [01:25]. Seguramente pues ir también comprendiendo, asimilando el proyecto de su Padre, qué era lo que el Padre quería, porque después Jesús compartía y comunicaba pues este proyecto que lo hacía vida [01:42].
Y nos narra el evangelio que después, en la madrugada, Jesús se fue caminando en el mar, en el mar de Galilea [02:07]. Yo creo que sabemos cómo realizó milagros el Señor, muchos milagros; lo encontramos en los cuatro evangelios, y también podía hacer eso, ¿verdad?, el Hijo de Dios [02:20]. Y les habló a sus apóstoles. Era un silencio muy grande en el mar y ellos en la barca, y les habla y se espantan, se asustan, porque ven que alguien va caminando sobre el mar [02:33]. Y entonces les dice Jesús: «Soy yo» [03:00].
Y siempre sabemos que Pedro reacciona de una manera muy rápida, ¿verdad?, y dice: «Si tú eres, pues que yo me vaya caminando en el mar» [03:12]. Y entonces le dice Jesús: «Ven» [03:22]. Y Pedro empieza a caminar en el mar, pero de momento duda, y al dudar se empieza a hundir [03:36]. Jesús lo toma del brazo, lo toma de la mano y le dice: «Hombre de poca fe» [03:49].
Y la pregunta también este domingo para cada uno de nosotros es: ¿cuánta confianza le tenemos a Dios? [03:59]. Hay veces que dudamos también, y sabemos que si Dios está con nosotros, pues vamos a salir adelante; tener esa seguridad [04:14]. Fue una lección muy fuerte para Pedro, que también lo iba educando el que después sería la roca sobre la cual Jesús construye su Iglesia; y para todos los apóstoles también [04:23]. Jesús en ocasiones mandaba calmar el viento, resucitó muertos, hizo esos milagros que siempre eran para que la gente creciera en su fe; no era para impresionar a nadie, sino era para que la gente aumentara su fe [04:41].
Y vemos nosotros otro signo importante en este evangelio: la barca [05:06]. La barca tradicionalmente ha sido el signo de la Iglesia; la Iglesia se entiende como la barca, y en esa barca va Jesús [05:17]. Qué importante es que nosotros sepamos que estar con Jesús nos debe dar fortaleza, aunque este mismo Jesús después nos envía para que llevemos su mensaje de salvación a los demás [05:29]. Y a veces nos puede dar también miedo, nos puede dar temor hablar de Dios, evangelizar, ser misioneros, ser misioneras; pero tengamos hoy la completa seguridad de que si Dios está con nosotros y nos dice «Ven», estará con nosotros y nos acompañará [05:39].
Que el Espíritu Santo nos guíe, nos ayude para ser valientes testigos del amor de Dios [06:06].
Así sea [06:06].
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla