Homilías
HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS
«Sintamos el abrazo de nuestra Madre Santísima y salgamos con ánimo para seguir adelante»
Muy queridos hermanos y hermanas en Jesucristo nuestro Señor:
Antes que nada, pues quiero saludarlos a todos ustedes, peregrinos y peregrinas; a todos los laicos y laicas de las siete zonas pastorales, y también a otros peregrinos que vienen de otros lugares [00:00]. Viene Texcoco, vienen algunas otras personas de distintos lugares a unirse en esta fiesta patronal; y saludo también a las religiosas, a los seminaristas, a los sacerdotes aquí presentes, y también a los que se unen a nuestra celebración a través de las redes sociales, de estos medios digitales: que recibamos hoy la bendición de nuestra Madre Santísima [00:16].
Sin duda que una fiesta patronal pues siempre es un momento de gracia, de bendición, de agradecimiento [01:11]. Y precisamente le agradecemos a Dios por habernos regalado a una madre que nos ama, que nos protege, que nos cuida; y es una de las finalidades de participar en esta fiesta patronal: dar gracias a nuestro Dios porque eligió a la Virgen María como madre del Salvador y madre de todos nosotros [01:31].
Es por eso que hay toda una preparación para esta fiesta patronal, con distintos acontecimientos, novenarios y muchas otras actividades que fortalecen nuestra fe [02:10]. Y es muy importante: sabemos todos, o la gran mayoría, que la Virgen de los Remedios es la patrona de nuestra Arquidiócesis de Tlalnepantla, pero también la Virgen de los Remedios es patrona de todos los sacerdotes y es patrona de nuestro seminario, que está aquí al lado de la Basílica de los Remedios [02:26].
La Virgen María cumplió plenamente el encargo de Dios: ella fue invitada para ser la madre de Jesucristo, y ella pues lo acompañó a Jesús [02:50]. También podemos pensar junto a San José, el hombre justo, el varón justo, que formaron la Sagrada Familia; y qué hermoso que este día tengamos también muy presente a las familias [03:06]. Las familias son la semilla para tener una sociedad cada día mejor [03:37]. Hablamos tanto de que el tejido social se está rompiendo o está roto; y en nuestra arquidiócesis, como también en todo nuestro México, los obispos hemos querido que la familia pues sea una de las atenciones fundamentales en nuestra evangelización [03:50]. Así es que hoy que todas las familias, especialmente las más necesitadas, sientan esa presencia y esa bendición de la Virgen María [04:11].
Sin duda que hoy, el evangelio de las bodas de Caná que acabamos de escuchar, pues veo yo dos elementos muy importantes [04:26]: Por un lado, la Virgen María, que es invitada a una boda junto con Jesús y sus discípulos: ella es sensible ante las necesidades de los esposos —en este caso se había terminado el vino— y es sensible [04:36]. Pero también el otro elemento es que intercede, y por eso le dice a Jesús: «Ya no tienen vino» [04:59]. Y nosotros vemos estos dos elementos que están muy presentes en la vida de la Virgen María: ella es sensible a las necesidades que tiene nuestro pueblo, y nos sentimos acompañados por ella [05:12].
En estos cinco siglos —ya tiene más de cinco siglos de la presencia de la Virgen de los Remedios, la primera imagen que llegó a América, presente en nuestro pueblo—, y siempre la hemos sentido sensible ante las necesidades de los que sufren, de los pobres, de los abandonados, de los migrantes, de los presos, de las madres buscadoras, de los niños, de los ancianos, de los enfermos... siempre ella está atenta, y nosotros sentimos su abrazo, sentimos su presencia en nuestra vida [05:35]. Pero además de ser sensible, ella intercede por nosotros ante Dios nuestro Señor [06:19]. Por eso, de esta visita también salimos nosotros fortalecidos en nuestra fe, porque le presentamos nuestras necesidades, pero sabemos que ella nos escucha; ella nos escucha porque es una madre que nos ama y que se preocupa por nosotros, por lo que nos sucede en nuestra vida [06:31].
Por eso la invitación de un servidor es para que todos salgamos contentos, llenos de ánimo para seguir adelante en la vida [06:54]. Sabemos que siempre la Virgen María está asociada a Jesucristo; siempre ella está presente en la vida de nosotros, pero siempre nos remite a Jesús, que es el centro de nuestra fe: «Hagan lo que él les diga» [07:08]. Y ella por eso es importante en la historia de la salvación, porque cumple la misión que el Señor le encargó [07:31].
Hoy también tenemos en esta fiesta patronal un acontecimiento hermoso: varios seminaristas van a recibir el ministerio del lectorado y acolitado, y esto nos debe llenar también de alegría y de esperanza [07:45]. Ellos ya van en la etapa final, que la conocemos como Configuración, y ellos han ido, a través de la guía de sus formadores, discerniendo qué es lo que el Señor quiere para ellos, y ellos dan hoy un paso importante [08:00]: los lectores, que tendrán el encargo de proclamar la palabra de Dios, sobre todo en las asambleas litúrgicas, pero también el evangelizar teniendo siempre el evangelio como base, como fundamento la Sagrada Escritura [08:37]; y por otro lado los acólitos, que ellos reciben el encargo de apoyar a los sacerdotes, a los diáconos también en las celebraciones litúrgicas, y tener como centro la Eucaristía para amar más la Eucaristía [09:10]. Ellos también tendrán el encargo de ser ministros extraordinarios de la comunión y poder llevar la comunión también a los enfermos, el poder llevarles la palabra de Dios [09:25]. Es un acontecimiento importante porque necesitamos sacerdotes, necesitamos jóvenes que entreguen su vida por el evangelio [09:36].
Y por eso también ya se habla mucho en la Iglesia y en nuestro México de ir teniendo una cultura vocacional [09:53]. Cuando hablamos de vocación no solamente pensamos en los sacerdotes, en las religiosas, en la vida consagrada, sino también pensamos en los matrimonios: la vocación a la familia; y por eso es seguir el proyecto de Dios [10:01].
Pues yo quiero aprovechar la oportunidad para seguir invitando a toda la comunidad cristiana a seguir orando en especial por las vocaciones sacerdotales: «La cosecha es mucha y los obreros son pocos; rueguen al dueño de la cosecha que envíe obreros a su mies» [10:24]. ¡Y qué importante es la oración para que haya más sacerdotes en nuestra Iglesia y sacerdotes también en esta Iglesia particular! [10:48]. También es un llamado, como lo he hecho muchas veces, a los sacerdotes para que promuevan y acompañen en sus parroquias las vocaciones, y puedan darle seguimiento a aquellos que tienen una semilla del deseo de ser sacerdotes [10:58].
Vivimos tiempos complicados a nivel mundial en el tema de las vocaciones sacerdotales, pero recordemos lo que decía San Juan Pablo II: hay vocaciones, pero hay que promoverlas; hay que promover las vocaciones, y eso nos corresponde a todos [11:23]. No solamente a un equipo que está en esa área —como tenemos la Pastoral de Adolescentes y Jóvenes Vocacional—, sino también corresponde a todas las familias el unirnos para que tengamos más sacerdotes que lleven a Jesucristo, que lleven el evangelio a los demás [11:50].
Pues le damos gracias hoy a nuestra Madre por esta fiesta patronal; que sintamos, como les decía, su abrazo, y ánimo para seguir adelante [12:21].
Los invito a que digamos todos:
Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo... [12:33]
Como era en un principio... [12:45]
Ahora y siempre... [12:51]
Por los siglos de los siglos.
Amén [12:51]
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla