HOMILÍA EN EL III DOMINGO DE CUARESMA

March 20, 2022


HOMILÍA EN EL III DOMINGO DE CUARESMA

 

«El Señor es compasivo y misericordioso»

 

Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

Los saludo a todos con afecto, a ustedes que están aquí en nuestra Catedral de Corpus Christi, también hoy tengo la alegría de que concelebra conmigo mi Obispo Auxiliar, don Efraín Mendoza Cruz, y nuestro diácono Carlos, y también quiero saludar a todas las personas que a través de los medios digitales se unen a nuestra celebración. También los terceros domingos de cada mes Radio María transmite esta Misa por radio, de tal manera que el mensaje del Señor llegue a más personas, llegue no solamente a su mente, sino a su corazón, para que den fruto y fruto abundante.

El marco de este III Domingo sobre todo es la conversión. Vamos casi a la mitad de camino del Tiempo de Cuaresma y se nos invita a la conversión para que se dé una renovación bautismal en la vida de cada uno de nosotros y podamos llegar a la Semana Santa acompañando a Jesús en su pasión, muerte y resurrección.

En la primera lectura, del libro del Génesis, encontramos que la vida de Moisés era muy tranquila, porque se dedicaba a pastorear el rebaño de su suegros Jetró, era una vida apacible. Sin embargo, un día saca el rebaño hasta fuera del desierto y tiene el encuentro con Dios, está el signo de la zarza ardiendo, que no se apaga, y se escucha la voz de Dios, donde Él comenta, plática con Moisés y le dice que el pueblo de Israel estaba sufriendo opresión en Egipto y que él lo iba a liberar. Lo envía, le quita esa vida tranquila y lo envía para que les dé la noticia, le dice: «Aquí quítate las sandalias, porque la tierra que pisas es una tierra santa». Y Dios le dice algo muy bonito: «Yo soy el padre de Abraham, el padre de Isaac...», que sobre todo nos indica cómo Dios es alguien más de relación, no es el dios del trueno, el dios del fuego, sino es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y Moisés obedece para dar la noticia a los israelitas, le dice: «¿De quién tengo que hablarles?», y Jesús le dice: «Yo soy el que soy, y el que los va a sacar de la esclavitud».

En la segunda lectura, del libro de San Pablo, de la carta de San Pablo a los corintios, ya nos plática la experiencia de este pueblo que va caminando por el desierto durante 40 años y hemos comentado que la Cuaresma dura 40 años, pero Pablo le platica a esta comunidad de Corinto la experiencia y fue una experiencia donde se veía la mano de Dios, los alimentaba con el maná en el desierto y los cuidada. Sin embargo, la anotación que hace Pablo es que mucha gente se desvió de los caminos de Dios. Es la experiencia, y por eso hoy el tema es la conversión.

En el Evangelio encontramos esa higuera plantada en un viñedo, donde el hombre va a recoger los higos pero no encuentra higos, y durante tres años hace lo mismo y fue el mismo resultado, no había higos. Entonces le dice al viñador: «Corta esta higuera porque está ocupando espacio inútilmente». Sin embargo, el viñador le dice: «Señor, yo voy a remover la tierra, voy a regar, voy a cuidar esta higuera y si el año que entra no da fruto la cortas». ¿Qué quiere decir esto, queridos hermanos y hermanas? Que Dios es compasivo y misericordioso, que quiere la conversión y nos da la oportunidad de que vayamos cambiando nuestra vida.

La Cuaresma es un tiempo de gracia y bendición. Sufrimos mucho al ver la realidad que nos rodea, la violencia que se desata en todo México, más acentuada en muchas partes, y en distintos países del mundo, especialmente en Ucrania, y lo que nos pide Dios es cambiar. Yo les he dicho que lo que quiere Dios es la paz, pero la paz es un regalo del Cielo que se construye día a día. ¿Y eso quién lo hace? Nosotros. ¿Por qué hay guerra? No es porque Dios quiera, Dios quiere que haya fraternidad, que haya amor, que nosotros convirtamos nuestro corazón y seamos más fraternos, más humanos, gente que quiera el bien de los demás,

Sigamos caminando en esta Cuaresma, convirtiéndonos. A veces queremos que se conviertan los demás, pero no nosotros; debemos empezar por nosotros mismos, convertirnos, cambiar nuestra manera de ser, de pensar, de acuerdo a los criterios del Evangelio, de acuerdo a lo que quiere Jesús. Que la oración, el ayuno y la limosna nos ayuden para que este camino lo hagamos y, les decía, la conversión nos lleva a una renovación de nuestro propio Bautismo. Así sea.

 

+ José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla