¡Cristo Vive!, ¡Cristo Vive!, ¡Cristo Vive!
Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, les saludo a todos con mucho afecto, esta Noche Santa, esta Vigilia Pascual. Saludo a todos los que han venido aquí a nuestra Catedral para participar presencialmente, de una manera muy especial quiero saludar a los del Camino Neocatecumenal, a las comunidades que están aquí presentes, a los sacerdotes, también a los que han venido con su túnica, que han terminado su catecumenado, que quieren renovar su bautismo, que todos se sientan hoy felices de participar en la Pascua del Señor; también de una manera muy especial a los que, a través de los medios digitales, se unen a nuestra Eucaristía, ya sea dentro del territorio de nuestra Arquidiócesis de Tlalnepantla, también en la República Mexicana y en el extranjero.
Que hoy resuenen en nuestros corazones esas palabras de que ¡Cristo está vivo! que ¡Cristo vive!, ese es el motivo fundamental por el que estamos hoy aquí, esta noche, porque creemos en un Cristo Vivo, creemos en un Cristo Resucitado, que tuvo que pasar todo lo que estaba en la voluntad del Padre y fue fiel hasta las últimas consecuencias. Sin duda parece que todo había de terminar en una tragedia, en la Cruz, pero no fue así, el Padre lo resucitó y hoy es una vivencia el participar en esta Noche que es la madre de todas las noches del año, esta Vigilia Pascual.
¿Cómo iniciamos? con la bendición del fuego, con la bendición de la luz esa Luz que penetró la oscuridad, esa Luz que es Cristo, como lo escuchamos en el pregón pascual, siempre que nosotros vemos el Cirio Pascual creemos en un Cristo, Luz del mundo, Cristo Resucitado. La Vigilia Pascual es un preludio de la Pascua, hoy, esta noche, estamos ya celebrando la Resurrección del Señor.
Que hermoso es haber escuchado las nueve lecturas de esta noche que nos invita la liturgia, siete lecturas del antiguo testamento y dos del nuevo testamento, ha sido un repaso de la historia de la Salvación, que se va dando en la historia de la humanidad y Dios siempre sale al encuentro de nosotros, nos libera nos acompaña, nos ama y envía a su Hijo Jesucristo, la Palabra hecha carne, que, siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza; Él siendo el todo poderoso se hace como nosotros y se pareció en todo menos en el pecado.
Estos días escuchamos como, el viernes Santo, Jesús ya no tenía figura humana, estaba desdibujado, pues lo habían atormentado, al mismo Dios, pero Dios lo resucita y es lo que estamos celebrando esta noche, todo este camino al que fuimos invitados en esta cuaresma tiene su meta, precisamente, en la Pascua del Señor, en la Resurrección, ahora viviremos 50 días de celebración, pues esta Pascua nos va a llevar hasta el día de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo.
Al escuchar el Evangelio, vemos a estas mujeres intrépidas, valientes, que van al sepulcro y que encuentran la piedra removida; están los ángeles que dicen “¿a quién están buscando? al que buscan !ha resucitado¡”. Podemos decir que ellas son las primeras misioneras porque van corriendo a decirle a los apóstoles que Jesús ya no está en el sepulcro, que ¡Jesús ha resucitado!, que ¡Cristo vive!.
Tengo tres años desde que llegué a estas benditas tierras y me llamó la atención ese grito, esa porra, esa frase de ¡Cristo vive en medio de nosotros!, que sea una realidad, que realmente Cristo esté en medio de nosotros, que esté en nuestro corazón, que seamos capaces de ver a Cristo en el rostro del hermano, del que sufre, de aquel que lo necesita, del pecador, que veamos el rostro de Cristo en el hermano; vivimos en un mundo convulsionado, en un mundo polarizado, en un mundo dónde hay mucho odio, rencor, donde hay guerras, donde hay violencia y necesitamos que realmente Cristo viva en medio de nosotros, viva con nosotros viva en nosotros y que vayamos siendo esos discípulos misioneros.
Esta noche tenemos la oportunidad de renovar nuestro Bautismo, algunos tendrán hoy la gracia de recibir los sacramentos de la iniciación a la vida cristiana, algunos recibirán el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, estos sacramentos que nos inician, pero sabemos que la vida del cristiano es todo un camino y, el camino, es de toda la vida.
Hay que ir alimentando nuestra fe, que hoy de verdad salgamos de esta Eucaristía contentos, los que puedan brincar, brinquen, los que puedan correr, corran, porque estamos felices porque Cristo ha resucitado; Cristo le da sentido a nuestra vida y su muerte y su Reacción nos abren las puertas del Cielo; nuestra vida es un caminar, pero nuestro destino final es la casa del Padre.
Que seamos capaces de vivir en familia, en comunidad, como hermanos, somos muy diferentes, Dios nos ha dado dones, talentos, cualidades distintas, pero son para ponerlas al servicio de los demás y siempre el objetivo es el mismo para todos los cristianos, para todos, colaborar en la construcción del Reino de Dios.
Así es que hoy le damos gracias a Dios porque se queda con nosotros, vamos a participar en estos momentos en esta tercera parte de nuestra celebración, que se llama la Liturgia Bautismal; y habrá una cuarta parte, que será la Liturgia Eucarística, para recibir al Señor, también en la comunión y salir a anunciar que Él está vivo en medio de nosotros. Así sea.
+José Antonio Fernéndez Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla