«Tú sabes que te quiero»
«Apacienta mis ovejas»
Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús resucitado:
Hoy nos encontramos en este III Domingo de Pascua, en este tiempo de gozo por la Resurrección del Señor. Quiero saludarlos a todos ustedes y también a los que siguen esta transmisión desde sus hogares, desde donde se encuentren, y se unen a esta oración tan grande de los cristianos, la más grande, que es nuestra Eucaristía; a todos les deseo alegría en el corazón por la Pascua del Señor y esperanza en medio de las dificultades de la vida.
Quiero referirme al Evangelio que acabamos de escuchar y vamos primeramente a ver el ambiente, el contexto, para comprenderlo más. Encontramos a los discípulos, a los apóstoles, en la región de Galilea, fue la tercera aparición de Jesús. La Resurrección no es un sueño, como decíamos hace una semana, es una verdad, es una realidad que el Padre resucitó a Jesús al tercer día. Las primeras apariciones fueron en Jerusalén, pero ahora encontramos a los apóstoles en Tiberíades, en Galilea, en un ambiente que ellos conocían muy bien, porque eran pescadores. Recordarán ustedes cuando Jesús los invitó y mirándolos a los ojos les dijo: «Vengan y síganme, y yo los haré pescadores de hombres», y ellos dejando sus redes siguieron a Jesús.
Pues ellos regresan a su oficio, seguramente eran expertos en pesca y habían pasado toda la noche pescando. Y encontramos tres escenas: La primera escena es Jesús invitándolos a tirar las redes, la segunda escena es Jesús compartiendo con ellos el pan y el pescado, y la tercera es el diálogo que tiene Jesús con Simón Pedro.
En la primera escena resulta que habían pasado toda la noche y no habían pescado nada, y escuchan la voz de Jesús que les dice: «Muchachos, ¿qué han pescado?», y ellos responden: «Nada». Entonces les da la instrucción de que tiren la red a la derecha de la barca. Ellos obedecieron, estaban un poquito asustados, pero obedecieron. Y entonces se llenaron las redes de pescados. Nos dice el Evangelio que eran 153 pescados, de tal manera que tuvieron que arrastrar la red hasta la orilla para descargar los pescados. Esa fue la primera escena.
Para la segunda escena Jesús ya había preparado un pescado y les pide además que le den otro, y también hay un pan. Seguramente ellos estaban hambrientos y por eso Jesús los invita a almorzar, a partir el pan. El significado de esta escena nos recuerda la Última Cena, cuando Jesús toma el pan y lo reparte, y les dice: «Esto es mi cuerpo, que será entregado por ustedes», nuevamente les ofrece el pan. Podemos ver también ahí una prefiguración o un avance de lo que es la Eucaristía, porque en la Eucaristía tenemos la Liturgia de la Palabra, y Él platica con ellos; y también tenemos la Liturgia de la Eucaristía, que después se empezó a celebrar en las casas esta Eucaristía, esta Fracción del Pan. Esta escena también nos recuerda cuando Jesús les dijo: «Hagan esto en memoria mía», y después les habló sobre el amor fraterno y sobre el servicio. Vemos a este Jesús resucitado sirviendo, Él es el que prepara el pescado y el pan para decirnos a nosotros los cristianos que tenemos que ser servidores de los demás.
La tercera escena es el diálogo que tiene Jesús con Simón Pedro. Hoy le hace tres veces la misma pregunta: «Simón Pedro, ¿me quieres?», «Simón Pedro, ¿me amas?». Y Pedro responde: «Señor, tú sabes que te quiero». Entonces Jesús le dice: «Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas». La tercera vez que le hace esta pregunta Simón Pedro se entristece y le dice: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero», y Jesús insiste: «Apacienta mis ovejas». Esta escena nos recuerda cómo Pedro negó tres veces a Jesús antes de su muerte, «Yo no lo conozco», y Jesús no le reprocha, Jesús no le dice: "Acuérdate lo que hiciste", sino simplemente le pregunta tres veces. Pedro tenía un temperamento muy impulsivo, recordarán que un día antes de su pasión le preguntó a Jesús: «¿A dónde vas?», y le dijo Jesús: «A donde yo voy tú no puedes ir», y Pedro dice: «Yo te seguiré a donde quiera que vayas, yo doy la vida por ti», pero al poco tiempo lo niega diciendo: «Yo no lo conozco». Seguramente que en este cena hay una armonía, porque Simón Pedro es curado, se siente bien, y Jesús le vuelve a confirmar: «Apacienta mis ovejas».
Qué hermoso pasaje, queridos hermanos y hermanas, porque es también para nosotros, porque nosotros también nos equivocamos, nosotros también cometemos errores, y Jesús también nos perdona como perdonó a Pedro, con una única condición, que es amar a Jesús. Es cierto que debemos de tratar de reparar lo que hemos hecho, pero también tenemos que mostrar que somos seguidores misioneros de Jesucristo. Pedro antes respondía fogosamente: «Yo te seguiré», pero ahora ya lo hace de una manera más madura, le dice: «Señor, tú sabes que te quiero». Hoy Jesús nos llama por nuestro nombre, nos dice: «María, ¿me amas? José, ¿me amas? Mónica, ¿me amas?»... ¿Y nosotros qué le respondemos? Ojalá que hoy le digamos: "Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo". Así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla