«No pierdan la paz, Yo estoy con ustedes»
Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:
A todos les saludo con la alegría Pascual, con la alegría por la Resurrección del Señor a la que hoy nos invitaba la Oración Colecta. Saludo a todos ustedes que están aquí presencialmente en nuestra Catedral de Corpus Christi y saludo también a todos los que se unen a nuestra celebración a través de las redes sociales, de las plataformas digitales, tanto dentro del territorio de nuestra Arquidiócesis de Tlalnepantla como de la República Mexicana y también del extranjero; a todos les deseo la paz del Señor. Hoy estamos celebrando el IV Domingo de Pascua y estamos en la recta final de este tiempo litúrgico, ya que el próximo domingo celebraremos la Ascensión del Señor a los Cielos y dentro de 15 días cerraremos con la fiesta de Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo.
Quiero referirme al Evangelio que acabamos de escuchar, donde Jesús está en ese ambiente de la Última Cena, muy importante para Él porque ahí nos dejó su Cuerpo y Sangre como comida y bebida de salvación; y también ahí dio algunos de los mensajes más importantes a sus discípulos. De tal manera que hoy nos dice qué importante es la comunión con el Padre, con Él mismo, que es el Hijo, y con el Espíritu Santo, porque si hay comunión también se cumplirá el principal mandamiento, que es el mandamiento del amor; si no hay comunión no se puede cumplir este mandamiento del amor de una manera total.
Jesús ya sabe que su salida está próxima, es decir, que muy pronto subirá a los Cielos para estar a la derecha del Padre. Es por eso que les dice a sus discípulos que el Espíritu Santo les recordará todo lo que Él les ha enseñado, la presencia del Espíritu Santo es muy importante; y también les insiste en el mandamiento del amor. El primer mandamiento es «Amarás a Dios», el segundo es «Amarás a tu prójimo», y todavía Jesús ha agregado algo más «Ámense los unos a los otros como yo los he amado». Finalmente les da un saludo de paz, «No pierdan la paz», si están unidos a nosotros, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, no importan las dificultades, los problemas; habrá tribulaciones, pero no pierdan la paz, porque «Yo estoy con ustedes».
El Espíritu Santo está presente y ha actuado en estos XXI siglos de la historia de la Iglesia. Hoy lo encontramos en la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, en una decisión que se tiene que tomar. Siempre que hay grupos humanos hay problemas, porque hay distintas maneras de pensar. Sabemos que al inicio de la Iglesia las pequeñas comunidades iban creciendo, por eso Pablo y Bernabé salieron más lejos y empezaron dar el Kerigma, el mensaje, a los extranjeros, a los gentiles, de tal manera que varios de ellos quieren unirse a los seguidores de Jesús. Pero empieza la polémica, porque algunos quieren que sigan las leyes judías, entre ellas la circuncisión; empiezan las discusiones, las polémicas. Entonces Pablo y Bernabé van a Jerusalén para reunirse con los apóstoles, con Pedro, con Juan, con Santiago, y decirles este problema que estaban pasando.
De tal manera que empieza el primer Concilio en el año 49, el Concilio de Jerusalén, donde se hace una sínodo y se ponen los problemas a la luz de todos, pero bajo la presencia del Espíritu Santo. Entonces llegan a una conclusión: «El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido no dar cargas pesadas a los demás». Qué decisión tan hermosa, porque se pudo haber dicho que todos tenían que seguir las leyes judías y no los mandamientos de Jesús, y eso hubiera ocasionado que muchos no se hubieran unido a las primeras comunidades.
Qué importante es que cuando hay problemas en una familia, en un grupo de Iglesia, en una comunidad, se dialogue, se tenga la capacidad de escuchar y de siempre buscar lo mejor para todos. Esto es lo que el Papa Francisco nos está pidiendo ahora, lo que se llama la sinodalidad, caminar juntos escuchándonos. El próximo domingo será la 8ª Gran Misión Católica en la Arquidiócesis de Tlalnepantla y vamos a salir, yo también voy a salir a caminar para invitar a los demás a acercarse a la casa de Dios, a acercarse al mensaje de Jesucristo. Pero ahora lo más interesante es que vamos a salir con los más alejados, con los que no vienen al la parroquia, los que no vienen al templo. Y ¿por qué no vienen? Puede haber distintas razones, porque no se sienten a gusto, porque no ha habido el trato que esperan, porque no sienten un ambiente familiar, y nosotros queremos tener una cercanía, queremos escuchar cómo quisieran ellos que fuera nuestra Iglesia.
Una de mis preocupaciones más fuertes ahorita son los adolescentes y los jóvenes. En estos momentos los adolescentes y jóvenes son el mayor número de población en México, y ¿cuántos de ellos se acercan a nuestras parroquias? Tenemos que cambiar, ser una Iglesia más amable, una Iglesia más cercana, una Iglesia donde promovamos la dignidad humana, donde promovamos la justicia, donde nadie se sienta menos, donde nadie sea excluido, sino donde nos sintamos hermanos hijos de Dios.
Así es que hoy la Palabra de Dios nos da una pista: Siempre buscar el bien común, con el diálogo; siempre buscar lo mejor; siempre tener presente al Espíritu Santo. Que el Señor nos bendiga a todos y nos ayude a caminar con alegría, especialmente en este tiempo por la Pascua del Señor. Así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla