«El Adviento nos recuerda que Jesús vino, que Jesús vendrá, pero que Jesús viene todos los días»
Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:
A todos los saludó con afecto, a ustedes que están aquí presencialmente en nuestra Catedral y también a todas las personas que no siguen a través de los medios de comunicación; que realmente la celebración de la Eucaristía sea un alimento para la vida, para vivir con alegría y con esperanza. También quiero saludar a todos los que desde lugares lejanos siguen esta Eucaristía.
Estamos abriendo un nuevo tiempo litúrgico y seguramente que ustedes ya se han dado cuenta de que ha cambiado el color de los ornamentos a color morado, se ha puesto la corona de Adviento con sus cuatro velas, con sus cuatro cirios, también los cantos van en un tono que nos ayudan a prepararnos, porque este tiempo es una preparación a la venida del Salvador.
Adviento, como les decía, es la venida, nos recuerda la venida de Jesús en un pasado, que Cristo vendrá por segunda vez y que Jesús viene a nosotros todos los días. Es decir, un pasado, un futuro y un presente.
Solamente son cuatro semanas para que nosotros lleguemos a la Navidad, a la venida del Niño Dios, por eso es importante la preparación, la preparación que se hace en cada una de las parroquias, donde los padres, los párrocos, se esmeran para que la atmósfera ayude para esa venida del Señor. Muchas veces también se realizan retiros de Adviento, se hacen algunas acciones, pero todo va encaminado a la preparación.
Si queremos tener una fiesta muy hermosa en la Navidad, en cada una de las familias necesitamos prepararnos, no improvisar.
En este camino de las cuatro semanas siempre tenemos algunos guías que nos van ayudando para que nuestro corazón se prepare. Tenemos al profeta Isaías y también vamos a tener nosotros a la mujer más hermosa, que es la Virgen María, porque el 8 de diciembre tendremos la fiesta de la Inmaculada Concepción y después, el 12 de diciembre, celebraremos a la Virgen de Guadalupe. Todos esos días van siendo un tiempo de preparación, incluyendo también el tiempo de las Posadas, que inician el 16 de diciembre.
No debemos quedarnos nosotros solamente con lo aparatoso, con los espectacular, con las luces, sino también que vaya habiendo una introspección, una reflexión interior acerca de nuestra vida, de nuestro caminar como cristianos, como discípulos misioneros de Jesucristo.
Este I Domingo de Adviento la enseñanza fundamental es que debemos estar vigilantes, es lo que nos dice el Evangelio. Jesús recurre a lo que sucedió allá en el libro del Génesis en tiempos de Noé, cuando fue el diluvio y no estaban preparados y naufragaron y murieron. Jesús nos dice: «Deben estar vigilantes, porque no saben el día ni la hora», y no es para que nosotros nos asustemos, no es para que nosotros entremos en depresión o en estrés, sino para que estemos preparados. ¿Cómo está uno preparado? Cuando uno va haciendo todas las cosas bien, cuando uno las va haciendo con amor, cuando uno va viendo el rostro de Cristo en el hermano, en la hermana que nos encontramos, en especial en el más pobre y el más necesitado.
El Adviento nos recuerda que Jesús vino, que Jesús vendrá, pero que Jesús viene todos los días.
Que estas cuatro semanas nos pongamos en acción, nos preparemos. Cada quien se va preparando en su hogar con la corona de Adviento, con el arbolito de Navidad, pero también con algunas acciones para ayudar al que menos tiene, al más necesitado o al que está solo y necesita de nuestra presencia.
Que el Señor bendiga aquí a nuestra Unidad Pastoral Corpus Christi, a todos los que participan en esta Catedral, para que este tiempo de Adviento dé muchos frutos para nuestra vida como cristianos. Así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla