«La Navidad, después de contemplarla y después de proclamarla, hay que hacerla vida, hay que concretarla»
Hoy 25 de diciembre de este año 2022, año de gracia, año de abundantes bendiciones, el Señor nos permite celebrar con gran gozo y con gran alegría esta solemnidad del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Hoy 25 de diciembre podemos decir con toda propiedad: ¡Feliz Navidad!, es decir, feliz el acontecimiento que nos invita a contemplar en el pesebre a Jesús, a María y a José.
En este hermoso cuadro, en estos hermosos pesebres que se colocan en las catedrales, en las parroquias, incluso en muchos de nuestros hogares, podemos, de una moneda muy sencilla pero muy profunda, entrar en la contemplación de este misterio santo, y es precisamente lo que hoy el Señor nos invita, en un primero momento, a través de estos textos que se nos han proclamado.
El profeta Isaías habla de un pueblo que camina en tinieblas, de un pueblo que necesita contemplar el rostro de Dios, de un pueblo que necesita contemplar en su vida social el rostro de la paz y de la justicia. Por eso el profeta Isaías prorrumpe en esta gran exclamación: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz»; y esta luz, nos dice el evangelista San Juan, es la Luz del mundo; nos dirá también San Lucas: «Es el sol de justicia que nace de lo alto y que viene para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.»
Contemplar es la actitud fundamental que hoy la Iglesia nos invita a fortalecer y a vivir en este misterio santo, contemplar a Jesucristo Luz del mundo, contemplar en este pesebre a este pequeño envuelto en pañales y descubrir en Él al sol que nace de lo alto, descubrir en este rostro infantil y tierno el rostro de Dios. Qué necesario es en este tiempo que podamos cultivar esta actitud de la contemplación, en un mundo en el que vivimos aprisa, en un mundo en el que los tiempos no nos alcanzan, en un tiempo, en una época en la que todo lo rápido pareciera que es lo mejor, la Navidad nos invita al reposo y a la contemplación. Y qué importante es entrar en este misterio de la contemplación de Dios hecho hombre y tener esta capacidad de estar en silencio, tanto de manera física como de manera interna, para ponernos en la presencia de Dios y contemplar a Dios en medio de nosotros; descubrir que realmente Dios se ha hecho hombre, y en este ambiente de contemplación seguramente brotará nuestra oración, brotará nuestra alabanza, brotará nuestra acción de gracias, y nuestro corazón, nuestros sentimientos, se pondrán en una actitud de una sensibilidad espiritual para que podamos vivir la alegría de la Navidad.
Qué importante y qué necesario es que, al celebrar la Navidad, nos demos este tiempo de reposo, este tiempo de contemplación, pero no solamente podemos quedarnos en la contemplación de este misterio, no solo hay que quedarnos en la contemplación de este hermoso cuadro del Nacimiento de Jesús, sino que también tenemos que cultivar una actitud abierta, una actitud proclamadora, una actitud evangelizadora, porque después de contemplar el misterio del Nacimiento de Jesús hay que proclamarlo. Anoche en la Misa que celebramos en las parroquias, que se celebró aquí en la Catedral, escuchábamos la proclamación del evangelista San Lucas que nos presenta a ese coro de ángeles que les anuncia a los pastores el Nacimiento del Mesías, y aquel coro de ángeles le dice a los pastores: «Vayan a toda prisa, porque hoy les ha nacido el Salvador del mundo; vayan y reconozcan en el pesebre al Hijo de Dios», y los pastores fueron a toda prisa y, al encontrar al Niño recostado en el pesebre y junto a Él a María, su madre, y a San José, el esposo castísimo de María, se postran y lo adoran.
Qué importante es la proclamación, qué importante es la comunicación de las buenas noticias, cuán necesario es en nuestros tiempos actuales en donde escuchamos tantas malas noticias, tanta información que nos estremecen el corazón, tanta mala información que nos llega por todos los medios de comunicación y que nos hace perder la paz, que nos hace perder la tranquilidad, que incluso nos llega a hacer perder la confianza en Dios. Qué importante es escuchar buenas noticias, qué necesario es que se nos proclame esta hermosa noticia de Dios en medio de nosotros, de Dios con nosotros, del Emmanuel con nosotros, del Dios con nosotros. Qué importante es que también nosotros proclamemos a los demás buenas noticias, que también les compartamos la alegría de haber contemplado el misterio del Nacimiento del Hijo de Dios, que se lo comuniquemos a los demás. Qué necesario es en estos tiempos, en estas épocas en donde hablamos de enfermedades, de muertes, de ausencias, de pérdidas, de tantas situaciones económicas sociales que vivimos y que nos inquietan, escuchar la noticia alegre de la presencia del Salvador, para que todas estas situaciones que vivimos no las ignoremos, sino que las asumamos con otra actitud, con esperanza, con confianza. Qué importante es entonces que hoy abramos también nosotros los oídos, pero sobre todo el corazón, para escuchar esta hermosa noticia: «Hoy nos ha nacido el Salvador.» Hoy hemos contemplado la gloria del Señor y se las comunicamos, se las anunciamos para que no vivan sin esperanza, para que no vivan sin la alegría de saber que somos los hijos predilectos de Dios y que por eso se ha hecho hombre como nosotros.
De la contemplación pasamos a la proclamación, pero haría falta un tercer elemento para que la Navidad tuviera todo su sentido, que es la acción. Si no hay una acción en nuestra vida, si no hay una respuesta, si no contemplamos la realidad y no nos acercamos a ella y nos comprometemos a transformarla, entonces la Navidad quedará solo en adornos, en luces, en una convivencia familiar, en la entrega o recepción de algún regalo y nada más, pero no estaremos viviendo la plenitud de la Navidad, porque la Navidad, después de contemplarla y después de proclamarla, hay que vivirla, hay que hacerla acción, hay que hacerla vida, hay que hacerla concreta.
En la homilía que pronunció anoche el Santo Padre hablaba de estos tres elementos de la Navidad, y precisamente hablaba de acercarnos a la realidad que hoy estamos viviendo, la pobreza, el hambre, la guerra, la paz mundial amenazada, una humanidad convulsionada, una humanidad herida, lastimada y enferma. Y dice el Papa Francisco que si celebramos la Navidad debemos de acercarnos a esta realidad, pero debemos de acercarnos después de haber contemplado y después de haber proclamado la alegría del Nacimiento del Salvador, para que podamos ser agentes de transformación, agentes que con nuestra vida, con nuestro trabajo, con nuestro testimonio podamos transformar esta realidad que hoy nos desafía y en la cual tal vez nosotros no podamos hacer mucho, en niveles que rebasan nuestra injerencia personal. Pero, en la medida en que nosotros vayamos dejando que el Nacimiento de Jesús nos vaya transformando, en esa medida vamos a ir también transformando la realidad que estamos viviendo; en la medida en que nosotros podamos ir transformando el entorno familiar y comunitario en el que vivimos, en esa medida vamos a colaborar en la transformación de esta realidad; en la medida en que cada uno de nosotros, según nuestros campos de trabajo, nuestros niveles de participación en la vida social, en la vida económica, en la vida política vayamos colaborando y contribuyendo en la transformación para lograr una paz social, una estabilidad económica, esa anhelada justicia, entonces se estará celebrando la Navidad.
¿Cómo podemos nosotros acercarnos a la realidad para transformarla? Mira a tu alrededor, mira a los que están cerca de ti y seguramente ahí encontrarás estas realidades que hay transformar, seguramente con los más cercanos a ti, con los que convives todos los días, con tu familia, en tu trabajo, en la escuela, en la oficina, en el negocio, donde todos los días realices tu vida ordinaria, ahí tienes que contemplar la realidad y ahí tienes que comprometerte a transformarla, y ahí estarás colaborando para que esta sociedad se vaya transformando, para que la luz de la Navidad ilumine y transforme estas realidades que estamos viviendo.
Contemplar el Nacimiento, proclamar a Dios hecho hombre, que habita en medio de nosotros, y comprometernos en la transformación de las realidades que vivimos, será así como podremos decir: ¡Feliz Navidad!, será de esta forma como estaremos viviendo realmente la Navidad. Es hermoso este tiempo. Don Ricardo Guizar, II Arzobispo de esta Arquidiócesis, que en paz descanse, decía: “Este tiempo de la Navidad es un tiempo que despierta los sentimientos de la ternura, de la fraternidad, del compartir, pero –también decía– es un tiempo en el que no hay que olvidar el dolor de los que sufren”.
Mis amados hermanos, quienes participan de esta celebración de manera presencial y quienes lo hacen a través de las diferentes redes o plataformas digitales, celebremos todos los días la Navidad, celebramos todos los días del misterio de Dios hecho hombre, contemplemos el misterio del Nacimiento de Jesús, proclamémoslo, comuniquémoslo a los demás, sobre todo a quienes necesitan oír buenas noticias, y comprometámonos para transformar nuestro mundo en un mundo más humano, más justo, un mundo en donde las divisiones, las polarizaciones en todos los ámbitos se disminuyan y reine realmente la paz y la justicia que este Niño nacido en Belén nos ha traído. A todos les deseo una feliz Navidad y bendiciones abundantes. Que así sea.
+Efraín Mendoza Cruz
Obispo Auxiliar de Tlalnepantla
y Obispo Electo de Cuautitlán